Opinión

LA PIEDRA DE TOQUE

  • Publishedoctubre 2, 2014

A la memoria de José María Pérez Gay (1943-2013)

Periodista, diplomático, escritor, traductor y hombre de pensamiento universal.

 

El nuevo mercado municipal puede convertirse en un importantísimo detonante del crecimiento económico. El desarrollo y culminación de este proyecto ha sido acompañado desde el principio por actos de buena fe que han confirmado que era desde siempre una idea sana, colectiva y esperanzadora. Las seis hectáreas de terreno donde está instalado fueron vendidas por el profesor José María Alcaraz López; era una productiva huerta de cocoteros en las tierras más fértiles de la región. Cuando el maestro Chema supo que el terreno sería para el mercado lo entregó prácticamente en menos de la mitad de su precio. Si con la fundación de la primera escuela secundaria en Coyuca de Benítez tenemos una deuda de gratitud con Chema Alcaraz, con la disminución consciente del precio de su terreno aumentó esa deuda a un coyuquense ejemplar y visionario. El proyecto del mercado nació con un acto de buena fe que después fue multiplicando otras acciones en el mismo sentido por parte del gobierno y los particulares. El presidente Alberto de los Santos reunió las cooperaciones de los locatarios durante dos años y con ellas se le pagó al maestro Chema el precio de su huerta. El presidente Merced Baldovino Diego interpretó bien el proyecto que tenían los locatarios, lo hizo suyo y consiguió que el gobernador Ángel Aguirre también se enamorara de él (del proyecto, claro).

El proyecto nació con una clara orientación privada; las tierras fueron escrituradas por los comerciantes y al firmar su ingreso al padrón como nuevos locatarios se comprometieron a pagar cantidades variables de dinero por cada local, que a su vez recibirían de una financiera. Otro acto de buena fe, ahora del gobernador Ángel Aguirre, modificó ese esquema: los locales se entregarán sin ningún costo a sus concesionarios. Queda claro que el mercado surge sin pasivos, que absorberá el gobierno estatal, que invirtió en esta obra 92 millones a fondo perdido. Sería un contrasentido que una obra que nace con estas características fuera administrada por un grupo de personas ajenas a la administración municipal. El mercado deberá ser a partir de ahora una dependencia municipal, con lo cual los sucesivos actos de buena fe encontrarán un gigantesco efecto multiplicador. Veamos.

En primer lugar, el mercado agrega valor a las tierras aledañas a su microrregión; no sólo es una bendición para los locatarios, a partir de ahora las parcelas y terrenos vecinos multiplican por cuatro su valor comercial. Cuando se realiza una obra de esta naturaleza es normal que los políticos (es decir, los que tienen el privilegio de la información) compren las tierras aledañas antes de la construcción y comiencen a venderlas al triple de su costo al momento de estar terminada la obra. En Coyuca no se dio ese fenómeno (lo que quiere decir que tenemos políticos muy pendejos, porque honrados no creo). Al terminarse la obra, la plusvalía que genera en el espacio territorial será para campesinos o personas que han mantenido pequeñas parcelas de tradición familiar; qué bueno, se lo merecen por haber tenido paciencia y conservar ese patrimonio para sus familias.

El efecto de aumentar la plusvalía se va a reflejar en el mediano plazo en un aumento considerable de la captación de impuesto predial por parte del municipio. Es un dato alentador para unas finanzas municipales maltrechas por la crisis que ha afectado a todos los sectores productivos. El mercado no tendrá un gasto mayor de mantenimiento en sus primeros años, eso hará que las cuotas que necesariamente tienen que cobrarse a los locatarios se conviertan en ingresos frescos para el municipio.

