La tarde del sábado, la colonia Universitaria, en su segunda sección, fue escenario de una fiesta que combinó el entusiasmo por la entrega de una obra pública largamente esperada con muestras evidentes de efervescencia política y, al final, con un desbordamiento social que empañó la convivencia.
El evento comenzó con el testimonio de los vecinos. La ciudadana Cinthya Pineda Romero tomó la palabra para dar la bienvenida a la presidenta municipal, Abelina López Rodríguez.
En un discurso cargado de tintes políticos, Pineda Romero destacó los más de 20 años de gestión y lucha para concretar este parque, antes de lanzar un mensaje directo que resonó en todo el recinto: «Doctora Abelina, necesitamos que siga gobernando, necesitamos que su proyecto continúe. Acapulco y Guerrero aún la necesitan. Y si mañana en el camino la lleva a ser gobernadora, cuente con nosotros».
El llamado fue correspondido por los asistentes, quienes no dudaron en corear el nombre de la alcaldesa al grito de «¡Gobernadora, gobernadora!».
La obra: ingeniería en un talud recuperado
Tras la intervención de la vecina, el director de Obras Públicas, Vladimir Hernández Alemán, tomó la palabra para explicar los detalles técnicos de la intervención.
El funcionario detalló que el espacio se construyó sobre un talud, un cerro que previamente resultaba imposible de aprovechar. Mediante cortes, muros de contención y una inversión de 14 millones de pesos dividida en dos ejercicios fiscales, se logró allanar una superficie de 2,088 metros cuadrados.
El área consta de tres niveles que incluyen una cancha techada con vigas IPR —modificada y reforzada tras los embates de los huracanes Otis y John—, un área infantil y espacios para ejercicios, todo adaptado con rampas para personas con discapacidad y un sistema de abastecimiento de agua para mitigar la escasez.
A nombre de los residentes, el vecino de la zona identificado como Vargas ratificó el apoyo a la alcaldesa, parafraseando al expresidente López Obrador bajo el lema «Amor con amor se paga», y recordando los años de lucha para cristalizar la obra recreativa.
De la gestión técnica al discurso político: La narrativa de Abelina López
Más allá de la entrega de la infraestructura, el evento también se transformó en una plataforma de defensa política para la alcaldesa.
En su intervención, López Rodríguez utilizó los datos financieros como eje central de su narrativa, contrastando su gestión con la de sus antecesores. Sin rodeos, la edil enumeró una larga lista de deudas heredadas que sumaban 3,000 millones de pesos —incluyendo adeudos con el SAT, FONACOT, ISSSPEG y el polémico «puente de la corrupción» (Bicentenario)—, asegurando que, mediante una reestructuración financiera y el combate a la corrupción interna, logró posicionar a Acapulco como uno de los municipios menos endeudados del país.
«¿Quién paga todas estas deudas? ¿Yo o ustedes? Es el pueblo», sentenció la presidenta, quien además cuestionó la falta de críticas mediáticas durante los periodos de opacidad previos.
Aprovechó el foro para lanzar una advertencia a la ciudadanía sobre los futuros procesos electorales: «Ay de ustedes si apoyan a corruptos«, lanzó, instando a los asistentes a evaluar con rigor los antecedentes de quienes busquen la confianza ciudadana en las urnas.
El tono de la mandataria cambió hacia lo personal cuando relató sus orígenes. Con un discurso que buscaba la empatía de los presentes, evocó la figura de una niña «greñudita», criada en la pobreza extrema, sin juguetes ni comodidades, pero rica en el amor de sus padres.
Fue entonces cuando, entre líneas, envió un mensaje sobre la crisis de seguridad que azota a la entidad. Al dirigirse a los padres de familia, López Rodríguez sostuvo que el gobierno no puede sustituir el cariño del hogar. «Papá, mamá, la paz se construye en casa. El gobierno no llena el cariño que ustedes llenan», afirmó, exhortando a los progenitores a cultivar el vínculo afectivo con sus hijos para evitar que, en el futuro, estos caigan en las «garras de la delincuencia», subrayando que el entorno familiar es la primera trinchera contra la violencia.
Este discurso, que osciló entre el balance técnico de su administración y un llamado moral a la responsabilidad ciudadana, fue el preludio de los cánticos que terminarían por definir el evento: el coro de «¡Gobernadora, gobernadora!» que los asistentes dedicaron a la alcaldesa, sellando el respaldo político en una jornada que mezcló la inauguración oficial con la arena electoral.
Luces y sombras: del pastel al desorden
El momento culminante de la jornada, que buscaba celebrar también a los niños de la colonia, se tornó agridulce. Al finalizar los discursos oficiales, la presidenta municipal encabezó la tradicional partida de pastel y procedió al reparto de juguetes. Sin embargo, en ese momento el protocolo se disolvió.
La entrega de los presentes se realizó sin que las autoridades informaran sobre la procedencia de los recursos utilizados para su compra, un detalle que pasó a segundo plano ante el caos que se desató. La falta de control en la logística provocó un desorden generalizado cuando varios adultos rompieron las filas y comenzaron a arrebatar los juguetes.
Lejos de mantener el orden para los niños de la comunidad, algunos asistentes se abalanzaron y se llevaron múltiples piezas, retirándose incluso entre burlas ante la mirada de medios de información y las familias que respetaban las indicaciones.
