Ossiel Pacheco, el periodismo  a través de otros medios

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Ossiel Pacheco participó en la fundación del periódico La Jornada Guerrero; aquí el entonces arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco acudió a bendecir el taller donde se imprimió el diario, así como parte del equipo de editores y reporteros que acompañó el inicio de este proyecto editorial. Foto: Archivo.

Misael Habana de los Santos

Por el jesuita Porfirio Miranda, mi ilustre profesor de Doctrinas Políticas en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, donde realicé el tronco común de la licenciatura que concluí en la Unidad Xochimilco, conocí a los filósofos cristianos.

En especial a los socialistas utópicos, Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam, San Agustín y otros. Y desde ahí, me reencontré con mi formación originaria, el catolicismo, que había truncado con el marxismo preparatoriano de la Universidad Autónoma de Puebla.

Luego vendría el feliz hallazgo de la Teología de La Liberación y Paulo Freiré que me marcó tanto que hasta mi trabajo de investigación final en la UAMX fue la base teórica que me marcaría para siempre.

Después vino la inmigración a Guerrero, el periodismo, la lucha para construir un mundo mejor, el periódico El Sur y ahí fue cuando conocí a un joven, mucho más joven que yo, casi niño, inquieto y formado en las comunidades cristianas de base de la Iglesia católica en Coyuca de Benítez.

En mis coberturas informativas por la Costa Grande conocí a Ossiel Pacheco que quería ser periodista y ya jugaba en serio al periodismo en su pueblo. No le di clases en el aula como a centenas de jóvenes que hoy se desempeñan como periodistas destacados, desde Tijuana hasta Yucatán, en la UNAM o en otras instituciones donde he ejercido la docencia, pero desde ahí lo adopté como tal y luego como compañero de trabajo, después como su jefe en alguna redacción.

Un mundo de fe y coincidencias nos unen, somos utópicos y soñadores sin remedio. Los dos creemos que el primero de Julio algo determinante en la vida de los mexicanos va a ocurrir y puede cambiar definitivamente el devenir de este país.

En el mejor de los casos, el periodismo está estrechamente a la política y con frecuencia los límites son invisibles que permiten la migración de un lado a otro con sus respectivos riesgos.

Ossiel, muy consciente, colgó su uniforme de trabajo y decidió ir tras la esperanza y desde otra trinchera luchar por lo que hemos creído: la construcción de un nuevo país.

Yo por lo pronto me quedo haciendo lo mío, desde mi tribuna contribuyendo y luchando en lo que creo con firmeza: un mundo mejor para todos. Y soy optimista: El amanecer ha dejado de ser una tentación. Mucho éxito para ti y para todos.