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  • Publishedmarzo 20, 2016

HISTORIA DEL EJIDO DE

COYUCA DE BENÍTEZ

Néstor Guinto Balanzar

Después de consumada la Independencia Nacional, el pueblo de Tixtlancingo, que había sido dotado de una gran cantidad de territorio por mandato de Cédula Real expedida por el rey de España, Carlos IV; y careciendo Coyuca de Benítez de tierras propias para sus campesinos por ser una comunidad de reciente asentamiento constituida por unas pocas familias, pero en expansión por afincarse a la orilla del río Coyuca, en la zona costera de Guerrero, el Consejo de Ancianos del mencionado Tixtlancingo, que eran los que regían a ese pueblo, tuvieron a bien ceder a Coyuca dos mil ochocientas hectáreas a San Miguel Coyuca, así llamada en aquel tiempo, terreno suficiente para que lo trabajaran sus habitantes.

La cesión se hizo por escritura pública, registrada en el Registro Público de la Propiedad correspondiente al Distrito de Tabarez al que pertenecía San Miguel Coyuca, en ese tiempo el registro de la propiedad no estaba centralizado en la capital del estado, sino que existía uno en cada distrito judicial de las entidades federativas. Las tierras fueron cedidas como bienes comunales para que todos los campesinos que quisieran, las trabajaran libremente y en equidad, lo que así sucedió durante varios años, hasta que a mediados del siglo XIX, arribaron a este lugar tres familias: Los Aguirre, los Gómez y los Garay, cuyos miembros tenían una instrucción muy por encima de los fundadores del pueblo que apenas sabían leer y ellos habían terminado la instrucción primaria en sus lugares de origen.

Por ello, muy pronto se apoderaron de la conducción política, administrativa y económica del pueblo, que entonces tenía categoría de Comisaría de Acapulco; y como tenían muy buenas relaciones con sus autoridades civiles y militares así como con las de la capital del estado y con los políticos más relevantes de ese tiempo, esos señores ponían y quitaban Comisarios cuando querían, les bastaba un telegrama para dejar todo a su gusto, es decir, que las autoridades del pueblo fueran sus incondicionales bajo su dirección y manejo. Desde luego, se apoderaron de las mejores tierras y crearon latifundios que rebasaron los límites del territorio cedido por Tixtlancingo.

Y así llegamos al año de 1870, en el que de acuerdo con la Ley Agraria de 1856, se legalizó un nuevo régimen de tenencia de la tierra, que pasó de ser comunal a propiedad individual, para la dotación que se hizo a San Miguel Coyuca, dividiéndola en lotes y las tres familias mencionadas consiguieron con el gobernador Diego Álvarez que el Prefecto Político de Acapulco (había uno en cada Distrito Judicial del estado), lotificara este terreno comunal que los campesinos trabajaban con libertad y lograron que el Juez de Primera Instancia de Acapulco, practicara la diligencia de apeo y deslinde de este terreno de los de Tixtlancingo, así como de las colindancias de las pequeñas propiedades de Nuevo Washington, La Candelaria y Zitlala, pero con la influencia de los tres caciques, sólo se hicieron setenta grandes lotes de todo el terreno, y habiendo l85 ciudadanos mayores de l8 años, ll5 se quedarían sin adjudicación de tierra.

Naturalmente que de los 70 lotes, ellos se quedaron con la mayoría y sólo a sus incondicionales les asignaron tierras, a quienes les dieron documentos firmados por el Prefecto, pero resultó que los lotes sólo estaban en el papel porque nadie sabía en dónde estaban, no obstante se hizo un croquis en el que sólo se señalan los grandes lotes que se reservaron para si las tres familias, ordenaron copias del croquis y los pusieron a buen resguardo, para esperar para legalizar sus nuevas propiedades, pues conocían muy bien su juego, seguros de que sus cálculos no les fallarían, como efectivamente sucedió.

Los campesinos que alcanzaron tierra, pero sin saber en dónde estaban, quisieron vender sus lotes, para ello concurrían a preguntar a alguno de los tres caciques en dónde se ubicaban sus lotes, recibiendo como respuesta que ellos tampoco sabían la localización de los suyos, que tenían un plano que les fue entregado, pero era un papel que sólo los ingenieros le entendían, ante lo cual el humilde campesino le ofrecía en venta el papel de propiedad que le dieron pues de nada le servía, si ni siquiera sabía en dónde estaba, y recibía una oferta de compra por valor de $25.00, que equivalían a 30 días de salario en el campo; si el campesino no aceptaba, lo mandaban con otro de los caciques, pues los tres tenían plano del predio, pero los otros, puestos de acuerdo, ofrecían todavía menos.

