¿Cuál ciudad?

Zapata 21

  • ¿Cuál ciudad?

Octavio Augusto Navarrete Gorjón

 

                                                      I

  Hoy celebramos nuestro reconocimiento como ciudad y el agregado de Benítez como apellido del municipio, en honor a María Faustina Benítez Ávila, esposa de Juan Álvarez Hurtado y madre de Diego Álvarez Benítez.

Sin embargo esta ciudad que hoy celebra no es la misma de entonces. Pido un poco de atención e imaginación para que hagamos un recorrido en el túnel del tiempo y nos ubiquemos en aquel momento histórico.

En 1872 Coyuca es una población de muy pocos habitante, unos quinientos en todo el municipio. Aguas Blancas no existe como pueblo, ahí hay solamente dos casitas de bajareque; una de ellas es de un señor que tiene una recua de mulas, burros y caballos que alquila para el transporte de personas, maquinaria y mercancías, entre Coyuca, Tepetixtla, El Embarcadero y Tixtlancingo. Faltan quince años para que llegue la fábrica de hilados y tejidos El Porvenir, con toda su promesa de desarrollo y el bullicio propio de los centros fabriles.  Tampoco existen Yetla, Carrera Larga y muchos barrios más. No existen en la región los apellidos García, Jiménez, Lozano, Pinzón, Navarrete, Valverde, Escobar, Gorjón, Parra y muchos otros. Por el rumbo de San Nicolás hay descendientes de negros que se apellidan Marín y Toralba; por ahí también hay algunas personas que se apellidan Ríos, Diego, Ávila y Benítez. Los Marín y Toralba descienden de negros, los Ávila de españoles y todos los demás de filipinos. Las familias Ríos de esos barrios no son parientes de los otros Ríos que llegaron a Aguas Blancas y Yetla atraídos por la bonanza de la fábrica textil.

Las únicas palmeras de la región están sembradas en la Isla Grande y apenas comienza su etapa de plena producción. Se sembrará semilla de esa isla en todo el municipio después del segundo reparto agrario en 1938.

II

La ciudad cuenta solamente con dos comercios grandes, el de don Santiago Gómez y el de don Nicolás Garay.  Ambos son españoles peninsulares que tienen tiendas de abarrotes. La de don Nicolás Garay está instalada al lado derecho de la iglesia, mirando al río.  En la casa que hoy es de la señora María Flores viuda de Bernáldez. La de don Santiago Gómez está a la orilla del río. Esa casa cuenta con un muelle donde se amarran las pangas que hacen el viaje para atravesar el río en temporada de lluvias. Son tan frecuentes y grandes las inundaciones que el señor Santiago Gómez muda su residencia más arriba, a la casa que años después su hijo Ramón Gómez vendió al señor Néstor Guinto.

Dije al lado derecho de la iglesia; en realidad en 1872 la iglesia no existe; hay un pequeño jacalón de madera justo donde ahora está el kiosco y a un lado un jacalón más grande que es el palacio municipal. En el cerrito que es ahora la iglesia viven dos familias de campesinos y pescadores: la familia Reséndiz y la familia Memije.

Esa pequeña ciudad le va huyendo al río. Primero los filipinos se asentaron en la junta de los ríos, en un paraje que hasta el día de hoy conserva el nombre originario: San Miguel, o El Guajal; predio donde están las huertas de don Lico Herrera, Benjamín Méndez, Aurelio Ávila y de don Irineo Mendoza. De ahí los corre el río y llegan hasta lo que hoy es el jardín de niños Eulalia Guzmán, donde ya en el siglo XX se instala el primer mercado municipal. Después los ricos se cambian más arriba, por el rumbo donde ahora está la iglesia católica. Mucho tiempo después, ya en el siglo XX, comienzan a ocupar la planicie con casas de mampostería que son construidas en alto, a donde no las alcancen las corrientes de agua. Esas primeras casas en lo plano fueron las de don Wulfrano Leyva y la de don Avelino F. Garay, hijo de don Nicolás y la negra Paula Fajardo.

