Respuestas, discusiones y propuestas después de la destrucción del huracán Otis en la presentación de libro
La presentación del libro Otis, la catástrofe de Acapulco, del académico de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), Hugo Martín Medina, la tarde de este viernes en la Galería del Fuerte de San Diego, sirvió para encontrar y detonar discusiones pertinentes después de las destrucción de uno de los fenómenos climáticos que derivó en un huracán categoría 5.
Con comentarios de la maestra Leticia Guerrero Cortés, el periodista Julio Zenón Flores y la doctora Rosa María Gómez Saavedra y moderado por la doctora América G. Bautista Salgado, el autor que es originario de Tampico, Tamaulipas y doctor en Ciencias Sociales, resumió que tiene como misión recuperar la memoria, porque para él la memoria hay que recuperarla, “si olvidamos lo que ha ocurrido, todos los acontecimientos, estamos perdidos”.
La obra está compuesta en 270 y tantas páginas, según su autor. Para él, es alentador publicar un libro en estos tiempos en los que la cibernética y las tecnologías de la informacion “nos han avasallado de tal manera que los textos de tinta y papel corren el riesgo de ser muy pronto, objetos de museo”.
“Las nuevas generaciones, salvo honrosas excepciones, ya no consideran a los libros como parte de su acervo científico o cultural, o incluso…en amplios sectores universitarios”, anotó.
“Deberíamos preocuparnos qué leen nuestro hijo y nietos, no es acaso la lectura una forma de hacernos más sensibles, más humanos, más críticos, más racionales, solidarios, libres, dijera el poeta cubano José Martí: ser cultos para ser libres”.
Citó epígrafes como el que “la lectura nos devuelve la razón”, de Carlos Monsivaís. De Juan Sánchez Andraca, que “el libro es el arma contra todas las armas”.
“Afirmamos que la educación y la cultura son el mejor antídoto para contrarrestar la barbarie y la violencia irracional que nos ha rebasado a todos”, apuntó en un contexto de violencias extremas.
“Cuando un libro ve la luz es como el nacimiento de un hijo que se concibe durante nueve meses en el vientre de una mujer, solo que el texto puede tardar mucho más en realizarse e incluso años”, anotó a las y los presentes, principalmente creadores de la comunidad cultural porteña.
Al anotar que no se escriben libros todos los días, explicó también que pensó presentarlo en el contexto del primer aniversario del huracán Otis, pero llegó John, quien “nos dio otra repasada, nos ha llovido sobre mojado pero los guerrerenses somos como las palmeras de la costa, nos doblamos pero no nos quebramos y aquí estamos festejando el nacimiento”.
Otis, la catástrofe de Acapulco consta, según él, de cuatro partes, la primera es la crónica de lo que vio en esa fatal noche, la segunda es un conjunto de entrevistas y en la tercera crónicas de algunos colegas a la que llama otras voces u otras miradas, y la cuarta los tres Acapulcos, donde refiere que hay un cuarto Acapulco del que nadie habla, el Acapulco de los más pobres de los pobres.
Está escrito, dijo, a muchas voces, es el texto de todos los acapulqueños, de muchos andares y muchas miradas de quienes lo perdieron todo, de las propias batallas, donde queda claro que Dios siempre perdona, el hombre a veces, pero la naturaleza no perdona nunca.
Hay que reconocer que la tierra está expresando lo que hemos hecho a través de los siglos y de los años: Rosa María Gómez Saavedra
Rosa María Gómez Saavedra, docente de la UAGro desde 1977, feminista, humanista y activista de derechos humanos, al dar a conocer al respetable que era la segunda vez que presentaba un libro de Hugo Martín, afirmó que la obra es un libro obligado y lo definió como una crónica periodística, contada desde el primer día de lo que significó el que a la 1 de la tarde del día 24 de octubre del año pasado, Hugo se enterase que entraba un huracán, cuando en ese momento no se tenía la idea de un huracán de categoría 5, “pero que se había planteado que se iban a suspender las actividades académicas y que la gente tenía que resguardarse”.
“Es un libro en una cronología fabulosa, pero les quiero decir que presenta la imagen de uno de los tantos edificios que está precisamente atrás del Romano Le’Club, está visto de enfrente y esta es la devastación que se tenía…”
Cuenta con un prólogo y 59 apartados. Transmite la magnitud del desastre y las consecuencias en la vida de miles de hombres y mujeres de Acapulco en los días posteriores al huracán Otis y ofrece una visión cruda y realista de la situación.
Informa cómo se presenta este fenómeno por parte de las autoridades.
También hay una redacción con analogías, crónicas, o lanza cuestionamientos de cómo el que hay un gobierno de izquierda y la avenida principal de Acapulco que debería llamarse Camino Real, Camino Histórico, tiene el nombre del principal depredador: Costera Miguel Alemán y que él lo cuestiona en el libro y el que siga llamándose igual.
También aborda el despojo de terrenos o cómo se da la población de sitios a partir de líderes políticos y se forman colonias como La Progreso, La Laja.
Es un libro que lleva a conocer pasados históricos y los relata precisamente entrelazando con la historia de vida de quienes vivimos.
