La guerra por el control del territorio en la zona baja de la Montaña y el Centro de Guerrero ha alcanzado un nivel de desesperación tal que las víctimas, tanto que una mujer lanzó un llamado de auxilio a potencias extranjeras.
En una entrevista concedida al medio Al Tanto Guerrero, Jesús Plácido Galindo, dirigente del Consejo Indígena y Popular del Estado de Guerrero (CIPOG-EZ), detalló la crítica situación que atraviesa la comunidad de Alcozacán y sus alrededores tras los recientes ataques con drones cargados de explosivos.
El conflicto, que hunde sus raíces en la disputa histórica entre los grupos delictivos denominados Los Ardillos y Los Tlacos, ha transformado la vida cotidiana de las comunidades indígenas en un escenario de guerra.
Plácido Galindo confirmó que, si bien autoridades estatales encabezadas por Francisco Rodríguez Cisneros, junto a la Guardia Nacional, el Ejército y la Policía Ministerial, arribaron la tarde de este martes a la zona, su intervención es percibida como insuficiente, pues el gobierno se ha limitado a restablecer puntos de vigilancia que ellos mismos habían retirado previamente, facilitando —por omisión— los ataques que provocaron desplazamientos masivos.
El lunes circuló en redes sociales un video donde una mujer, habitante de la comunidad de Buenavista, pedía desesperadamente la intervención del político estadounidense Donald Trump.
Plácido Galindo calificó el hecho como verídico y fruto de la desesperación extrema. «Las compañeras actuaron así porque llaman a otro gobierno debido a que el de México no está resolviendo su demanda», explicó.
No obstante, informó que las autoridades comunitarias ya dialogaron con la afectada para aclarar que la solución debe provenir del Estado Mexicano, instándola a dirigir sus reclamos directamente a la Presidenta de la República.
El dirigente del CIPOG-EZ señaló que existe una barrera de desinformación entre lo que sucede en la Montaña y lo que llega a Palacio Nacional, acusando a los funcionarios locales y estatales de mentirle a la Presidenta sobre la realidad de la violencia en Guerrero.
«Mienten a la Presidenta con una mala información de lo que ocurre en nuestra región», sentenció, subrayando que la presencia militar actual es meramente reactiva y no soluciona el problema de origen: el desmantelamiento de los grupos criminales que sitian a los pueblos.
La confrontación entre Los Ardillos y Los Tlacos no es un fenómeno nuevo, pero su escalada mediante el uso de tecnología —como drones para lanzar granadas— ha desplazado el conflicto hacia una dimensión de mayor letalidad para la población civil.
Chilapa y sus comunidades indígenas han quedado atrapadas en una geografía del miedo donde el control de rutas comerciales y territorios para actividades ilícitas es la prioridad de los grupos en pugna.
