El optimismo por los recientes triunfos electorales de la llamada Cuarta Transformación convive hoy con una profunda inquietud en las bases históricas del movimiento.
Ramón Gracida González, referente de la lucha social universitaria y de izquierda desde antes de la fundación del PRD, además impulsor de la candidatura del exgobernador interino Rogelio Ortega Martínez como candidato a gobernador de Morena rumbo al 2027, lanzó una advertencia sobre lo que califica como una «invasión» de espacios de dirección por parte de personajes que, hasta hace poco, representaban al régimen que el propio movimiento se propuso derrotar.
Durante un encuentro con el activista y sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra, Gracida González expuso que el proceso de cambio social no es lineal sino dialéctico; sin embargo, manifestó su alarma ante la posibilidad de que aquellos que fueron vencidos en las urnas sean quienes ahora pretendan dirigir a los luchadores sociales.
Esta situación, señaló el universitario, parece estar diseñada, consciente o inconscientemente, para cerrar el paso a la generación que forjó el movimiento desde la base.
La preocupación de Gracida alcanzó el escenario sucesorio de cara al 2030, donde manifestó su desconfianza ante perfiles como el de Omar García Harfuch, cuestionando que el país pueda ser gobernado por alguien con antecedentes policiales.
Para el luchador social, estos actores actúan como «lobos con piel de oveja» que simulan una conversión política solo para encumbrarse y retomar el poder, representando un contrasentido total para los propósitos originales de la transformación.
La respuesta de Solalinde: Mañas priístas y desatención a las bases
Al respecto, Alejandro Solalinde coincidió en que Morena es un movimiento heterogéneo donde el origen priista es una realidad ineludible, incluso desde su fundador.
No obstante, lamentó que el partido no haya logrado sanearse del todo, manteniendo dirigentes que conservan las «mañas» y el espíritu del viejo PRI.
Solalinde reveló haber cuestionado en su momento a Andrés Manuel López Obrador sobre la admisión de estos perfiles, recibiendo como respuesta la intención de darles una oportunidad de redención, algo que, a juicio del sacerdote, no ha ocurrido en muchos casos.
Solalinde fue incisivo al señalar que figuras como Mario Delgado y Andrés «Andy» López Beltrán han fallado en escuchar las demandas reales de los grupos sociales, específicamente en Guerrero.
El activista calificó como una «decepción» la gestión de Delgado al frente del partido por ignorar a los grupos de profesores y comunidades que luchan por el bien común, perpetuando una estructura que no respeta los procesos inductivos que deberían venir desde abajo.
El factor Guerrero: Corrupción y colusión
La crítica subió de tono al abordar la realidad local de Guerrero. Solalinde advirtió que el problema no es solo la infiltración de políticos «chafas» o «colados», sino el riesgo latente de la vinculación entre la clase política y el crimen organizado.
En este contexto, hizo un llamado a la ciudadanía para no permitir que las cúpulas de Morena decidan en contra de los intereses del pueblo guerrerense.
Al ser cuestionado sobre ejemplos concretos de esta problemática en la entidad, Solalinde no dudó en señalar directamente a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda y a su padre, el senador Félix Salgado Macedonio, como muestras de esta realidad política que hoy genera incertidumbre entre quienes se consideran los verdaderos artífices de la lucha izquierdista en México.
