Cultura

El Chorro, unas cascadas en la sierra de Tixtlancingo, municipio de Coyuca de Benítez

El Chorro, unas cascadas en la sierra de Tixtlancingo, municipio de Coyuca de Benítez
  • Publishedjulio 29, 2014

Un velo de agua surca desde las altas laderas, rodeada de nubes, bosques de coníferas y rocas de tamaño descomunal, El Chorro una cascada enclavada en la sierra de la comunidad de Tixtlancingo, municipio de Coyuca de Benítez.

Bajo el caudal, dos pozas de tamaños no tan importante se forman, una profunda, en la otra, personas adultas o niños y niñas adiestradas en la natación pueden disfrutar de su agua helada que apenas he sumergido mis pies y en lo inmediato me remite a países nórdicos o a occidente, donde hay ciudades en la que algunas personas se bañan en aguas tremendamente congeladas.

Pareciera inconcebible que esta temperatura en el agua pudiera haber en un estado comúnmente identificado por su litoral costero, con clima por arriba de los 22 a 28 grados Celsius.

Incluso para los que vivimos aquí, nos genera asombro, no a los lugareños.

Para llegar verdaderamente se requiere de condición de deportista porque son cinco horas para ir y volver a pie a paso veloz, más el tiempo de estadía se debe prever.

La caminata partió de Platanillo, y la larga travesía te lleva a transitar de un bosque de encinos y ocotes a una densa selva tropical. Dos ecosistemas con sus microclimas, y una gran biodiversidad.

Existen especies de fauna, en peligro de extinción, tales como el venado de cola blanca, el jabalí, el jaguar, el gato montés, y el tucán.

Atraviesas huertas de mango.

Durante el trayecto, el cielo amenaza con lluvia. Se nubla el cielo, pero no cae el agua.

Una parvada de pericos, rompe el silencio y acompaña el viaje. La vereda te lleva a transitar por laderas inhóspitas.

Plan del Muerto, es el primer paso al que se llega, tras subir una loma poblada de pinos, encinos y ocotes.

De ahí a caminar parejo hasta llegar a Monte Alegre, donde se encuentran los vestigios de la primera casa que ocuparon los militares hace 70 años para cuidar a los trabajadores que laboraban en la colocación de la tubería lo que sería el acueducto que llevaría el agua al puerto. Luego, llegas al punto de Paso del Macho, y luego al río del Moyao, que antes de la tormenta Manuel era un “arroyito”, pero ahora la fuerza del agua abrió una zanja que se puede apreciar a los lejos desde la carretera Acapulco-Zihuatanejo, cuando circulas por el Cerrito de Oro. El derrumbe que se produjo arrasó con parte importante del cerro.

Es inevitable no pensar de cómo algunas autoridades gubernamentales no buscan aprovechar sitios como este, donde de acuerdo con lugareños como Daniel Vargas y Juan José Loeza Fermín, es usual que personas que practican el ciclismo de montaña de diversas partes del país recorren los caminos accidentados de este lugar de verde intenso y donde se aprecia un cielo azul profundo por la lejanía del smog usual en las grandes ciudades.

Este lugar ha generado conflicto, incluso en 2007 en la Cámara de diputados se discutió el conflicto por aprovechar el recurso entre las comunidades serranas aledañas a Coyuca de Benítez y el puerto de Acapulco, para el abasto de este elemento.

Por esa razón se describió que El Chorro es un escurrimiento de agua superficial de flujo permanente que se localiza a mil 300 metros sobre el nivel del mar, en el oriente del municipio de Coyuca de Benítez, a unos 30 kilómetros del puerto de Acapulco.

La Sierra de las Compuertas constituye su principal área natural de recarga de agua, debido a su abundante vegetación. Las lluvias se precipitan, se almacenan y se infiltran tierras abajo para dar cuerpo a la cascada de El Chorro sobre los terrenos comunales de Tixtlancingo.

El flujo principal de Tixtlancingo y una parte de los afluentes secundarios de ese sistema de recarga natural, que incluyen escurrimientos del ejido Platanillo, La Providencia, Taxajeras y otros alimentan a los ríos Aguacoxtla y Del Valle que desembocan en la laguna de Coyuca, en Coyuca de Benítez, y en los ríos El Zapote y La Sabana que a su vez desembocan en la laguna de Tres Palos, a orillas de la ciudad de Acapulco.

