•Es el más violento del país por encima de Morelos, Sinaloa y Michoacán, sustenta ONG
• De 2012 a la fecha crecieron femenicidios de forma exponencial • El 65.2% de los guerrerenses viven en pobreza, es decir, 2 millones 315 mil personas • De estas, 868 mil en pobreza extrema • Ocupa segundo lugar nacional en acceso a la seguridad social • El 26.8% de la población sufre rezago educativo
Ossiel Pacheco
A la situación de desigualdad y pobreza en Guerrero se suma la violencia generalizada que viven sus habitantes. Las cifras sobre la inseguridad, tasa de homicidios e impunidad colocan al estado como el más violento de México, por encima de Morelos, Sinaloa y Michoacán. Uno de los aspectos de esta violencia son los femenicidios que en 2012 crecieron de manera exponencial y Guerrero se colocó en uno de los estados con mayor tasa en ese delito.
Lo anterior se desprende del estudio conjunto que realizó en 2016 la ONG Oxfam México en coordinación con Promotores de la Autogestión para el Desarrollo Social (PADS), mismo que concluye estableciendo que las mayores brechas de desigualdad se observan entre las ciudades de Acapulco y Chilpancingo, capital del estado, con los municipios considerados indígenas, ubicados en las regiones de La Montaña y la Costa Chica.
Concluye además que la política social impulsada por el gobierno federal y del estado de Guerrero no ha logrado disminuir ni las desigualdades ni la pobreza, ni las problemáticas derivadas que repercuten en la ruptura del tejido social, como el incremento de la violencia; y fija que el análisis de la pobreza y de la violencia en Guerrero no puede desvincularse de la desigualdad social.
En Guerrero existe una clara tendencia a favorecer a unas cuantas familias, lo que genera brechas desmedidas de desigualdad; aunado a esto, existe un vacío legal que impide al Estado cumplir con su función para garantizar los derechos de todas las personas, concluye el estudio que determina que la desigualdad en el país y en Guerrero, radica en las diferencias en el acceso a la justicia para los distintos grupos de la población mexicana.
Guerrero en el contexto de la desigualdad
Las desigualdades en Guerrero reflejan distintos desarrollos, uno sustentando en la legislación y en las necesidades de la población y otro que corresponde a una visión centrada en la concentración del capital privado. Los territorios y poblaciones reflejan diversos Guerreros: uno desarrollado, con zonas turísticas de lujo, escenarios de importantes eventos deportivos y de espectáculos internacionales, mientras el otro lado, lleva a cuestas casi un millón de personas en pobreza extrema con ingresos insuficientes ni para cubrir una alimentación básica, según asienta el documento de Oxfam México.
El estado tiene una amplia diversidad cultural y étnica. Está integrado por 81 municipios distribuidos en siete regiones con base a criterios geográficos, económicos y culturales: Acapulco, Centro, Norte, Tierra Caliente, Costa Chica, Costa Grande y Montaña. La población total de Guerrero es de 3 millones 533 mil 251 habitantes (INEGI, 2015). De éstos, el 51.9% son mujeres y 48.1% hombres.
La población hablante de lenguas indígenas suma 541 mil 294 guerrerenses (15.3% de la población); el 23.2% no habla español, y es el estado con mayor proporción de personas que se consideran afrodescendientes (6.5%).
Los indicadores de servicios básicos en la vivienda son el espejo del rezago y las desigualdades sociales que existen en Guerrero. El porcentaje de viviendas con servicio de agua entubada es de 46.6%, uno de los más bajos del país, cuyo porcentaje promedio es de 74.1%.
En las colonias marginadas de Acapulco, el agua es escasa y representa un gasto. Las familias deben pagar al mes –dependiendo de la cantidad de personas en el hogar- unos mil 300 pesos o 2 mil pesos por pipa de 10 mil litros. Esto, contrasta con los hoteles que pueden gastar hasta 800 litros diarios por habitación. La zona urbana de Acapulco tiene 16 mil hogares donde viven en pobreza extrema, mientras que en la zona rural se cuentan 687 mil 100 habitantes; de éstos, la mitad vive en pobreza extrema.
