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Alguien me deletrea

Alguien me deletrea
  • Publishedenero 13, 2016

Octavio Augusto Navarrete Gorjón

I

Se trata de un libro nuevo, integrado por artículos viejos. Perfiles es una antología de artículos que en el género de ensayo publicamos a lo largo de mucho tiempo. El motivo esencial es tratar de ubicar en su contexto histórico, en la sociedad y el tiempo que les tocó vivir, a personalidades que se han marchado para siempre. Algunas de ellas las conocí y dejaron profunda huella en mi vida; de otros sólo leí sus obras o supe de sus historias personales y también impactaron tanto en mi formación como si los hubiera conocido y tal vez compartido algunas de sus ideas esenciales. Todos ellos vivieron su vida intensamente, yo me conformo con escribirlas.

El trabajo es un poco disparejo porque en él están algunos ensayos sobre grandes escritores, políticos y ajedrecistas; al mismo tiempo, emparejado con ellos, vienen historias de gente humilde y sencilla que conocí en mi entorno personal y que dejaron en mi vida una huella tan profunda como los libros que he leído y los políticos y deportistas que he conocido. El mensaje es claro: la formación de un ser humano, su estilo y su moral, es un producto de muchas y variadas influencias que vienen de horizontes muy disímbolos. En el periodismo, como en la vida, la gente debe formar su propio estilo, pero en ese estilo, a veces explícitamente y otras en forma subyacente, siempre está la influencia del pasado como una impronta de la que nadie puede apartarse. A veces esas influencias adquieren la certidumbre de una profecía y entonces reciben un nombre portentoso y grave: destino. El destino de todos los hombres y mujeres que aparecen en esta antología fue glorioso porque sus vidas (sencillas o grandes) marcaron una época de su entorno o de su actividad literaria, deportiva, política o de su microrregión.

Ahí está el libro, no seguiré hablando de él porque quiero que lo lean y sean ustedes mismos los que tengan la mejor opinión sobre su contenido, que puede ser buena o mala, aspiro cuando menos a que nadie desdeñe su lectura. Si ello es así, el libro habrá cumplido su objetivo principal.

II

Quiero aprovechar este foro para hablar del oficio de escribir. Desde que Gabriel García Márquez dijo que el periodismo es el oficio más bello del mundo, la frase se ha ido decantando y popularizando hasta volverse un lugar común. Sin embargo la afirmación es cierta, pocos oficios hay que pueden darle a quien lo realiza la satisfacción que nos da el escribir historias, que pueden ser ciertas o imaginadas; si es lo segundo, nuestro oficio se entrelaza con la historiografía y con la literatura en sentido puro. Algo tiene el periodista que está entre el historiador y el novelista; puede comenzar como todos, escribiendo notas para los diarios y revistas, como reportero. Después de algún tiempo y siguiendo una disciplina espartana, esas notas generalmente se convierten en artículos cortos, crónicas, ensayos, memorias o novelas.

En este bello oficio tenemos la enorme facilidad para captar la vida humana, aquí se nos paga por cultivarnos, por leer, por aprender, por estar atentos al curso de los acontecimientos de hoy (que automáticamente se convierten en historia por la existencia de las redes sociales). Las obras gloriosas de esa vida, así como sus tragedias, sus desastres y sus ruindades, las refleja el trabajo periodístico y las ubica en su contexto. Quien tiene el hábito de leer un periódico aprende algo diferente cada día.

García Márquez no lo dijo, pero este oficio, siendo el más bello, es al mismo tiempo uno de los más peligrosos. No necesita decirlo nadie, todos los días sabemos de agresiones a periodistas que van desde el hostigamiento hasta la agresión mortal. El oficio se ha vuelto más peligroso en la medida en que los poderes económicos y políticos se han involucrado con fuerzas inconfesables para no perder sus privilegios, o para ampliarlos.

III

A veces, el periodismo también es un oficio triste. El reportero se esfuerza todo un día en buscar y elaborar su nota; cuando al fin la tiene la edición ya cerró o el jefe de redacción consideró que el tema no era importante o la nota no llenaba los requisitos que debía tener. Otras veces ocurre que la nota es buena, es pertinente y todavía hay espacio para publicarla, pero antes de cerrar edición ocurre un acontecimiento grave o importante que la desplaza y la expulsa de la revista, diario o programa radiofónico o televisivo. Ocurrió recientemente con el ametrallamiento de un bar junto al cual cenaba con su familia el gobernador electo Héctor Astudillo. Ese hecho, que se produjo a las diez y media de la noche, cuando los diarios están cerrando edición, desplazó a varias notas que tuvieron que desintegrarse para dar espacio al grave acontecimiento que comentamos.

Todos esos avatares hacen que muchas veces el periodismo sea un oficio de solitarios. Hombres y mujeres que viven solos porque nadie quiere aceptar que si el reportero estuvo todo el día en la calle buscando la nota, tenga que pasar una buena parte de la noche en las mesas de redacción puliendo su trabajo y haciendo otras notas de contexto o de color que enriquezcan la información. El periodismo es el oficio que tiene el más alto índice de divorcios; no es cosa de preocuparse, también tiene el más alto índice de casamientos.