La zona que hasta hoy ha sido el centro comercial de Coyuca (que debe distinguirse de su centro histórico: iglesia, palacio, zócalo, cancha y edificio de telégrafos) no se convertirá en una zona fantasma; al contrario, una vez concluida la remodelación (que debe ser rápida e indemnizando en forma cabal a los afectados) la amplia vialidad que resulte volverá a quedar en el centro de la zona comercial, que abarcará de la bomba de agua potable hasta un kilómetro después del nuevo mercado, yendo a Acapulco. El resultado neto de la creación de esta obra será el relanzamiento total de la cabecera municipal al mundo de la producción, la cultura y los negocios, fundiendo en uno solo el centro histórico, cultural y comercial. Alrededor del parque central florecerán negocios de nuevo tipo, que hoy no tenemos, como restaurantes, cafés, pequeñas salas de cine, centros culturales, gimnasios, salas de baile, librerías, producción y venta de artesanías, salas de juegos de mesa como el ajedrez, salas de internet, de exposiciones artísticas y una gran variedad de comercios que se agreguen a los tradicionales.   En los planes de expansión que tiene la Universidad Autónoma de Guerrero siempre ha estado la instalación de una escuela profesional en Coyuca de Benítez; es el momento de ir por ella y que se instale en el centro cultural.

Si ese sueño se cumple (y no hay motivos para pensar lo contrario) el parque central deberá llevar el nombre de una persona que hizo mucho por la cultura y la educación coyuquenses; propongo desde ahora el del profesor y licenciado José María Alcaraz López, en el entendido de que el suyo resume a todos los nombres de los hijos de don Gonzalo Alcaraz y la señora María López, que hicieron de la educación un apostolado y que sin su concurso y contribución no se entendería el desarrollo cultural del municipio. Nada tiene que ver en esta propuesta el hecho fortuito de que el nuevo mercado se construyó en la huerta que era del profesor Chema, pero como todas las cosas trascendentes de la vida, quiere el destino que con el nombre del parque los coyuquenses devolvamos aquel gesto de desprendimiento de bajar el precio de su huerta de modo que pudiera adquirirla el municipio. Ese gesto sólo podía hacerlo un hombre que conocía la cultura universal, que dominaba varios idiomas y que viniendo de una familia de campesinos y ganaderos pudo escalar no en los efímeros mundos del poder o del tener, sino en el que trasciende generaciones y deja huella profunda: el saber.

Hago aquí una digresión: los lector@s que deletrean mis garabatos de vez en cuando creen que leen al que firma los ensayos. Se equivocan, leen a todos los que han participado en mi formación profesional y humana; desde mis lecturas infantiles, los ejemplos malos y buenos de mis mayores y la influencia constructora de muchos hombres y mujeres con los que la vida me ha juntado. Uno de ellos fue el ingeniero Manuel Mesa Andraca, cuya dirección en Chilpancingo le da nombre a una de mis columnas; otros son los profesores Alcaraz López, sobre todo Chema, maestro del aula y de la vida.

El efecto multiplicador del nuevo mercado será en todo el municipio y de muy largo plazo. Ya tenemos varios datos positivos: aumento de la plusvalía del terreno en una amplia franja prácticamente sin construcciones, incremento en el mediano plazo de la captación de impuesto predial; pero hay otros igual de trascendentes. El nuevo edificio será un activo del municipio, que junto con la obra de captación de agua limpia por gravedad que se está construyendo harán que cualquier calificadora otorgue buenas notas a una evaluación del ayuntamiento. Una buena calificación crediticia hará que el gobierno coyuquense pueda acceder a financiamiento barato y a la disputa financiera por recursos concursables a fondo perdido, como los que tiene el Banco Mundial en materia de cuidado del agua. Estoy seguro que el titular de finanzas del ayuntamiento ya está trabajando en este sentido; un trámite así le puede otorgar a Coyuca a finales de este año una calificación crediticia superior a cualquiera que obtenga otro municipio guerrerense.