En Guerrero el porcentaje de drenaje en la vivienda es de 83.3%, cuando en el país es de 93.2%. La falta de este servicio se asocia con diversas enfermedades gastrointestinales y respiratorias. Otro servicio que carece el estado es el uso de tecnologías de la información. Acapulco tiene una alta proporción de habitantes en pobreza extrema y carencia alimentaria.
Evolución de la pobreza en Guerrero
De 2012 a 2014, Guerrero mostró una disminución de 4.5% de su población en pobreza; pasó del 69.7 a 65.2%; pero aún hay 2 millones 315 mil personas en esa condición. De éstos, la pobreza extrema afecta a 868 mil personas, según Medición de la Pobreza en México y en las entidades federativas 2014, Coneval 2015.
Colocar lo siguiente en un recuadro tono de grises:
Indicadores de carencias sociales y bienestar en Guerrero
• Población con rezago educativo: 950.7 mil personas (26.8%)
• Carencia por acceso a la seguridad social: 2,772.7 mil personas (78.1%)
Guerrero ocupa el 2do lugar en el país en esta carencia
• Carencia por acceso a los servicios básicos de vivienda: 2,058.2 mil personas (58%)
• Carencia por acceso a la alimentación: 1,365.4 mil personas (38.5%)
- Población con ingreso inferior a la línea de bienestar: 2,409.4 mil personas (67.9%)
Desarrollo humano
Guerrero, así como otras entidades grandes, está lleno de paradojas: a pesar de la riqueza cultural, natural e histórica, presenta los menores índices de desarrollo humano del país. Las poblaciones rurales e indígenas son sin duda las más afectadas. Las desigualdades entre hombres y mujeres resultan preocupantes. En 2010, y dentro de la escala mundial, a México se le clasificó como un país de desarrollo humano alto, con un valor de 0.739.
La brecha con Guerrero, que ocupa el lugar 29 con un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0.673, es de 9 puntos porcentuales. El estado alberga el municipio con el menor desarrollo humano del país: Cochoapa el Grande. Su IDH es de 0.362. (PNUD 2014).
En cuanto al derecho a la salud, en Guerrero mueren 143.9 hombres por cada 100 mujeres. Se trata de uno de los índices más altos de México, y una de las razones es el crimen organizado; otro de los problemas que enfrenta el estado es la mortalidad materna. Un porcentaje importante de mujeres que mueren por complicaciones en el embarazo o parto cuentan con afiliación al Seguro Popular, según el Observatorio de Mortalidad Materna en México 2013.
Referente al derecho a la educación en el estado, 14 de cada cien personas son analfabetas. La proporción que esto representa es más del doble del valor nacional. En esta entidad, además, el promedio de escolaridad es hasta el primer año de secundaria (7.7 años). No obstante, en el municipio de Cochoapa el promedio es de 3.2 años, el menor en el país. Los gastos para acabar con el rezago educativo, comparados con los que se hacen para pago de publicidad oficial, son casi inexistentes.
En materia de derechos económicos, se trata de los que generan mayores desigualdades sociales y de género. La falta de acceso a ingresos y recursos económicos de las personas se mide a través de la tasa de participación económica de la población de 12 años y más, entre otros métodos. En los últimos 15 años la oferta de trabajo para una población en aumento creció en 1%. No hay igualdad de oportunidades en la participación económica y también hay una seria diferenciación de género y origen étnico.
La población ocupada en el estado de Guerrero asciende a un millón 408 mil 213 personas que son el 58.8% de la Población Económica Activa (PEA). De ésta, el 79.6% son parte de la informalidad laboral, mientras el 31.7% está ocupada en el sector informal. A nivel nacional, 57.9% se encuentra en la informalidad laboral y 27.5% en el sector informal. Lo anterior ubica al estado en una situación laboral muy delicada.
Los contrastes en los ingresos también son evidentes. La industria hotelera ingresó 3 mil 474 millones 500 mil dólares en 2012, y la minera, 7 mil 720 millones 773 mil pesos en 2013, pero estas ganancias no mejoran en nada las condiciones de vida de los locales.
