A un año de que el puerto fuera escenario de uno de los episodios más críticos en la historia del «Acamoto», el panorama dio un giro radical. Lo que por más de una década se permitió como una tradición de descontrol tolerado en la Costera, hoy se ha topado con un muro de seguridad coordinado por los tres niveles de gobierno.
El trágico saldo de 2025: Un festival marcado por la fatalidadHace exactamente un año, el Acamoto 2025 rompió récords de asistencia pero también de tragedia.
A pesar de la derrama económica y una ocupación hotelera que superó las expectativas, el costo humano fue devastador.
De acuerdo con los registros oficiales y reportes de emergencias de la edición pasada, el evento cerró con un saldo de ocho decesos, incluyendo el caso de una mujer ajena al evento que fue embestida en la zona turística, además de varios motociclistas que perdieron la vida en percances sobre la Autopista del Sol y la zona Diamante.
A esto se sumaron más de doce lesionados de gravedad con fracturas múltiples y traumatismos, así como el decomiso de 115 motocicletas y la detención de 42 personas por diversas faltas administrativas.
Los videos de aquel año muestran una ciudad apropiada por miles de motociclistas, donde las acrobacias, el consumo de alcohol, los excesos en vía pública y la omisión total del equipo de protección eran la constante.
2026: El año en que se toparon con pared
Para este 2026, la historia es distinta. Ante el clamor de empresarios turísticos y la ciudadanía por los desmanes del año pasado, las autoridades determinaron no otorgar permisos para la realización del festival.
Desde inicios de mayo, se desplegaron acciones de blindaje con la participación activa de la Guardia Nacional, la Policía Estatal y Tránsito Municipal.
Los filtros de seguridad instalados en puntos estratégicos como La Cima, Pie de la Cuesta y las casetas de la Autopista del Sol han aplicado una política de cero tolerancia, exigiendo documentación en regla, uso obligatorio de casco y aplicando el decomiso inmediato de unidades irregulares.
A diferencia del año pasado, donde la zona de La Condesa se convertía en una pista de exhibición sin control, la presencia policial permanente ha impedido que los grupos de motociclistas se estacionen masivamente.
Un evento en la incertidumbre
Aunque en redes sociales se intentó organizar una edición informal para este fin de semana de mayo, la falta de apoyo institucional y el rigor de los retenes desactivaron la convocatoria principal.
