El termómetro marcaba que la implacable canícula ya se había asentado sobre el asfalto costeño, pero la maquinaria política no entiende de temperaturas. Oficialmente, la cita para la Asamblea Informativa en Defensa de la Soberanía Nacional era a las 17:00 horas del sábado 4 de julio; sin embargo, el libreto del «acarreo» impuso su propio horario.
Desde muy temprano, hordas de camiones, peceras y unidades de transporte público foráneo comenzaron a asfixiar las vialidades aledañas, desembarcando contingentes provenientes de Coyuca de Benítez, Tixtla, Taxco de Alarcón, la zona Centro y diversos municipios de la Costa Chica.
La estampa masiva, calculada con orgullo por los organizadores en unas 20 mil personas, retrataba las eternas paradojas de Guerrero. Bajo el sol inclemente de Acapulco, la marea humana mezclaba rostros de personas blancas con el grueso de sectores de estratos pobres, ancianos y familias enteras con niños en brazos menores de edad soportando el bochorno.
Para mitigar la espera y el calor, el reparto operaba con puntualidad quirúrgica: tortas empaquetadas y refrescos de sabores corrían de mano en mano, mientras el folclor local hacía su parte con el tradicional baile de los Tlacololeros y las monumentales mojigangas, un colorido aderezo cultural para un ritual puramente electoral.
En la primera línea y tras bambalinas, el presídium y las zonas VIP se colmaron de rostros que la ciudadanía no tardó en calificar como auténticos «cascos quemados»: figuras del pasado reciente mudando de piel política.
Ahí se vio a la exalcaldesa Adela Román Ocampo; a Sandra Belkis Ocampo, exalcaldesa priista de Tecpan de Galeana que apenas meses atrás respaldaba a Abelina López Rodríguez; y al perredista Silvano Blanco de Aquino, exalcalde de Zihuatanejo. También se sumaron al festín el joven empresario Lloyd Walton —hijo del extinto Luis Walton Aburto—, el diputado federal Javier Taja, Alfonso Calderón, Sebastián de la Rosa y Daniel Bello Tabares, exdirector de Capama.
Destacó especialmente la presencia del director del Tecnológico de Acapulco, Salvador Herrera Soriano —quien inicialmente operaba para el delegado federal de Bienestar, Iván Hernández Díaz—, acompañado por contingentes de alumnos de dicha institución que pasaron lista en el mitin.
La logística original del evento se vio modificada por la marea humana. La idea de los organizadores era que la aspirante entrara por la calle Vasco Núñez de Balboa; sin embargo, debido al lleno total de las vialidades, tuvo que cambiar de ruta drásticamente.
Esthela Damián inició su arribo desde el entronque de Capitán Malaspina y la avenida Costera, caminando hacia el edificio inteligente completamente sola, sin el arropamiento de las y los políticos que la esperaban.
Así, avanzó en solitario encumbrando hacia la lateral de Diego Hurtado de Mendoza hasta llegar finalmente al templete, el cual fue colocado estratégicamente entre la lateral de la calle Diego Hurtado de Mendoza y Vasco Núñez de Balboa.
Antes de su intervención, la introducción formal quedó a cargo del orador oficial de la tarde: una persona desconocida en el ámbito político local, quien con voz engolada se encargó de preparar el terreno ante los asistentes: «Señoras y señores, hablar de Esthela Damián es hablar de una mujer formada sin duda en el servicio público, en cargos legislativos y en la administración pública. Vamos a escuchar con atención el mensaje de la maestra Esthela Damián Peralta. Vengan el aplauso».
Fue en ese instante cuando la política entró visiblemente emocionada al templete y, contagiada por la algarabia inducida, comenzó a saltar enérgicamente con el puño en alto frente a un panel con la leyenda «La soberanía no se vende, se defiende» mientras la multitud coreaba su nombre y la consigna de «¡Coordinadora!»
Un derroche de efusividad corporal que repitió con la misma intensidad hacia el final del evento, bajo la mirada fija y atenta de las y los asistentes que seguían cada uno de sus movimientos desde la explanada.
Al tomar el micrófono, el guion discursivo de Damián Peralta apeló a la fibra más nacionalista y oficialista: «Esta asamblea tiene como propósito mandar un mensaje al mundo entero. Decirles que esta patria no se vende… en el 2026 estamos convocados por nuestra presidenta Claudia Sheinbaum para defender la soberanía».
Entre vivas obsesivos a Sheinbaum y la reiteración del mantra «es un honor estar con Claudia hoy», intentó justificar su salida de la escena federal ante los cuestionamientos: «Renuncié por mi amor a mis raíces, mi raza, mi gente, mis campesinos… No es pensar en el poder por el poder».
Prometió, entre aplausos ensayados, la edificación de un «segundo piso» de la mano de la gobernadora Evelyn Salgado.
El momento de mayor dramatismo discursivo llegó cuando recurrió a las palabras del extinto prócer de los derechos civiles en Estados Unidos, Martin Luther King, para moldear su propia retórica y proclamar que ella también tenía un sueño para la entidad.
«Les contaré en voz alta mi sueño», exclamó, hilando de inmediato su visión: «Veo jóvenes talentosos. Veo productores que trabajan todos los días. Veo pescadores. Veo pescadoras, comerciantes, artesanas, maestras, maestros, estudiantes, amas de familia, indígenas, afrodescendientes que nunca, nunca, han dejado de creer en esta tierra. ¿Saben qué veo? Veo un Guerrero con futuro».
Tras el parafraseo, arengó a los presentes advirtiendo que ese porvenir se planea y se trabaja con unidad, exigiendo respuestas de la multitud que se asfixiaba bajo el sol: «¿Estamos listas y listos para construir el Guerrero del futuro? ¡No los oigo! Allá en medio no los oigo…»
La crónica de esta jornada, sin embargo, no se escribe con las metáforas prestadas, la caminata en solitario ni con los saltos festivos sobre la tarima, sino con el persistente sabor de boca que deja la vigencia de las prácticas más rancias del priismo tradicional, hoy perfectamente aceitadas bajo las siglas de la llamada Cuarta Transformación en Guerrero.
El evento evidenció que la gente en condiciones de pobreza, vulnerable en todos los sentidos, sigue siendo instrumentada y vista como mera carne de cañón para llenar plazas y legitimar proyectos ajenos.
Mientras las cúpulas reciclan personajes desgastados y simulan unidad, la demanda social de fondo sigue intacta y desatendida: una transformación real en la manera de hacer política, personajes honestos que no se roben el dinero de los presupuestos y un desarrollo verdadero que saque a Guerrero de su histórico rezago.
