#Nos están matando. No al silencio.
Foto: Bernardino Hernandez
Misael Habana de los Santos.
.
Los periodistas no podemos trabajar bajo el miedo que imponen los fusiles, las amenazas, el hostigamiento de los grupos de poder, grupos armados o políticos.
Los periodistas tenemos que trabajar libremente con nuestra materia prima que es la información y con el alto objetivo de decir la verdad en una sociedad que se acostumbra cada vez más a la mentira.
No deberíamos acostumbrarnos a las amenazas, ni ver caer a nuestros compañeros por ejercer su trabajo y voy a decir algo trillado, pero aún no aceptado, la libertad de prensa y sus actores principales, los periodistas, son fundamentales para la democracia.
Sin libertad de prensa no hay libertades para nadie y se facilita la realización de la tiranía de cualquier tipo.
Apenas no hace más de dos meses fui a saludar a Javier Valdez Cárdenas. Mi amigo Ku Kirenio me invitó y me llamó a última hora, supe del cambio de lugar donde se presentaría el libro “El Narco Periodismo”, la última pieza escrita por el compañero corresponsal del diario nacional La Jornada con quién compartimos diversos encuentros siempre convocados por nuestra casa editorial.
La presentación del libro estaba programado en el parque de la reina, no sé por qué motivo se trasladó a la biblioteca central en el zócalo de Acapulco, hasta ahí una decena de lectores llegamos para conocer el trabajo de uno de los periodistas más valientes que he conocido y que se aferraba a seguir hablando del tema que viene matando al país entero, el narcotrafico , y que finalmente a él lo mató.
Valdez Cárdenas fue escueto y dejó hablar a los presentadores que, por cierto, alguno de ellos, dijo que no sabía escribir. Comentario que hizo escarnio sobre el autor de tremenda jalada.
Lo más importante al fin era el libro y los comentarios del autor sobre el tema y asuntos relativos a la actividad periodística que se vive en peligro.
El vato le entró al asunto con conocimiento y dijo entre otras cosas, que el narco ha entrado a las redacciones y funge en muchos casos más como jefe de redacción e información; que algunos reporteros trabajan con el narco por voluntad propia, por miedo o amenazados. Algunos hasta informantes gratuitos que trabajan con ellos porque conocen su virulencia y capacidad de fuego.
También reconoció que hay voceros de la delincuencia y trabajan para ellos. Y también dijo que los hay que informan de todo y sin compromiso con ningún grupo delincuencial. La barbarie de su muerte este lunes 15 de mayo en Culiacán viene a confirmar que su pluma era de los últimos criticos y que se expresaba a través de su columna MalaYerba que publicaba RíoDoce el periódico que dirigía en Sinaloa.
Tocó de alguna manera la falta de autocrítica entre quienes ejercemos este noble oficio, la escasa discusión al interior de nuestras organizaciones, universidades y redacciones sobre lo que estamos haciendo.
La cacería de periodistas debe parar con protocolos que den seguridad para que podamos ejercer nuestro trabajo.
La protección de periodistas es un asunto de Estado y, no porque lo digamos los periodistas, sino por la importancia que tiene el periodismo en la sociedad.
La amenaza a la libertad de prensa se cierne desde las redacciones mismas por los patrones que cuidan los convenios gubernamentales como parte de sus otros negocios que son extraperiodisticos; desde los políticos y sus partidos que se aferran a los fuertes negocios que deja la corrupción donde la administración pública es vista como botín; de los empresarios que burlan al consumidor y, por supuesto, del enemigo cada vez más visible, la delincuencia organizada y su asesina capacidad de fuego, que se combina, con la complicidad de los grupos armados del gobierno, las policías y el Ejército.
Cuando escribo estas líneas siento temor… pero me digo a mi mismo: Nos están matando. No al silencio. Ningún periodista más.

