La descomposición política

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El hartazgo de la gente por la política y los políticos en general de todos los partidos ha derivado de la tremenda descomposición que hay en la corrupta, obsoleta y anacrónica clase política del país, y en el estado, es tal que se ha agudizado la crisis social existente al confirmarse con la matanza en Iguala y desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa la relaciones y complicidades existentes entre el crimen y los gobiernos, sin distingo de signos partidistas. Simbiosis, sin la que, no podría explicarse la impunidad con la que operan los delincuentes, incluso a plena luz del día.
Estos hechos, más los escándalos de corrupción en los que se han visto envueltos el presidente Enrique Peña Nieto, y sus secretarios más cercanos, Luis Videgaray, de Hacienda; y Miguel Ángel Osorio Chong, de Gobernación han menguado la de por sí escasa credibilidad de la clase política mexicana que parece llevar al país a una gravísima situación de inestabilidad que se traduce en inseguridad, violencia, pobreza, desempleo… y han crecido en los últimos años, y amenazan con desbordar la nación que parece no aguantar más la realidad que lo aqueja.
Coyuca de Benítez, no está exento de la descomposición generalizada que se vive; en este proceso electoral de 2015 tocará fondo y reflejará la baja participación de los ciudadanos que acudirán a las urnas por conciencia y voluntad propia para elegir una opción de gobierno. Apenas, un 30 por ciento de los ciudadanos guerrerenses empadronados han expresado en los últimos sondeos de opinión el interés de participar en las próximas elecciones donde habrá de elegirse gobernador, ayuntamientos, diputados federales y locales, en el resto, refleja la apatía y desinterés de la sociedad por la elección.
En los ciudadanos hay una reflexión sobre el sentido y el valor que tiene su sufragio en la modificación de las condiciones de vida existentes. El país, y Guerrero en particular parecen vivir un grave retroceso que ponen en duda la viabilidad de la democracia, como vía para mejorar el entorno social. Los ciudadanos, no creen mayoritariamente en la democracia porque los gobiernos emanados de ella, de las alternancias, solamente han ratificado las mismas prácticas obsoletas del viejo régimen, y sus viejas estructuras no han sido modificadas, solo cambiaron de siglas, y si acaso de nombres.
Sea cual sea el resultado de la elección, -que se antoja cerrado ante las defecciones suscitadas al interior de los partidos políticos sobre todo del PRI y el PRD- podemos anticipar que las nuevas autoridades carecerán de la legitimidad suficiente para el ejercicio gubernamental que necesita del consenso mayoritario de los ciudadanos; pero estamos en la antesala de la pulverización del voto y de la consiguiente división de la sociedad coyuquense que tiene ante sus ojos diversas opciones que representan intereses personales, empresariales y políticos que nada tienen relación con la satisfacción de las necesidades apremiantes y las añejas demandas de la sociedad.
La salida y ruptura al interior del tricolor protagonizada por Alberto de los Santos Díaz polarizará la contienda entre grupos priístas antagónicos que disputan el poder que han ostentado y han sido desplazados del ejercicio de los presupuestos municipales; los bandos ahí están, uno formal que lleva de candidato a Javier Escobar Parra, del PRI, empujado por el alcalde Ramiro Ávila Morales, y del PVEM, donde los grupos de los ex alcaldes priístas -el que será postulado-, y Diego Galeana apuestan al regreso de los privilegios perdidos de antaño.
El quiebre también toca a las puerta del PRD, ya de por sí extraviado, sin rumbo, y dominado por personajes ajenos a su ideología que llegaron a desplazar a los auténticos militantes de izquierda que eran el principal activo de esa agrupación; la postulación del diputado local con licencia, Víctor Salinas Salas –ajeno a las tradiciones de la lucha social- cayó como balde de agua fría a los otros cuatro precandidatos, el ex alcalde Merced Baldovino Diego; al ex candidato panista a alcalde, Francisco Navarrete Ávila, -que ya tiene su registro amarrado por el Movimiento Ciudadano-; el joven empresario ferretero, Gersaín Romero Lara, con un pie en el PAN; y Fulgencio Cruz López, quienes, como todo indica, ninguno se sumará al virtual candidato.
Así la lucha por el poder en Coyuca de Benítez marcha entre la ambición desmedida, el pragmatismo, el oportunismo y la demagogia; los ciudadanos no tienen ante sí opciones reales que garanticen un cambio de fondo que modifique las condiciones de vida de la sociedad actual. No obstante, el escenario nada halagüeño, hacemos votos para que los ciudadanos participen ejerciendo su voto en la jornada electoral del domingo 7 de junio, y que está se desarrolle en un clima de paz, y armonía.
Las campañas, transcurren sin mayores contratiempos, con las planillas de ayuntamientos registradas ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, están por entrar en la fase final. Parecen no levantar el ánimo ni entusiasmar a la ciudadanía; parecen ir entre las mismas ofertas trilladas de siempre, sin decir cómo harán para alcanzar esos planteamientos.
Es por ello, que tras la elección, los ciudadanos deben asumir un papel más preponderante, activo y participativo de los procesos gubernamentales, y en los mecanismos de toma de decisión, exigiendo y vigilando una mayor transparencia en la aplicación de los recursos públicos, y dando seguimiento al cumplimiento de las ofertas y compromisos que los candidatos electos ya en el ejercicio de sus funciones realizaron en campaña.