Acapulco. En la paradisíaca Costa Grande de Guerrero, conocida como La Costa Brava; la monotonía de la vida y las actividades económicas se rompieron por la llegada del virus Sars-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19. Los municipios y los ciudadanos que integran esta región han mantenido una lucha permanente contra la propagación de la epidemia china.
Hasta este martes en la Costa Grande se habían acumulado 19 casos positivos para el virus Sars-CoV-2, de acuerdo con datos de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud.
En los pueblos costeros la vida se desarrolla entre filtros sanitarios, la suspensión de actividades no esenciales y la incredulidad de un sector de la población que se resiste, y pone en duda la existencia de la pandemia, que ha generado una crisis en el sistema capitalista.
Esta ha sido una de las últimas regiones del estado en registrar casos positivos del virus: Coyuca de Benítez, Atoyac de Álvarez, Zihuatanejo y La Unión reportan estos. Pero son pocas personas las que han acatado las medidas de sana distancia y del aislamiento voluntario; las normas sanitarias se ven rebasadas y no se observa que estas sean tomadas con seriedad.
Es el municipio de Coyuca de Benítez el que concentra la mayor acumulación de casos positivos del virus. Son un total de ocho casos, y se han reportado un fallecimiento.
Seguido de Coyuca de Benítez; se encuentra La Unión de Isidoro Montes de Oca que colinda con el puerto más importante de México; Lázaro Cárdenas, que ya es parte del estado de Michoacán.
La Unión de Isidoro Montes de Oca tiene un acumulado cinco casos positivos, y ha registrado dos fallecimientos. Después de esta localidad se ubica Zihuatanejo en dónde se han contabilizado cuatro casos. Y por último el Atoyac en dónde se confirman dos casos, y deceso.
Retenes y filtros
A lo largo de la Costa Grande proliferan los anuncios del cierre de playas, lo que ha mermado y pegado durísimo los prestadores de servicios turísticos que hoy atraviesan una grave crisis económica.
Sobre la carretera federal al llegar al municipio de Atoyac de Álvarez aparece el primer retén que incluye a policías municipales, en el que toman datos de los ciudadanos en tránsito. El lugar de origen y hacia donde llegarán. Se procede a la sanitización de los vehículos. El personal todo usa cubrebocas.
Las entradas al poblado de Zacualpan están restringidas y un retén protege y cuida quien ingresa a la localidad. El mismo panorama se aprecia en otros pueblos costeros. Otro filtro sanitario se observa para ingresar a Hacienda de Cabañas; una hilera de vehículos aguarda su turno para entrar. El transporte público se nota disminuido, así como la circulación de particulares en toda la costa. Un punto de revisión más se ubica a la entrada de Técpan.
En los míticos San Luis San Pedro y San Luis La Loma la vida transcurre con relativa normalidad, se observan negocios abiertos. La producción de mango, que es fuerte en esa zona no cesa. Varios tráileres esperan a ser cargados de este producto. En tanto, la actividad turística en Bahías de Papanoa está detenida, y los restaurantes de El Calvario están cerrados. Las playas lucen solas.
A la entrada de Petatlán hay otro retén en el que hace presencia la Policía Estatal que acompaña a la gente que está en el filtro sanitario. El Santuario en honor a Padre Jesús está cerrado y la visitada ciudad que se llena de feligreses luce sola. Los locales se mueven en cuatrimotos que circulan por las calles. Los tráileres que bajan de la sierra cargados de madera ilegal no cesan. A los talamontes que históricamente se han aliado con los cárteles locales desde los tiempos del capo Rogaciano Alba; parece importarles poco la pandemia. Así entre el miedo, la zozobra y el escepticismo transcurre la vida en la Costa Grande.