El diálogo era el siguiente: El campesino llegaba con uno de los tres  y le preguntaban por la ubicación de su lote y recibían por respuesta:

-No sé nada, yo también tengo el mío pero tampoco sé en dónde queda; tenemos el plano que nos fue entregado, pero es un papel que sólo los ingenieros le entienden.

-Oiga, señor, cómpreme mi papel que me dieron, yo para qué lo quiero, si ni sé en dónde queda el terreno.

-Bueno, te lo compro.

-Deme $300.00 (Trescientos pesos).

-No, hombre, si a mí me va a costar más de $200.00 para que venga un ingeniero para que me diga en dónde queda ese lote y tengo que darle de comer los días que esté en mi casa, te daré $25.00.

-Carajo, siquiera deme $200.00.

-No, mejor vete con Santiago, también tiene plano, igual que Juan Pablo y Nicolás. A ver si alguno de ellos te compra mejor y que sepa en dónde queda tu terreno.

Se iba el dueño del lote con otro de ellos, pero como los tres estaban en el truco, le salía peor. Porque lo ofrecía comprarlo en unos gabazos de panocha y una silla para el caballo, pero no dinero en efectivo, pues es muy difícil, le decía, saber de verdad en dónde queda tu lote.

-Vete con el otro que también tiene plano. Y se iba con el último que le salió peor.

-Según el plano, tu terreno está en esta esquinita, en la punta de este cerrito, te compro muy barato, si quieres.

-¿Cuánto me puede dar?.

-Dinero no tengo, pero te puedo dar un saco de harina y unos cinco kilos de azúcar.

El campesino se ve obligado a regresar con el primero y aceptar los veinticinco pesos. Así vendieron sus lotes primeros poseedores de tierra, hasta que la totalidad de las 2,800 hectáreas que el pueblo de Tixtlancingo cedió de buena fe como bienes comunales quedaron en poder de las tres familias señaladas.

Una vez adquirida toda la tierra, les fue enviado otro ingeniero que hizo las mediciones reales, elaboró un nuevo plano con el señalamiento de lotes y dueños de conformidad con los deseos de quienes por los medios descritos se apoderaron de todo. Después de este atraco, los campesinos, para trabajar, tenían que pedir prestada la tierra y venderle al dueño la cosecha al precio que él fijaba, por lo que vivían siempre endeudados por ser insuficiente el pago del maíz, ajonjolí, frijol. arroz o lo que sembraran.

Así mal vivieron nuestros ancestros campesinos, siempre trabajando para el patrón terrateniente, hasta que vino la Revolución y huyeron a Acapulco los explotadores del hombre y del hambre, los campesinos tomaron la tierra, cada uno cercó una parcela del tamaño apropiado para cada cultivo, pues empezó a sembrarse palma de coco, mango, papaya y todo lo que se pudo. Tener un vida mejor, dar educación a los hijos y mejorar la alimentación, el vestido, la recreación, viajar por el estado y cumplir el anhelo de conocer la capital del país, que si no hubiera sido por la Revolución ni siquiera supiéramos en donde queda. Ahora decimos: Dios, tierra y Revolución.

Luego vino el glorioso Decreto del 6 de enero de 1915, dado en Veracruz por el patriota presidente de la República Venustiano Carranza, que claramente dice: Todas las tierras dadas por Comisarios municipales, Presidentes municipales, Prefectos Políticos y Gobernadores de los estados, quedan sin efecto y a la vez nulos en su procedimiento, por lo tanto se consideran tierras de la Nación.

En el año 1922, en el Comité Ejecutivo Agrario de Coyuca de Benítez, salió electo como presidente, el señor Aurelio B. Guinto y ocurrimos al distrito de Tabarez con cabecera en Acapulco por una copia certificada del apeo y deslinde que hizo el Juez de Primera Instancia en 1870 sobre nuestro terreno comunal, para pedir la restitución de nuestras tierras, pero por nuestro aspecto de pobres, no nos hacían caso; estuvimos varios años luchando, y nada, hasta que se presentó el general Lázaro Cárdenas haciendo su campaña para presidente de la República, se nos presentó con otras personas más, luego que llegó preguntó cómo andaban las gestiones en la solicitud de tierras para el pueblo, don Aurelio Guinto le mostró los documentos y le dijo:

-No, chaparrito, andas equivocado, a ver fulano, dirigiéndose a uno de los que venían con él, hazle una solicitud de ejido a este camaradas, ya sabes, las copias necesarias y a quién se deben mandar las copias, ¿Tienen sello, señor Guinto?.