Con la tormenta Manuel el río reconoce sus viejos cauces. Somos una cultura que viene del agua. Aparte del río San Miguel Coyuca y el Río Huipanguillo, mejor conocido como río Chiquito, hasta los años 40’ del siglo pasado teníamos otros cauces de agua que atravesaban la ciudad. Del cerro de la Campana bajaba uno que en la temporada de secas era un arroyuelo, pero en la de lluvias un río en torrentera, con un caudal respetable. Desembocaba en lo que ahora es la escuela Hermenegildo Galeana; ahí comenzaba una laguna que tenía sus mayores profundidades en lo que ahora es la cancha de los Noriega; ese estero conectaba en el rumbo de la aceitera con la laguna de Coyuca. Este río corría todo el año, aún en tiempos de sequía.

Había otro que sólo aparecía como una torrentera en tiempos de lluvia y que bajaba del cerro del Fortín. Este desembocaba justo en la casa que fue de don Avelino F. Garay, que por eso es de acera alta. Por respeto a ese río hasta los años 40’ del siglo pasado había un callejón entre la casa que fue de don Josafat Leyva Aguirre y la que fue de don Rosendo Cárdenas y ahora es de su nieta, la maestra Enedina Cárdenas. Hay que recordar que don Rosendo Cárdenas fue el primer presidente municipal de izquierda en el municipio; después de ganar las elecciones, postulado por el Partido Obrero Acapulqueño,  rindió protesta como presidente a fines de 1922, el mismo día en que Juan Ranulfo Escudero, en su silla de ruedas,  protestaba su segundo mandato al frente del ayuntamiento acapulqueño. Don Rosendo Cárdenas estuvo en el cargo todo el año siguiente; dos años después fue asesinado cuando regresaba de su huerta en el paraje conocido como San Miguel.

 

III

Cuando se erigió Coyuca como ciudad y cabecera del municipio, el gobierno de entonces recibió muchas críticas en el sentido de que sólo querían inmortalizar el apellido de Diego Álvarez Benítez.

No era nueva la pretensión de los hombres y mujeres con poder de inmortalizarse en nombres de calles, plazas y ciudades. En los tiempos de la Unión Soviética las ciudades se llamaron como los dirigentes de la nación: Leningrado, Stalingrado. José Stalin, no sólo quiso una ciudad para él, también dispuso que en ella se decidiera el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Dejó avanzar al ejército alemán hasta la ciudad que lo vio nacer, donde el Ejército Rojo le propinó una desastrosa derrota. Julio César, el emperador romano fue más lejos, quiso que la historia lo recordara un mes completo; agregó su nombre a los meses del calendario que pasaron de ser diez a ser once. Su sobrino Octavio Augusto no quiso quedarse atrás y también propuso su nombre para un mes del año: agosto (August en inglés, como el emperador). Un cuarto de siglo después del nombramiento de Coyuca como ciudad y de agregarle el apellido Benítez, también el gobernador Francisco O. Arce inmortalizó su nombre en el pueblo donde había nacido su esposa Celia, que a partir de entonces dejó de llamarse Arroyo Grande y comenzó a llamarse Arcelia, en honor al gobernador Arce y a su esposa.

Precisamente era gobernador Francisco O. Arce cuando Coyuca recibió el apellido Benítez y su reconocimiento como ciudad. Diego Álvarez se encontraba en esos años combatiendo al general tixtleco Vicente Jiménez. Fue hasta el 12 de febrero de 1873, ocho meses después de que se nombró Coyuca como ciudad, que es declarado gobernador del estado, cargo que asumió el uno de marzo de ese mismo año.

IV

Para que Julio César y Octavio Augusto tuvieran su mes propio le tuvieron que quitar días a los diez meses supervivientes del calendario, para que el año siguiera siendo de 365 días y un cuarto.  Para que Coyuca fuera ciudad no se requirió quitarle nada a nadie, sólo tuvimos que ser como somos para mantener nuestra distinción como ciudadanos de un municipio libre. Algo que sí ocurrió es que se le quitó la denominación de San Miguel Coyuca y en su lugar tuvo el segundo apelativo de Diego Álvarez. La nueva denominación se enmarcó en la profunda disputa ideológica entre conservadores y liberales, que trajo como consecuencia la creación de un Estado laico. El viejo nombre religioso quedó en el predio que todavía así se llama.