Con el mercado aumentan los ingresos municipales, con la construcción de la línea de agua por gravedad disminuyen severamente los gastos porque el sistema de agua potable ya no pagaría la energía que requiere para el bombeo del líquido. Financieramente estamos en el mejor de los mundos posibles, tenemos la mejor perspectiva económica del municipio. Eso es lo que una calificadora evalúa, la perspectiva crediticia. Si se hacen bien las cosas la calificación de Coyuca no será de Triple A, que quiere decir ‘adecuada situación crediticia’, tendrán que inventar una que signifique: ‘suertudotes, mejor no pueden estar’.

Termino este ensayo con una reflexión. Hay palabras que van cayendo en desuso porque las modas políticas y los estilos de los personajes cambian. Antes chocaba la facilidad con la que un político mencionaba la palabra continuidad; como todos eran del mismo partido, eran igual de ojetes (aclaración: las palabrotas no me las enseñó el maestro Chema, las aprendí en la Benemérita Universidad Autónoma de la Vida), se tapaban con la misma cobija y utilizaban las mismas palabras para nombrar las cosas (aunque muchas veces ni sabían lo que querían decir). El que entraba alababa al que salía y afirmaba que continuaría con pasos agigantados el desarrollo. Desde que comenzó a haber una verdadera disputa electoral los políticos comenzaron a olvidarse de la palabra continuidad, de la necesidad de proseguir, concluir y conservar la obra del gobierno anterior. A ningún político que sale del puesto le valoran bien su obra; al contrario, tratarán de minimizarla y si pueden le achacarán todos los males del mundo. Hay una evidente mezquindad en aquellos que dicen ‘soy el único que hace escuelas, hospitales y carreteras’. El pueblo sin embargo tiene memoria y finalmente valora a sus gobernantes y los pone a cada quien en el lugar que merecen.

En el caso de la construcción del mercado y de la línea de agua potable por gravedad, que serán, durante algún tiempo, las más grandes y productivas obras de Coyuca de Benítez hay un evidente lazo de continuidad, pero ningún político pronuncia esa palabra maldita, no quieren reconocer ni con el roce húmedo de sus labios, esa política necesaria, aunque la ejecuten. Es más fácil para el mezquino decir ‘antes de mí, el diluvio; después de mí, el diluvio’. Pero la gente debe saberlo, en Coyuca estamos ante la consumación de una buena política por alcaldes que no fueron mezquinos con su pueblo. Si Betín de los Santos lo hubiera sido, en vez de guardar escrupulosamente las cuotas de los mercaderes para comprar su terreno se hubiera chingado el dinero, ‘al fin que ya voy de salida’, y el proyecto no hubiera podido ser iniciado. Ante la majestuosa obra final su grano de arena puede percibirse pequeño, pero fue el primero y en materia de construcción, como en comer, como en rascar, lo importante es comenzar. Si Merced Baldovino Diego hubiera tenido mezquindad tampoco hubiera apoyado tanto un proyecto que él no había iniciado y que él tampoco inauguraría; sin embargo se impuso la cordura y la buena fe y a unas horas de concluir su mandato puso también la primera piedra de la obra de agua potable por gravedad, cuyos recursos se obtuvieron cuando pagó la enorme deuda que el municipio tenía con la Conagua; en reciprocidad, como es regla en esa dependencia, devolverán esos fondos en una obra de la cual los coyuquenses nos sentiremos orgullosos dentro de dos años.   La buena política de continuidad encuentra un buen broche de oro en la sinceridad y decoro con que Ramiro Ávila expresó su beneplácito y el de todos los ciudadanos por una obra que será la piedra de toque, el botón de arranque del nuevo desarrollo coyuquense.   Estamos ante una muestra muy clara de que cuando el político actúa con buenos razonamientos el esfuerzo colectivo se potencia y los recursos rinden frutos multiplicados. La continuidad debería ser un preciado patrimonio de los gobernantes. Por más que lo intente, nadie puede sepultar en el olvido la buena obra de sus antecesores; así como ninguna actitud, por chistosa que parezca, puede ocultar la mezquindad del alma.

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