Fidel Aguilar Chávez en tres tiempos

Zapata 21

  • Fidel Aguilar Chávez en tres tiempos

       Octavio Augusto Navarrete Gorjón

 

 (Segunda parte y última)

 

El tiempo de la cosecha

I

Una vez establecida una mayoría católica indisputada, disminuyó la presión sobre don Fidel Aguilar y su familia.  Fue presidente de la sociedad de padres de familia de la escuela Hermenegildo Galeana, donde estudiaron todos sus hijos.  Antes de irse de la parroquia en 1954, el sacerdote Moisés Carmona le mandó una carta muy amorosa donde lo reconoce como hermano en Cristo, le expresa su admiración y le dice que pocos hombres tan íntegros y trabajadores ha conocido en su vida.  Aunque la variante cristiana de la religión era minoría, Fidel Aguilar había atravesado el Rubikón y se acercaba a una vejez apacible, sin las pasiones cardinales de su práctica religiosa.

La vida de Fidel Aguilar estuvo ligada a la práctica religiosa y al trabajo. No es por casualidad que una de sus hijas se llamara Esther, como la hermana que lo crio. Otra se llamaba Augusta Dalia y era de las más pequeñas; su nombre fue una muestra de amistad y gratitud a un hombre que surtía de harina a su panadería y que (cosas que tiene el destino) también era cristiano bautista como él: Augusto Flores. El nombre de María Felícitas (conocida cariñosamente como Marfélix) evoca a Felicitas Garay, la hija de don Nicolás Garay que fue su novia cuando recién llegaba al municipio. En el nombre de sus hijos Fidel Aguilar prolongó su gratitud personal a aquellas personas que le habían ayudado. No cualquiera, sólo los hombres de una sola pieza, ajenos a la mezquindad y la mala fe; Fidel Aguilar Chávez era uno de ellos.

Con la llegada del sacerdote Timoteo Bello Morales a Coyuca, el 20 de agosto de 1965, la convivencia con los hermanos no católicos se realizó de manera muy civilizada y pacífica.  Todos los hijos de don Fidel Aguilar gozan de buena fama pública por ser personas respetuosas y trabajadoras. Tal vez no son mayoría religiosa, pero todo el bolillo que se consume en Coyuca de Benítez hasta la fecha viene de la tradición que trajo a Coyuca este hombre de trabajo y de paz. Don Fidel murió el 24 de marzo de 1976 y el sacerdote Timoteo Bello Morales tuvo en el sermón de ese día palabras que hablaban de un hombre pulcro y un compañero en los caminos de Cristo. Para el de la pluma, Fidel Aguilar Chávez es uno de los cuatro caudillos culturales del siglo XX coyuquense; los otros son Ethel Diego Guzmán, Timoteo Bello Morales y José María Alcaraz López.

CORREO CHUAN

La famosa sicosis que pretendían generar en Acapulco las bandas del crimen organizado no fue tal; al final resultó que se trató de un oscuro incidente o confusión entre policías federales vestidos de civil que persiguieron a dos hombres que viajaban en un auto.  Después de alcanzarlos a la altura del hotel Aristos, en la Península de Caleta, abatieron a uno que ya se había rendido y dejaron herido al otro. Los federales que pernoctan en el hotel Alba Suites los confundieron y comenzaron a dispararles, iniciándose otra persecución que terminó cuando los federales vestidos de civil intentaron ingresar a su cuartel de Costera 125, donde fueron recibidos a balazos por sus compañeros, que de pronto no los reconocieron. Muchas preguntas dejó ese incidente, mientras tanto, el gobierno culpó de todo a las redes sociales, que no hicieron sino reaccionar ante un hecho grave, ante el cual la autoridad no reaccionó en tiempo y forma.

Las consecuencias de la balacera todavía no terminan. Vinieron reporteros de varias agencias de noticias, algunos de ellos entrevistaron al alcalde Evodio Velázquez Aguirre y al parecer no les causó buena impresión: ‘es un muchacho muy joven –  dijeron – está pagando el precio de la novatez’. Al cerrar este ensayo siguen produciéndose declaraciones que tienen como tema al crimen organizado. El New York Time publicó una nota donde dice que el ejército y la Armada de México están entrenados para matar, que por cada miembro de esos cuerpos que es herido, matan a cierta cantidad de personas vinculadas a los criminales. Son afirmaciones muy dudosas, los analistas las extrajeron de una ecuación lineal (correlación simple entre dos variables, decimos los economistas). Por su parte el diario español El País afirma en un reportaje que en Guerrero se cultiva un gran porcentaje de amapola. A la par de estos datos de campo, la CEPAL (Comisión Económica Para América Latina, organismo de la ONU) exhibió un dato estructural de la mayor relevancia: ‘en México, el narcotráfico ganó el bono demográfico’; lo que en buen cristiano quiere decir que el crimen organizado nos quitó la mejor ventaja que teníamos en relación a otras naciones. Mientras la vieja Europa seguía envejeciendo en términos poblacionales, México contaba hace 25 años con lo que los economistas definieron como ‘el bono demográfico’; es decir, seguiría siendo durante un cuarto de siglo un país de jóvenes y no de viejos, con grandes posibilidades de detonar un crecimiento sostenido durante muchos años. No fue así, los jóvenes fueron abandonados a su suerte y un gran porcentaje de ellos se decidió por la riqueza fácil y los valores torcidos de los criminales. Qué pena.