Regresemos al libro; creo que es muy difícil que haya una segunda antología de textos míos. La inmensa mayoría de mis publicaciones son periodismo de coyuntura, afirmaciones que son válidas pero cuya validez puede durar sólo unas horas. Algunos amigos me han llamado la atención y dicen que en este libro no están algunos personajes de los que nos hemos ocupado muy seguido en nuestras entregas. Es cierto, no están por ejemplo Zeferino Torreblanca ni Carlos Álvarez Reyes, sobre cuyas conductas políticas he escrito ríos de tinta. La razón es obvia, tanto el contador Álvarez como Zeferino Torreblanca están vivos y este es un material que habla de puros muertos. Alguien que sabe mucho de literatura me dijo un día después que presentamos el libro en Acapulco que era un libro muy bueno; ‘tu escritura se parece mucho a la de Juan Rulfo’. A mí me agradó la frase y no cabía de gusto; para saciar mi ego que le pregunto: ¿Por qué se parece con la literatura de Rulfo? Y mi amigo que me contesta riéndose: ‘puro pinche muerto’.

¿A quién le interesan los temas de este libro? Ciertamente no a los chihuahuenses o tamaulipecos o veracruzanos. Sí a muchos guerrerenses y, por los informes que tenemos, también a algunos poblanos. Este texto se inscribe en un proceso que rebasa las fronteras. La tendencia mundial es cada vez hacer menos periodismo ‘nacional’ y mucho más periodismo regional. Estados Unidos, que es la sociedad que lidera esta tendencia, no tiene diarios nacionales; los periódicos más prestigiados en aquel país son las publicaciones regionales, sus nombres lo dicen todo: Chicago Examiner, Miami Herald, Los Angeles Time, New York Time, Washington Post. En muchas partes ya casi no hay diarios ‘nacionales’ sino poderosos diarios locales muy influyentes. En México La Jornada y Reforma van marcando mucho esta tendencia; también Milenio, aunque con menor suerte. Gracias a esta regionalización Diario de Yucatán y Novedades Acapulco perviven como diarios regionales.

Costa Brava, nuestra revista coyuquense, también entendió este proceso de regionalización. Ya está instalada como una revista imprescindible para participar en el debate regional y para estar al tanto de lo que ocurre en nuestro municipio. Adolece de graves errores que seguramente se irán corrigiendo, no es este el momento ni el lugar para hablar de ellos, pero nadie negará la gran influencia de la revista en el ambiente cultural y político de nuestro entorno.

IV

El oficio de escribir es esencialmente un acto de comunicación entre el que escribe y el que lee, pero ese acto está mediado por otros previos; el que escribe debe tener un foro para que su trabajo se vea plenamente realizado (diario, revista, programa de radio o televisión). El que lee cuando menos debe tener el requisito de saber leer. Decíamos hace días, en una primera presentación que es un poco triste escribir un libro en un estado que tiene el más alto índice de analfabetismo. A pesar de los grandes esfuerzos que se han hecho, el número de guerrerenses que no saben leer y escribir es muy alto y es un dique para el desarrollo, no sólo para la lectura de diarios, revistas o actas de nacimiento.

Antes de que alguien lea el trabajo, existe una comunicación primaria, lúdica incluso, entre el escritor y la hoja en blanco. Ese acto se repite cada vez que se escribe y no importa la preparación que se tenga, siempre es una aventura buscar la primera frase, el primer párrafo o la primera palabra que nos ayude a atrapar al lector y no permitir que deje el trabajo a medio leer; por supuesto, antes hay que tener una idea. Esa comunión entre la hoja en blanco y el que desliza sobre ella la pluma y el pensamiento tiene en sí mismo un significado. Es evidente que llega un momento en que el que escribe se comunica con la papel poniendo en movimiento todos sus recursos, su memoria, su conocimiento, su manera de construir frases sonoras y que lleguen a la profundidad del pensamiento del que las lee. Esa realización personal se logra con el paso del tiempo, cuando el escritor se da cuenta que el acto de escribir, en sí mismo, requiere una tensión emocional y una actitud que a veces no necesitan de lectores sino simplemente de estar convencido de que lo finalmente termina escrito en la hoja es justo lo que quisimos decir, de acuerdo a lo que sabíamos sobre el tema y a nuestras convicciones.

Aunque se hayan ganado premios nobel o Pulitzer, siempre es un problema escoger la primera frase y ponerla en la hoja. Claro que cuando nos damos cuenta que nos leen varias personas, el trabajo de escribir se enriquece y también pensamos en los lectores reales o imaginarios. La asistencia a las reuniones en que se presentó Perfiles nos hacen suponer que tenemos algunos lectores, personas de diferentes ideas políticas, credos religiosos y formación personal que han seguido nuestras letras y aunque a veces no compartan las ideas que exponemos, les gusta nuestra forma de redactar o cuando menos no les es indiferente. Por eso a partir de ahora sé que no estaré tan solo en la comunicación con mi máquina de escribir. Pensaré que mis garabatos tienen un destino final que es la atención que puedan ustedes brindarle a mis obras; vale para lo que escribo cotidianamente y también para este libro. Cuando redacte mi próximo artículo será muy agradable pensar que aunque haya muchos guerrerenses en la oscuridad del analfabetismo, en algún hogar, oficina, en el campo, en el camión o en una hamaca, alguien me deletrea. MUCHAS GRACIAS

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