El presidente municipal en 1876 era don Santiago Gómez, gran amigo de los Álvarez. Cuando el Benemérito de la patria llegaba a Coyuca a visitar a su esposa o a la familia de su esposa se hospedaba en la casa del señor Gómez. Esa casa la vendió Ramón Gómez, hijo de don Santiago a doña María Flores, esposa de don Marcelino Mandujano; cuando el río la tiró, en 1949, la señora se la vendió en ruinas a mis padres Soledad Gorjón y Franco Navarrete.

 

V

El tiempo ha demostrado que podíamos ser un municipio viable, que no fuera absorbido por Acapulco. Pudimos convivir con el puerto más famoso del mundo preservando una identidad propia y dándole nombre a varios procesos productivos y sociales en los que participamos. Incluso dimos el símbolo no sólo de Coyuca, sino de toda la costa grande y el estado de Guerrero: las palmeras.  La laguna se llama de Coyuca de Benìtez, no de Pie de la Cuesta.

A propósito de palmeras, el principal producto de la región no se cuenta con el sistema métrico decimal, sino por docenas y por gruesas. Hoy Coyuca cumple 144 años; una gruesa de años, doce docenas. Este dato debe ser de buen augurio porque coincide con un momento en el cual el precio de la copra y el coco en bola es uno de los más altos de la historia; la copra está a quince pesos el kilo, le falta uno para que alcance su marca histórica de 16 pesos, que tuvo hace cuatro años.

Hoy debemos celebrar este momento en que nuestro principal producto regional tiene un valor muy alto. También debemos celebrar que después de una gruesa de años vividos como ciudad, hoy somos viables, diversos; que nos empeñamos día a día por trabajar, educarnos y superarnos.  Que somos plurales en política, en religión, en deporte, en cultura, en música y en todas las manifestaciones del espíritu humano que aquí se cultivan.

Desde la primera revolución de la modernidad, que fue la francesa de 1789, todas las revoluciones se han trazado como meta, aunque a veces no lo digan, aspirar a una sociedad donde impere el lema de aquella gran revolución: libertad, igualdad, fraternidad. Hay que celebrar también que, como lo quieren los revolucionarios de todos los tiempos, en Coyuca de Benítez somos libres, iguales y fraternos.   Muchas gracias.

CORREO CHUAN

Esto no es propiamente un ensayo político. Son las palabras que pronuncié como cronista en el marco de la conmemoración de nuestros primeros 144 años como ciudad. Las ponemos aquí porque quizá puedan ser de interés para los lectores, no porque no haya temas de coyuntura qué tratar.

La agenda está muy cargada, el país se está polarizando sin vías de solución para varios problemas que están ahogando a la sociedad.  El baño de sangre no se detiene, cada día aparecen muertos y hasta los niños han cambiado sus juegos; los he visto jugar a que algunos son sicarios y ‘levantan’ a otros niños. En la radio se escuchan sin cesar las canciones y corridos que alaban la violencia, el dinero fácil y la muerte; los temas del amor, el trabajo, la amistad y la solidaridad están fuera de esta subcultura que se le está imponiendo a una sociedad muy lastimada.

La lucha contra la mal llamada reforma educativa (que no es más que una reforma laboral que intenta cercenar las conquistas laborales de los trabajadores de la educación como el derecho a tener estabilidad en el empleo y una jubilación justa) encuentra cada día más solidaridad de muchos ciudadanos que perciben que está en peligro el derecho de sus hijos a una educación gratuita. El gobierno dice por todo los medios que eso no es cierto, pero hace tres meses lanzó una primera emisión de ‘bonos por la educación’ por un valor de cincuenta mil millones de pesos. Se vendieron ese mismo día y sus tenedores ya están cobrando intereses por esa inversión. Esa cantidad se convertirá en deuda pública que (igual que el Fobaproa) los ciudadanos vamos a pagar. De tal suerte que el mantenimiento de las escuelas, que es el objetivo voceado de esta primera emisión, ya no lo pagará el gobierno sino los contribuyentes. Eso, en cualquier parte del mundo, se llama privatización.

Muchos catalogan como exceso de soberbia la posición del secretario de educación en el sentido de que no habrá marcha atrás en la reforma. Es soberbia sin duda, pero está asida a una verdad de a kilo: los neoliberales no tienen opciones, cuatro de cada cinco pesos que se invertían en educación provenían de las ventas de petróleo. Con la reforma energética los ingresos petroleros van a alcanzar sus mínimos históricos, los yacimientos más productivos están siendo entregados a empresas transnacionales. Eso es lo que hizo el gobierno: trasladar la riqueza nacional a manos privadas para el enriquecimiento de personas sin escrúpulos (la primera licitación de la ronda uno la ganó una empresa ligada a Carlos Salinas de Gortari).