Se recuerda que a mediados del siglo pasado el gobierno federal construyó una pequeña presa para tomar agua y llevarla, mediante un acueducto de 18 pulgadas de diámetro a la ciudad de Acapulco, construyéndose otras presitas afluentes.

La concesión y Administración del sistema El Chorro fue otorgada por 50 años a un organismo público federal que con el tiempo se desconcentró al gobierno del estado y finalmente a la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA).

Este sistema hidráulico fue de los primeros que abasteció de manera sistemática a Acapulco hasta finales de los años 90. En virtud del alto costo que hoy día representa la rehabilitación del Acueducto, El Chorro, la CAPAMA da el mantenimiento para que solo fluya el agua para las comunidades rurales más próximas, en tanto que abastece de agua a las poblaciones urbanas a través de pozos someros construidos en los ríos La Sabana y Papagayo, cercanos a Acapulco.

Cuando la CAPAMA, planteaba rehabilitar el acueducto y renovar la concesión del uso del agua ante la Comisión Nacional del Agua (Conagua), y utilizar esa fuente de agua para las colonias urbanas de la periferia poniente de la ciudad, un sector de pobladores de Tixtlancingo y Platanillo, pregonando ser los legítimos dueños del agua, exigieron a la CAPAMA una indemnización por el uso del agua, en dinero o en obras sociales.

Frente a la presión de estos pobladores, en el 2003 la CAPAMA y las administraciones municipales pasadas de Coyuca de Benítez y Acapulco, se comprometieron a pavimentar el tramo carretero Bajos del Ejido-Tixtlancingo, sin embargo, sólo se atendieron 800 metros. Como respuesta al engaño gubernamental los habitantes de ambas comunidades volvieron nuevamente contra la CAPAMA.

Así, el 17 de abril del 2006 dichos pobladores rompieron la tubería del acueducto en el punto denominado Monte Alegre (ejido de Platanillo) e instalaron un plantón permanente, para así presionar a la CAPAMA a efecto de que cumplieran sus demandas, entre ellas la pavimentación de sus caminos de acceso.

Este acto no valió para la CAPAMA quien considera que este acueducto ya está caduco y no representa una fuente de agua para la ciudad. Además de que hay un adeudo, del Ayuntamiento de Coyuca de Benítez a la Comisión Nacional del Agua, de aproximadamente 3 millones 174 mil 316 pesos más multas por descargas de aguas negras.

Finalmente el conflicto quedó allí, ese sistema no abastece de agua a Acapulco.

Pero el lugar, recreativamente guarda una enigmática belleza que no hay que dejar de explorar. Recorrer la zona nos lleva a conocer que el sitio donde se asentó un cuartel del Ejército para disuadir todos aquellos movimientos sociales que no compartían con la idea del gobierno autoritario y corrupto, que sólo se aprovecha de los más pobres.

Testigo mudo de cómo se mantenía a paso de raya a los campesinos se encuentra una vivienda de adobe en la que se reguardaban soldados que llegaron a cometer los abusos más funestos, según cuenta Juan José Loeza, hoy la edificación está vencida por la naturaleza.

Hay un poco de mito en este recorrido, pues una de las tantas rocas que hay que observar, los lugareños la han bautizado como la frente del Diablo porque según cuentan Juan José y Daniel Vargas, algunos campesinos se les ha aparecido ese personaje extraído del imaginario de la colectividad. Cazadores o lugareños que por ahí transitan han dado testimonio de chiflidos que son oídos al llegar a ese punto, incluso hay quienes afirman que le han llegado a tirar con una piedra, que les mueven los árboles, incluso hasta el ruido de manada de animales bajando.

El área es propicia para el ecoturismo. Sin embargo, no hay la infraestructura adecuada. Al llegar a El Chorro, tras dos horas y media de camino, el torrente emerge de una enorme ladera; donde un conglomerado de nubes tapa la visibilidad, y se confunde con el bosque de coníferas de donde emana el agua. Un grupo de ciclistas de Ciudad Renacimiento que practican ese deporte extremo pernoctan en el lugar, provienen de Ocotillo, de donde se hacen tres horas para llegar al sitio que además es propicio para un día de excursión, acampar, y escalar por las rocosas laderas. Ese y otros afluentes que no encontramos en el camino surten el río Chiquito que baja por Aguas Blancas hasta llegar al río Coyuca.

(JORGE NAVA / ESPECIAL PARA COSTA BRAVA)

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