Aquella triste mañana de 1968 en que asesinaron a doña Elpidia Hernández, para el de la pluma la impresión fue doble. De la colonia La Laja regresamos a Coyuca dejando junto a la palmera al asesino que nos miraba con sus ojos opacos, su cara relajada, cerúlea y exangüe; cuando todavía no llega la rigidez cadavérica, los músculos distendidos de la cara hacen que los muertos nos regalen la media sonrisa apacible de los que acaban de morir.  Cuando iba rumbo a mi casa observé movimientos en la de la señora Hernández; la estaban bajando de la ambulancia que manejaba Betín Ramírez.

La señora era valiente y alcanzó a sacar su pistola, cuando dejó de ver al asesino supo que no tendría fuerzas para alcanzarlo y le entregó el arma a Miguel, un señor joven, altísimo, que vivía con sus padres y dos hermanos en el local que después fue la imprenta Galeana.  Él comenzó la persecución, a la que después se unirían los militares que iban pasando por la carretera nacional.

Ahora su sobrino Juliancito Berdeja hacía esfuerzos sobrehumanos para bajarla de la ambulancia. No alcanzaron a llegar a Acapulco, murió a la altura de El Bordonal y de ahí regresaban con su cadáver. Otros vecinos ayudaron  pero la maniobra era muy difícil, la mujer era bastante robusta y al moverse su cuerpo, con múltiples heridas en el tórax, escurría enormes chorros de sangre.

Todo eso me impresionaba mucho, pero lo que más llamaba mi atención eran los ojos desorbitados de los niños.  Con ella vivían Estrellita y José Manuel, dos nietos que iban con nosotros a la escuela Hermenegildo Galeana. Observaban todo sin llorar, pero con los ojos desmesuradamente grandes.

Una frase se repetía sin cesar en los corrillos que inmediatamente se formaron: ‘se vuelve a repetir la historia’, decían algunos, los otros asentían como sabiendo a qué aludía la frase.  Pensé que se referían al hecho de que seis meses antes la señora había perdido a su cuñada Flora Berdeja Guzmán, hermana de don Julio, que cayó abatida el 20 de agosto de 1967 en la matanza de copreros. Ya era un adolescente cuando alguien me explicó la verdadera historia que encerraba aquella afirmación; se referían a otro hecho parecido ocurrido alrededor de la misma disputa por la huerta que hoy se llama El Rancho del General.  Olvidé los detalles, en ese tiempo no sabía que iba a ser cronista.

También olvidé la cara del muerto y sus tripas desvencijadas, decoradas en forma impecable con la hoja de roble, que comenzaba a ponerse morada. Uno puede olvidar todo, o casi todo. A los niños los volvimos a mirar en la escuela; eran muy serios, los acontecimientos acentuaron ese rasgo de su carácter.  Estuvieron en Coyuca un tiempo y al parecer emigraron varios años después. No los he vuelto a ver, pero cada vez que me hablan de un muerto por bala recuerdo sus ojos grandes y secos, sin lágrimas, pero en los cuales se podía advertir una profunda desesperanza. Cuando así ocurre, pienso en los miles de costeños que les crecen los ojos de tanto convivir desde pequeños con los deslumbrantes destellos de la muerte.

El correo chuan trae noticias del cristianismo que en otros tiempos hubo en Coyuca de Benítez, que estuvo a un paso de convertirse en el primer municipio de mayoría no católica en Guerrero. Fidel Aguilar Chávez no fue pastor, como por ignorancia le hemos llamado; fue un obrero laico; esto es, no pertenecía al consistorio de esa variante del cristianismo, que está formado por pastores o presbíteros, diáconos y ancianos gobernantes. De todos modos su labor evangelizadora en el municipio, su disciplina y tenacidad lo hacen poseedor incuestionable del grado de pastor. A su familia no le heredó riquezas sino educación religiosa y laica, así como una herencia intangible pero inmensa de trabajo, fe y amor a Dios. Los coyuquenses tenemos con este hombre y su familia una deuda de gratitud que algún día pagaremos. También dice el chuan que las balaceras del domingo 24 en Acapulco fueron obra de federales, que generaron reacciones exageradas y que continúa el tema mexicano de la criminalidad dominando las notas de todos los diarios del mundo. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

E-mail: correochuan@hotmail.com