Desigualdad detonante de las violencias
El documento de Oxfam México y PADS establece que los costos sociales de la violencia son incalculables. Los impactos van desde lo económico hasta lo físico y emocional. Y lo niveles resultan impactantes: entre 2006 y 2015 hubo 151 mil 233 personas asesinadas y al menos 26 mil desapariciones forzadas en todo el territorio nacional, esto sin contar con los femenicidios y otra serie de abusos.
El incremento de la violencia por conflictos religiosos, agrarios o por las acciones ilegales de la delincuencia he generado desplazamientos forzados de población hacia regiones más seguras. Las afectaciones incluyen a sectores diversos; de bajos ingresos o empresarios y clases medias o indígenas, que han padecido extorsiones, secuestros, asesinatos y amenazas.
Estos actos criminales han dejado miles de muertos, huérfanos y viudas; la población pobre es la más afectada, en particular las mujeres. No obstante, los gobiernos, tanto federal como estatal, no reconocen la magnitud del problema, por lo tanto, se carece de políticas sólidas y presupuesto para su atención.
Desigualdad amenaza para la paz
Al menos 55 millones de mexicanos se encuentran en situación de pobreza, que además de significar una grave violación a los principios de justicia de los estados, la desigualdad es una amenaza para la paz de los países al alimentar de manera indirecta dinámicas en las que la lucha por la supervivencia cotidiana estimula la violencia, pues coloca a grupos reducidos de la población ante mayores oportunidades de desarrollo, mientras el resto de los habitantes tiene que hacerse de herramientas para subsistir que en muchas ocasiones, son actividades ilícitas y se encuentran fuera del marco de derechos humanos.
Esto a su vez, trae grandes consecuencias que alimentan el círculo vicioso de la desigualdad; los esfuerzos por reducir la pobreza no arrojan resultados integrales y las brechas se profundizan para grupos con cierto grado de vulnerabilidad, como son las mujeres.
Guerrero es un ejemplo de esto, además de ser una de las entidades con mayores índices de pobreza en el país, también es uno de los estados con mayores niveles de violencia, la cual se ha acentuado durante los últimos años a la par que las brechas de desigualdad han aumentado, afectando de manera especial a los grupos indígenas, las mujeres y niñas guerrerenses.
Las condiciones en que subsisten una gran parte de los habitantes del estado, alimentadas por una falta de acceso a oportunidades de desarrollo y acciones que solamente ha beneficiado a grupos reducidos en algunos municipios, provocan una compleja espiral donde la población con mayores índices de rezago se ha visto atrapada durante décadas, la cuál no podrá ser superada sin un verdadero compromiso por terminar con las condiciones que han generado la violencia en el estado.
El enfoque oficial de desarrollo
La respuesta del Estado para hacer frente a las problemáticas documentadas se refleja en los planes de desarrollo, pero estos tienen visiones encontradas. Y es que en realidad, el desarrollo de país reflejado en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 corresponde a un modelo empresarial que no refleja las necesidades reales del estado de Guerrero. Las zonas rurales indígenas salen del todo de estos intereses empresariales.
En Guerrero, se identificaron 79 programas sociales que atienden a grupos diversos: pequeños productores, jóvenes, mujeres, migrantes, jornaleros, adultos/adultas mayores y otros. No obstante, la población no siente cambio alguno en sus circunstancias de vida.
Respuesta organizativa a la desigualdad
Guerrero es un vivo ejemplo de la vinculación entre el poder económico y el poder político. Su historia se caracteriza por el despojo de recursos por parte de terratenientes y caciques, muchos de ellos convertidos en políticos. No obstante, y a pesar de las constantes luchas, las maneras se han diversificado. Un ejemplo, es la organización de mujeres indígenas que han combinado la defensa de sus derechos como mujeres con la lucha por los derechos colectivos de sus pueblos.
En la actualidad, las organizaciones civiles se han reinventado para responder a las problemáticas y al contexto político actual; han transformado las reivindicaciones productivas en análisis y demandas más amplias que incluyen la defensa de los derechos humanos, y los recursos del territorio, la promoción de la paz y el desarrollo sustentable, la transparencias en el uso de los recursos públicos, la rendición de cuentas, la democracia, la gobernabilidad, entre otros temas.

