Una crisis ecológica silenciosa avanza sin tregua sobre la laguna de Coyuca de Benítez.
Lo que históricamente ha sido un pilar de biodiversidad, protección costera y sustento económico para las comunidades locales, hoy muestra un avanzado estado de deterioro.
El ecosistema se encuentra atrapado en una combinación letal de devastación climática por huracanes recientes, quemas provocadas y el abandono institucional.
Durante un recorrido en lancha por los canales de la laguna guiado por Antonio Alemán, se pudo constatar la magnitud del desastre.
Kilómetros de lo que solía ser un denso refugio para aves y especies marinas se han transformado en un cementerio de madera seca y maleza invasiva.Las evidencias fotográficas documentadas en la zona revelan un panorama desolador.
En los puntos más críticos, el canal se vuelve casi intransitable. Troncos de mangle caídos de gran tamaño —muchos de ellos con cortes visibles y ramas secas entrelazadas— obstruyen el paso del agua y de las embarcaciones.
Grandes acumulaciones de ramas secas y deslavadas se apilan a los costados de la laguna, conviviendo con parches de vegetación que han comenzado a perder su verde característico para dar paso a tonos marrones, señal inequívoca de deshidratación y muerte del ecosistema.
En algunas zonas, los pobladores tienen que bajar de los botes y caminar con el agua a los muslos para intentar limpiar o liberar los accesos de las raíces expuestas y la acumulación de sedimentos.
«El ecosistema ha cambiado drásticamente con el paso de los años y la falta de atención», explicó Alemán durante el trayecto.
El impacto va más allá de lo visual; la degradación del manglar rompe el equilibrio natural, disminuyendo drásticamente la población de peces y alterando el hábitat de aves residentes y migratorias.
Esto golpea directamente la economía de las familias locales que dependen de la pesca artesanal y el turismo ecológico.Los manglares operan como filtros naturales de agua y como la primera línea de defensa de la costa ante los embates de tormentas y huracanes.
Sin embargo, la noción de que la naturaleza puede regenerarse sola está chocando con una realidad donde la intervención humana —a través de la quema de terrenos— y los fenómenos meteorológicos extremos superan la capacidad de resiliencia del entorno.
Mientras el deterioro avanza sin ruido, los habitantes de la zona insisten en que es urgente visibilizar la problemática antes de que el daño sea irreversible.
La falta de programas de saneamiento, reforestación de mangle y vigilancia para evitar las quemas clandestinas mantiene a la laguna de Coyuca de Benítez en un estado de vulnerabilidad crítica.
La documentación de esta zona no es solo un registro del desgaste, sino una denuncia pública y un llamado de auxilio para las autoridades ambientales antes de que este pulmón ecológico de Guerrero se seque por completo.
Créditos de imágenes: Asgard Tinajero / Registro documental en zona de desastre.
