A fuego lento se cocina una de las definiciones políticas más esperadas al interior del escenario estatal. Lejos de las negaciones, el oficial mayor del gobierno del estado, Ricardo Salinas Méndez, admitió abiertamente tener el «corazoncito» puesto en Acapulco y no descartó buscar la coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en el puerto.
Tras trascender su inminente salida del gabinete estatal y circular una fotografía suya junto al ingeniero Félix Salgado Macedonio, el funcionario confirmó que aunque aún no ha leído a detalle la convocatoria de Morena —tarea que se prometió «chutarse» por la tarde para evaluar si cumple con los requisitos legales y de elegibilidad—, la decisión final no pasará únicamente por las entrañas de la grilla partidista, sino por el consenso familiar, al que calificó como la opinión más importante.
Frente a los señalamientos de guerra sucia y especulaciones sobre su futuro que también lo apuntaban hacia una diputación federal —aspiración que desmintió tajantemente al asegurar que no busca puestos de consolación ni se asume como político tradicional, sino como un gestor de resultados—, Salinas Méndez optó por restarle drama a las filtraciones y asumirlas como «parte del show».
Con plazos fatales a la vuelta de la esquina y la exigencia de no abandonar de golpe sus responsabilidades administrativas actuales al lado de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, el funcionario adelantó que será cuestión de horas para que dé un anuncio frontal y transparente de su futuro político a través de los medios de comunicación.