Anotó que le llamó la atención que Hugo Martín presente dos triadas, las primeras José Agustín, Hugo Zuñiga y Fito, el dueño del Flamingo, de quienes relata su historia, o la de estatuas como la Germán Valdéz Titán vestido de Pachuco, que remite de lo que era el Acapulco a go go, Agustín Lara o el que esté desaparecida la estatua de Juan Gabriel.
En las 17 entrevistas que hay en el libro, describe, Hugo Martín hace un recorrido por distintas colonias de Acapulco, entrevista a hombres y mujeres, y que esas muertes que no aparecieron en el único periódico que persiste, El Sur, consideró que hay que darle seguimiento.
Asimismo que todas esas entrevistas coinciden en que ni el huracán Paulina en el 97, que fue toda una tragedia, ni Emmanuel e Ingrid, “nos había tocado algo como Otis”.
Adelantó que prepara un testimonial de mujeres porque también vivieron una condición adversa.
“Hugo transmite la desesperación y el sufrimiento de las personas afectadas, pero también la solidaridad y la fuerza de la comunidad”, anotó.
“Nos dejó una conciencia, las redes sociales han criticado lo que se vivió, no es solo del gobierno, también nosotros como sociedad”, reflexionó la académica.
Convocó a que nos transformemos en una oportunidad de vivir, “porque los que estamos aquí somos sobrevivientes de la pandemia, de Otis, y pensamos que ya nos íbamos a rendir cuando llega John”.
“Cuales son las causas del fenómeno, cuando antes se decía que el anfiteatro nos iba a proteger, el cambio climático”, afirmó.
Pidió transformarnos porque “vivimos del desastre, vivimos una devastación, se fueron muchas personas que queremos, todos nos vamos a ir, los que estamos, tenemos una tarea, es dejar un testimonio de lo que podemos hacer ahora”.
“Las necesidades de resignificar los problemas que dejó no solo los problemas físicos, la salud mental se recobra atendiéndose, reconocer que la tierra se expresa, se está expresando lo que le hemos hecho, a través de los siglos y de los años”, anotó.
Argumentó que podemos contribuir al cambio como cosas elementales, como separar llos desechos, el PET, las latas y “no a esperar que el Gobierno venga a limpiar mi escuela, mi casa, mi calle, sino cómo me organizo”.
“Es la tierra que está hablando, tenemos que escucharla, conectarnos con ella, con nosotros mismos”, analizó.
“A las inmobiliarias lo único que les ha importado es el dinero”, asistente
En la sesión de preguntas y respuestas, el autor aceptó que de Coyuca de Benítez le dedicó muy poco en el texto y se menciona como de pasada, de los apoyos, pues se concentró básicamente en Acapulco, cuando a Coyuca “también le fue de la jodida”.
Refirió un epígrafe de Carlos Monsivaís, para explicar lo que sucede con la zona Diamante, al igual que colocó otra seríe de epígrafes que son adhoc al problema, pero el de Monsivaís responde a la pregunta del asistente, que infiere que “nunca será tiempo de las ideas ecológicas porque perjudican a los grandes negocios”.
Argumentó que el neoliberalismo, en su etapa más decadente, más rapaz del capitalismo y que Acapulco padeció más de 36 años devastó todo, destruyó todo, no solo a la economía, a la sociedad, sino a los valores familiares, sociales, éticos y que convirtió al ser humano en una mercancía.
Que en el caso de la educación quisieron hacer de ese rubro una mercancía cuando todos saben que no lo es, sino es un derecho universal, humano y así lo destruyó todo el neoliberalismo.
En el caso particular de Llano Largo, explicó que fue un ejido, donde incluso el expresidente Carlos Salinas de Gortari reformó el Artículo 27 Constitucional para que el ejido se pudiera vender, porque recordó que el ejido viene desde la Revolución Mexicana y eso solamente se podía heredar de generación en generación.
Si se acude a ese ejido, dijo, quedó menos de la tercera parte, empobrecido, contaminada y el 70 por ciento de lo que fue el ejido lo compraron las inmobiliarias y se construyó e hicieron más vulnerable toda la zona.
Para él, cada temporada de lluvias, cada vez que viene la temporada de huracanes “es un verdadero desastre, por eso Carlos Monsivaís no se equivoca”.
“A las inmobiliarias lo único que les ha importado es el dinero y es decir cuando existía toda la zona Diamante, condominios, colonias, fraccionamientos, etcétera, etcétera, todo aquello era como dicen los antropólogos, cosmovisión, donde todos los habitantes que estaban ahí sabían a dónde iban a tomar el agua sus animales, dónde se tenía que sembrar, dónde se tenía que construir, dónde iban a pastar, etcétera, etcétera, entonces ahí no pasaba nada, pero llegaron las inmobiliarias, vendieron, empezaron a comprar y a comprar y hoy es un verdadero desastre”.
Reveló que cuando construyeron la Plaza Sendero, para que no se inundara subieron el nivel y entonces cuando llueve la plaza no se inunda pero todas las colonias de alrededor les mandan el agua para allá gracias a que hicieron bardas, desviaron canales, “hoy es un verdadero desastre todas esas colonias”, anotó.
“Así que no compren, no vayan a vivir para allá”, concluyó el autor.
