Chilapa: la vida continúa pese a la violencia

El pasado jueves 31 de marzo la vida cotidiana en el municipio de Chilapa de Álvarez volvió a ser trastocada por una imagen siniestra: el hallazgo de seis cabezas humanas sobre un vehículo Pointer color gris en el concurrido bulevar Eucaria Apreza, donde también estaba los restos de las víctimas, sin embargo, este domingo las actividades de los habitantes parece seguir y que “han aprendido a convivir con eso”.

Las muertes se las adjudicó presuntamente el grupo delictivo denominado Los Ardillos, quienes dejaron una manta en la que se leyó que en “Chilapa está prácticamente prohibido vender y comprar cristal, secuestrar, cobrar piso y robar (…) Todos estos delitos tienen pena capital y las reglas se cumplen porque se cumplen. La plaza tiene dueño y se respeta”
Los domingos son muy activos en este municipio de la región Centro del estado, principalmente por su tianguis artesanal.
Personas que acudieron este domingo a visitar al municipio indicaron a Costa Brava que observaron como si “la gente ha aprendido a convivir con eso. Aquí opinan que son personas involucradas en esos temas… pero personalmente yo no coincido con esas opiniones”, dijo uno de los consultados que pidió omitir su nombre.
Para otra persona, indicó que en Chilapa “la vida social continúa: el quiosco y la Catedral tienen mucha actividad”.
Mencionó que las familias salen en la tarde a dar la vuelta y a participar en las actividades de la Catedral, sobre todo porque está a la vuelta de la esquina Semana Santa, y pues en el municipio se desarrollan actividades litúrgicas conmemorativas al episodio bíblico de la muerte de Jesús en la Cruz, según la tradición católica.

Otra persona más entrevistada declaró que antes de ir a algún restaurante, pregunta a sus trabajadores de Chilapa si es confiable el sitio, porque con frecuencia gente armada se pasea por lugares públicos.
Confió que una persona cercana a ella, “con melancolía dice que le encanta Chilapa, pero su familia se tuvo que ir por la inseguridad”.
Anotó que en el tradicional y concurrido tianguis no se vio tanta gente como hace algunos años, contrario, las misas sí son concurridas de parroquianos.
Además de que le pareció raro, que las personas en espacios populares: el tianguis, la iglesia y el quiosco, se les notó tranquilas, “pero en el resto de las calles yo me sentía, en algunas ocasiones, observado”, dijo.