-Sí tenemos, general.

-Entonces, las firma usted y su secretario, las sellan y las mandan. Mientras hacen el papeleo en la Comisión Agraria Mixta del estado y tomo posesión como presidente de la República, les ofrezco que rápidamente tendrán la resolución definitiva.

Como por milagro, el gobernador del estado luego nos dio la posesión provisional, el ingeniero que vino a dárnosla, para la diligencia, citó a los dueños de los terrenos colindantes y a los que se creían dueños de nuestros terrenos firmados por el Prefecto Político del Distrito, algunos se presentaron y otros mandaron decir de palabra que no se metían con el Gobierno y que lo que él hiciera estaba bien; solamente se presentaron las autoridades de Tixtlancingo y las autoridades agrarias de los Ejidos de Las Pozas, Los Cimientos, Cahuatitán, Las Lomas y el Embarcadero.

El Siguiente año se nos dio la posesión definitiva, con el plano de ejecución aprobado, y los falsos papeles de los lotes, en asamblea general de ejidatarios, el ingeniero los desechó por falta de méritos y legalidad, es por lo que nuestro plano, con letras mayúsculas dice al frente del mismo: “ESTE EJIDO FUE DOTADO CON TERRENOS NACIONALES”, quedando solamente dentro de nuestro Ejido, dos pequeñas propiedades: una de Margarita Aguirre y otra de Ramón Gómez y eso porque quizás con el de tener nuestras parcelas completamente legalizadas, o por nuestra poca preparación en los asuntos agrarios, y no tuvimos persona que nos aconsejara sobre lo legal, además eran huertas de coco que tenían ya circuladas con alambre de púas, no fueron incluidas en los terrenos dotados al Ejido, pero con la experiencia de hoy, sí les hubiéramos respetados sus huertas, pero no como propiedades particulares, sino como parcelas bajo las órdenes y régimen de las autoridades ejidales, pagando sus contribuciones como lo hacemos todos los ejidatarios, pero ni modo, la Asamblea General de Ejidatarios que se celebró para ese caso, en presencia del ingeniero que nos dio la posesión definitiva, lo aprobó y así consta en la resolución presidencial, además, la señora Aguirre y el señor Gómez, ya fallecieron.

En la misma resolución presidencial de la misma posesión del Ejido, se reconocieron y fueron cedidas al pueblo 54 hectáreas para la urbanización de la ciudad.

Toda esa tierra era baldía y de ella, los ejidatarios empezaron a pedir solares para ellos y los hijos mayores que se fueron casando, a tal grado creció la población sobre nuestra dotación ejidal, que se fueron formando colonias que a la fecha (195) son cuatro: la Colonia Obrera y Campesina, al oriente de la Ciudad; la Venustiano Carranza, al norte del barrio de Zumpango y el barrio de El Pujido, casi colindando con el poblado de Aguas Blancas; otra al Sur, denominada La Laja, sobre el camino que conduce a Las Lomas, El Bejuco y La Barra de Coyuca: otra más nombrada Rancho del Santo, todas ubicadas dentro del terreno ejidal. En Asamblea General de ejidatarios se aprobó por unanimidad cobrarles para la tesorería del Ejido, la cantidad de cinco centavos anuales por metro cuadrado de cada solar.

Que hasta la vez se les está cobrando y todos pagan con gusto esta contribución, pero resultó que la Dirección de Hacienda del estado, por conducto de la Subrecaudación de Rentas del Municipio, con la codicia de cobrar el impuesto predial sobre fincas urbanas empezó a notificar a cada uno de los dueños de solares que pasaran a hacer sus declaraciones sobre sus casas habitación y pagaran de acuerdo en la Ley de Arbitrios del Estado de acuerdo con la calificación fiscal de cada casa a partir de cinco años atrás, seis con el presente año, para quedar al corriente de sus pago, siendo la calificación mínima de $1, 000.00 (un mil pesos), más lo correspondiente al Certificado Catastral, que con todas las cosas que le agregaron, por cada casa se tenían que pagar no menos de $600.00 al año unas, algunos miles según la calificación.

