La cancha techada de la colonia Emiliano Zapata, un bastión popular donde el calor de Acapulco se siente como una losa de concreto, no fue esta mañana un espacio de «compañerismo».
Fue, más bien, un tablero de ajedrez donde las piezas —algunas de ellas consideradas «infiltradas»— volaron por los aires entre gritos de «¡Fuera!» y «¡Rateros!».
Eran pasadas las nueve de la mañana cuando la estructura de Morena en el puerto se citó para un acto estrictamente administrativo: la instalación del Consejo Municipal con los presidentes y secretarios seccionales.
Sin embargo, la armonía partidista se resquebrajó apenas la senadora Beatriz Mojica Morga cruzó el umbral del recinto. Su presencia, para un sector de la militancia identificado con la alcaldesa Abelina López Rodríguez, no fue un gesto de cortesía, sino una afrenta al estatuto.
El estallido: «Solo presidentes y secretarios»
La mecha la encendió Yolanda Domínguez, tía de la diputada federal Yoloczin Domínguez y enlace estatal de Organización. Con la firmeza de quien conoce el reglamento, Domínguez argumentó que la asamblea era exclusiva para la estructura de base. El mensaje fue el silbatazo inicial para una porra que ya tenía el dedo en el renglón.
—“¡Que se retire la senadora!”, —“¡Fuera Bety!”, rugieron las gargantas de los simpatizantes abelinistas.
La respuesta de la contraparte no se hizo esperar. Entre la multitud, los defensores de Mojica reviraron con una artillería de adjetivos: “¡Rateros!”, gritaban, mientras sentenciaban con una frase que resonaba contra las láminas del techo: “¡Abelina no va!”.
Por más de una hora, el orden fue una utopía. En el presídium, Marco Antonio Adame Bello, representante del Instituto de Formación Política, intentaba apelar a la historia. Habló de Hidalgo y Allende, de la Revolución Mexicana y de cómo las diferencias internas habían costado sangre al país en el pasado. “Este movimiento es pacífico, es sin armas, sin gritos”, decía Adame, mientras abajo, los gritos precisamente impedían que la «revolución de las conciencias» comenzara.
La asamblea sitiada
El ambiente era de un impasse eléctrico. La senadora Mojica, señalada por algunos presentes de estar «escondida entre guaruras», permanecía en el lugar mientras la asamblea se negaba a avanzar.
También hubo acusaciones de que estaban presentes funcionarios del gobierno municipal de Acapulco o trabajadores, como la secretaria de Bienestar, Flora Contreras, Ángel Vargas, Ángel Arellano, quien es identificado como secretario particular de la alcaldesa Abelina López Rodríguez, Alejandro López Sotelo director operativo de la Capama; el exregidor Pedro Manuel Vigueras Espino, ahora basificado en la comuna. Pero de acuerdo con integrantes del Comité ellos podían estar porque es domingo y si fueron elegidos como presidentes y secretarios, se justificaba su presencia.
Arturo Martínez Núñez, secretario de Ciencia, Arte y Cultura del CEN de Morena, llegó para intentar rescatar la jornada.
—“Yo no soy la fuerza pública, no puedo sacar a nadie”, se defendía Martínez Núñez ante la exigencia de la base de purgar el recinto.
El funcionario nacional, paisano de los presentes, oscilaba entre la diplomacia y la frustración. “Mientras nosotros nos hacemos balas entre nosotros, los de allá afuera se están lamiendo los bigotes”, advirtió, tratando de enfocar la atención en el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando una militante de la zona poniente tomó el micrófono para cuestionar por qué una aspirante a la gubernatura —en alusión a Mojica— estaba presente en una reunión de comités de base. La respuesta fue un caos de abucheos y aplausos que obligó a retrasar la toma de protesta.
El desenlace: Entre el quórum y el «brazo izquierdo»
Tras sesenta minutos de parálisis, el pragmatismo se impuso al conflicto. Arturo Martínez Núñez, tras consultar las listas de registro, dio el “manotazo” en sentido figurativo sobre la mesa: con 441 presidentes y secretarios presentes, existía quórum legal. A las 11:16 de la mañana, ignorando el ruido de fondo que aún pedía la salida de la senadora, se dio por instalado el Consejo Municipal.
El discurso final fue una amalgama de programas sociales y tareas operativas. Se habló de la beca «Rita Cetina», de la pensión para mujeres y del legado de López Obrador, discurso que aplacó los ánimos, lo mismo cuando Martínez Núñez habló de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Martínez Núñez impuso cuatro tareas a los nuevos dirigentes: buscar 100 convencidos por sección, convertirse en promotores digitales de WhatsApp, asistir a la formación política de Marco Adame y distribuir el periódico Regeneración.
—“Reunión sin tarea es como si no nos hubiéramos reunido”, sentenció Martínez, evocando al ex presidente.
Al final, bajo el sol incandescente de la Zapata, los puños izquierdos se alzaron dentro de la cancha de basquetbol.
La protesta se tomó.