El día 26 de junio habrá una gran movilización en la ciudad de México; es posible que a partir de ese momento se produzca un viraje en la correlación de fuerzas. Mientras tanto el movimiento magisterial debe cuidarse de no caer en provocaciones.

La semana pasada en Coyuca se movilizaron muchos profesores y ciudadanos que apoyan su causa. Ahí estuvimos y nos llamó la atención la gran solidaridad recibida y la pluralidad del contingente.  En casi todo el trayecto de la marcha los comerciantes pegaron cartulinas de apoyo a los maestros; la señora Martha Serrano entregó a cada manifestante una bolsa de agua cuando pasaron por su negocio. No mandó a sus trabajadores a entregarla, salió personalmente a alentar la movilización y mostrar su solidaridad con los marchistas. La señora pudo haber cerrado las puertas de su negocio mientras pasaba la marcha, demostrando un desprecio de clase. No lo hizo; con su gesto nos demuestra que tiene una gran formación como persona humanista, que no se beneficia ni se perjudica con la movilización social pero que no es indiferente a las luchas de su pueblo.

Dentro del contingente distinguí a varias maestras, maestros y ciudadanos que tal vez tengan resuelto su proyecto económico pero que quieren compartir la suerte de su pueblo.  Es el caso de las profesoras Alicia Gómez Carrier y Didetzy Cortés Jacinto; estas personas tal vez tengan una militancia política y una forma de pensar muy distinta a la mayoría de los que marchábamos, pero tampoco se quisieron quedar al margen de la movilización. Otro dato lo obtuve cuando el contingente pasó frente a las oficinas del PRI y algunos corearon consignas contra ese partido. En el corredor de esa casa estaba el dirigente local del PRI, profesor Gonzalo Escalante, que tuvo como respuesta sonrisas y palabras de aliento para varios profesores que conoce y que son sus amigos.

Podrá estar muy obscuro el asunto y difícil la solución del conflicto magisterial (repito: los gobernantes ya dilapidaron la riqueza y las empresas de donde salían los recursos para la educación), pero el carácter plural que percibí en la marcha de los educadores y los gestos de comprensión y apoyo de personas que están hasta arriba de la pirámide social hace que renueve mi optimismo en el futuro del movimiento y de la patria. Estos gestos humanistas mucho ayudan a distender el conflicto y a evitar una salida violenta. El gobierno federal ya demostró hasta la saciedad que sólo tiene como respuestas cárcel, violencia y muerte contra los disidentes; desde la sociedad se le está respondiendo que hay salidas posibles, concertadas y pacíficas. La marcha del 26 en la ciudad de México estará encabezada por Elena Poniatowska, por artistas, científicos, intelectuales y cineastas; es decir, por los mejores hombres y mujeres de México. Ojalá que en el gobierno federal se den cuenta del despropósito que significa arrebatarle al pueblo mexicano el derecho a la educación gratuita, ganado con sangre en la primera gran revolución del siglo XX. Desde aquí le recordamos que la educación es cara, pero hay otra cosa que a las sociedades siempre les sale más caro: no dar educación.

El correo chuan celebra nuestra primera gruesa de años como ciudad, también dice que el movimiento magisterial está retomando fuerza. La represión en Oaxaca dejó diez muertos, ninguno de ellos es maestro. Lo que ocurrió en Nochixtlán es que los profesores que estaban en el bloqueo fueron desalojados, pero de las tres comunidades aledañas salieron los habitantes a enfrentar a la Policía Federal con piedras, palos y machetes. Los federales calcularon mal, pensaron que las comunidades aplaudirían el desalojo de los profesores; no conocían los profundos vínculos que hay entre este movimiento y todas las comunidades indígenas del país.

En nuestro municipio se necesita ampliar la solidaridad con los maestros en lucha; es una buena forma de eludir la represión. Aquí, como en Oaxaca, la sociedad no permitirá que se responda al movimiento social con la represión.  Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

E-mail: correochuan@hotmail.com