Pero como el Ejido paga las contribuciones prediales por todo el terreno ejidal, y de acuerdo con el Código Agrario y, hoy, con la nueva Ley de la Reforma Agraria nos sentimos con derecho y autoridad suficiente para defender a nuestros compañeros ejidatarios ya que nadie debe pagar dos veces por el mismo concepto, por lo que se citó a una asamblea general para discutir la actitud del subrecaudador, y la asamblea autorizó al Comité directivo Ejidal para que el Comisario Ejidal viera cómo y en qué forma debía defender a nuestros compañeros de semejantes pagos, ya sea yendo a la Delegación  o al Departamento Agrario en México. Primero fuimos a la Delegación (Agraria Mixta), pero el Delegado nada pudo hacer pues dijo que era disposición del Ejecutivo del estado, profesor Caritino Maldonado Pérez que acababa de tomar posesión como gobernador y que el anterior le había dejado cuantiosas deudas que pagar y que tenía que ocurrir a algo para poder solventar su presupuesto.

De inmediato nos trasladamos a México el presidente y el secretario del Ejido, Néstor Guinto Balanzar y Benjamín Méndez Gómez, respectivamente, a entrevistar a los del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, luego nos pasaron con el jefe del Jurídico que nos nombró un delegado con el que quedamos citados en Chilpancingo; en la fecha y hora señalada, nos presentamos junto con el Presidente del Consejo de Vigilancia del Ejido c. Jesús Otero Salinas en la cita que se acordó en México con el delegado defensor de nuestro caso, en la Ciudad de Chilpancingo, pero este señor nos llevó ante el C. Director de Hacienda y Economía del Estado para suplicarle que hiciera una rectificación y dejara de cobrarles a los ejidatarios sobre sus fincas urbanas; claro que el representante del gobernador no iba a ceder a tan inocente solicitud de nuestro delegado defensor quien dijo a la Comisión que no se podía hacer nada, que tenían que pagar cada uno sus contribuciones de sus casas construidas en las colonias antes mencionadas, aún cuando se encontraran en terreno ejidal.

Con este fracaso en Chilpancingo, tuvimos que ocurrir a México y nos presentamos ante el C. Jefe del Jurídico del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, nuevamente el presidente y el Secretario del Ejido, CC. Néstor Guinto y Benjamín Méndez y le manifestamos el fracaso de las gestiones en Chilpancingo y le dije: Señor licenciado, dispense que le diga, pero usted sabe que el que tiene hambre atiza la olla, si las autoridades superiores no pueden defendernos en nuestro caso, es mejor que nos dejen solos a ver qué podemos hacer.

El Licenciado se molestó mucho, no licenciado, no vamos a pelear con armas costeñas, no, vamos a defendernos con la razón y la Nueva Ley de la Reforma Agraria, por tanto, sépalo de una vez, que no vamos a pagar por ninguna finca urbana que esté construida en terreno ejidal y que el Subrecaudador de Rentas del estado, califique todo lo que quiera; figúrese, licenciado, los que viven en esas colonias son campesinos que no tienen huertas, que viven de lo que siembran durante las lluvias de junio a octubre, que este año no llovió lo suficiente, no levantaron cosecha, perdieron su tiempo y no tienen dinero, sus casas calificadas atrasadas de pago, el recaudador les cobra y les cobra, no pueden pagar conforme a la Ley de Arbitrios y los amenaza con el embargo para sacar el tributo que él dice le adeudan al fisco del estado, pondrán a la venta la casa al mejor postor, y si sobra dinero de la venta le darán al dueño de la casa lo que sobre; pues bien, al primero que embarguen ahí estaremos nosotros, veremos a esa persona valiente que va a comprar, porque yo, como Comisariado Ejidal, no me nombraron mis compañeros para que esté pintado, sino para que los defienda en casos precisos como este, mi papel como Comisariado es ver a la persona que va a comprar la casa y decirle: usted la va a comprar; Sí, el Subrecaudador de Rentas me la vende y creo que está bien vendida, ¿No?, creo que está de acuerdo con la ley según ellos.

Pero sepa usted señor o señora, que luego que la compre se la lleve, para que este ejidatario pueda hacer un torito en su solar ejidal, aunque sea de palapa, en donde pueda vivir con su esposa y su hijos. Mire, usted, el gobierno puede cobrar y hasta embargar cualquier casa de las colonias, pero no así el terreno, que es ejidal y lo tenemos al corriente en las contribuciones que legalmente nos corresponden, aquí tienen, señor subrecaudador, nuestro último recibo de pago hasta diciembre de esta año, nos embargarán todas las casas de las colonias y las venderán si hay quien las compre, pero tendrán que llevárselas en el mismo momento en que se las paguen al señor Subrecaudador; ya procederemos a poner avisos para que no se digan engañados los compradores y sepan que cuando compren una casa de las colonias para pagársela al subrecaudador, al llevársela que la finque en donde quiera , menos en nuestro ejido o dejarla en el lugar en que está. ¿Cree usted, licenciado, que hallarán persona que quiera comprar una casa embargada?.

Comisario, me dijo, usted no puede ponerse en ese plan, defienda a sus compañeros de otro modo más correcto. Licenciado, le respondí, voy a defender como halle más fácil la defensas y le juro que no me saldré de las facultades que me otorga la Nueva Ley de la Reforma Agraria, que para algo nos la dio el presidente de la República Luís Echeverría, a través del Congreso Federal Nacional, todas estas leyes agrarias son producto de la Revolución, que la mayor parte de la sangre que se regó fue sangre campesina, acuérdese licenciado, cuando el gobierno o, o sea el presidente de la Republica expropie parte o total del Ejido, entonces sí reconoceremos que deben pagar los que queden en la parte expropiada, pero mientras no haya eso, no nos harán retroceder.

Luego que regresamos de México, encontré un oficio del Subrecaudador de Rentas, pero con menos imperio me decía que cooperara con el C. Gobernador, según me dice que es usted su amigo de muy atrás, que diera facilidades a los cobradores de fincas urbanas dentro del terreno ejidal, que tiene muchas cuentas que pagar de la administración pasada en el estado, luego le contestamos su oficio diciéndole lo siguiente: estamos en la mejor disposición de ayudarlo en lo que más podamos, y para que esto salga bien le sugerimos la idea de que se haga un citatorio a todos los comisariados del municipio, para una fecha fija para una junta general de comisariados ejidales en la cabecera municipal, y esa junta que sea presidida por la persona que el gobernador disponga.

En la misma respuesta se asienta que seamos todos los Comisariados como amigos del C. Gobernador cooperemos con él, ya sea dando facilidades del pago por casas, o una cooperación de cada Comisariado, de algún modo llegaremos a algún acuerdo, pero que no sea solamente el Ejido de Coyuca de Benítez el sacrificado, que seamos los 22 ejidos del municipio, en esa forma, cuente conmigo y con mis ejidatarios, C. Subrecaudador. Yo creo que se le hizo un nudo en  la garganta y no tuvimos contestación, los colonos viven muy bien, sin molestias y pagando sus contribuciones al Ejido, de cinco centavos por metro cuadrado de su solar y casa en el mismo construida.

 

Esta historia la hice para recuerdo del Ejido y de mis compañeros ejidatarios, para que no se dejen engañar y lo defiendan a costa de lo que sea.

PRESENTACIÒN

Entre los viejos papeles de mi padre, encontré uno que contiene apuntes sobre la historia del Ejido de Coyuca de Benítez, escrito en papel tamaño oficio con tinta roja en su vieja máquina de escribir “Continental”. Con orgullo, satisfacción y cariño, transcribo lo que mi padre de la historia del Ejido que él tanto quiso y tanto defendió con hombría y decisión. He respetado su forma de escribir tan conocida de sus hijos y amigos porque al leer el relato compuesto con tanta sencillez, me parecía estar oyéndolo en una de esas tardes en las que solía platicarnos cosas y casos de nuestro querido pueblo, siempre acompañado de nuestra queridísima madre, doña Beatriz Palacios de Guinto, que, a su vez, nos relataba las novelas que ella leía.

Sólo he corregido algunos errores ortográficos, ya que mi padre jamás fue a la escuela; aprendió a leer, escribir y las operaciones fundamentales de aritmética, durante el tiempo que le permitían sus labores del campo, ya que fue campesino, como se dice, “desde la cuna hasta la tumba”. Así que esta historia es de él y la construcción gramatical tan sencilla y característica es “puro él”, su lenguaje, su pasión y su verdad.

Como este trabajo es para mis hermanos y familiares no temo caer en inexactitudes, el relato es “tal cuál”, y ellos así lo reconocerán, como si don Néstor estuviera, de viva voz, en una de aquellas tardes, recreándonos con sus vivencias.PAG. 15

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