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Los trabajos y los días

  • Publishedoctubre 9, 2016

Zapata 21

Octavio Augusto Navarrete Gorjón

Los trabajos y los días

(Segunda de tres partes)

 

III

La explicación metodológica no implica desdeñar la invitación de varias personas que ofrecen al cronista información valiosa. Atender este tema puede ir acompañado de la revisión de estilo que ya comenzamos; que por cierto no es sólo una revisión ortotipográfica: se trata de una revisión a fondo que implica el cuestionamiento de capítulos completos con el objetivo de hacer del trabajo un documento legible. De nada serviría el esfuerzo institucional y personal si el material resultante es arrumbado en un rincón de donde nunca se saca para hacer una lectura. Por fortuna tenemos la experiencia de nuestros ensayos, que son demasiado largos pero que mucha gente lee completos. Por la gran cantidad de información histórica y numérica que tiene la monografía no es posible que pueda convertirse en novela; sin embargo voy a agotar los esfuerzos para que sea leída incluso de manera sólo recreativa. En eso estamos.

Hay un capítulo que resultó bastante extenso y especializado, se trata de la bibliografía comentada sobre el tema Coyuca de Benítez.  Dos prestigiados académicos que lo leyeron me convencieron de quitarlo de la monografía y publicarlo como un trabajo aparte. Es un recorrido por la metodología, las escuelas historiográficas y los estilos que han dominado la historia guerrerense. Como todo trabajo que se respete, la monografía llevará su bibliografía, pero no agregaremos los comentarios, que son cuarenta cuartillas de carácter muy académico.

Mientras tanto, todas las personas que consideren que poseen información valiosa seguirán teniendo mi atención. Los informes que puedan darme serán bienvenidos y enriquecerán el trabajo.

De los ensayos publicados más recientemente varias personas me han corregido y aportado datos relevantes. Enumero algunos:

–          Uno de los Pilatos más elocuente del simulacro de la Pasión de Cristo fue el licenciado Boanerges Guinto Bernáldez, que generalmente realizó el papel con Emperatriz Galeana (QEPD) como Claudia.  Tuvo una segunda temporada escenificando el papel, en las últimas representaciones, allá por 1994. Como todos sabemos, el abogado Boanerges es, junto con el licenciado Efraín Zúñiga Galeana y Álvaro Díaz Camplis, uno de los mejores oradores que ha tenido Coyuca de Benítez.

–          La esposa de don Josafat Leyva Aguirre que montaba obras de teatro y la Pasión de Cristo se llamaba Hilda Alarcón, era profesora.

–          Don Fidel Aguilar no fue pastor, sino obrero laico de su iglesia cristiana.

–          Don Candelario Ríos sí cobraba cuotas adicionales a las personas que le vendían copra;  recursos que después aportaba para las obras que construyó como la iglesia de Espinalillo en honor a la Virgen de la Candelaria. No sólo le cobraba a sus clientes, también a sus trabajadores. Cuando estos protestaban diciendo que ellos no utilizarían la escuela por la que les hacían los descuentos, él les respondía con un argumento demoledor: ¿Y tus hijos no irán a ir a esa escuela?

–          El gringo Roger no corrió cuando lo mató Timoteo Marín, como erróneamente escribimos hace un mes. Estaba sentado en su escritorio cuando Timoteo se levantó en armas.  Lo que molestó a Marín fue que para salvarse el señor le ofreció dinero (cosa que relato en el diálogo que recreo).  Timoteo le dijo algo así como ‘no vine por tu dinero, vine por la revolución’, y le disparó con una .45 de piña (revólver) a la boca del estómago.

–          Los primeros pobladores asiáticos que se asentaron en lo que hoy son La Barra, El Bejuco y Las Lomas eran náufragos de la Nao de China (o Galeón de Manila, es lo mismo). Sin embargo en la ‘Guerra de los Pasteles’ un contingente de soldados filipinos se asentó también en esa zona. Estamos investigando qué vinieron a hacer desde tan remotas tierras. De ese segundo repoblamiento desciende don Merced Balanzar (aunque aquí ya había ese apellido, también el De los Santos, el Zúñiga y el Guinto).

–          Tres personas me han dicho que es falso el dato que apunto en el trabajo sobre la Feria de la Palmera en el sentido de que en la planta aceitera de Coyuca se procesaban diariamente 200 toneladas de copra. Dicen que serían unas ciento cincuenta, que las otras cincuenta toneladas provenían de una contabilidad fraudulenta de algunas cargas; el camión que las llevaba era pesado varias veces en la báscula.  El cronista estaba muy lejos de Guerrero en ese tiempo, no puedo descartar ni aceptar los comentarios.

–          La maestra Enedina Cárdenas me contó una parte de la historia de su abuelo, don Rosendo Cárdenas, que fue el primer presidente de izquierda en el municipio, postulado por el Partido Obrero Acapulqueño (POA); juró el mandato el mismo día en que Juan Ranulfo Escudero, desde su silla de ruedas, protestaba como presidente de Acapulco por segunda vez. También me contó la historia de un burro prieto que se apareció en ese lugar a mediados de los años 40’ del siglo pasado y al que los chamacos le colgaron toda clase de utensilios. En ese tiempo dijeron que era la personificación del mismísimo demonio (¡Ay güey!).

–          El eminente médico práctico Benjamín Linares Escalante me dice que el gringo Sam Kir llegó a Coyuca en 1937, no en 1942, como erróneamente lo publicamos.

–          La esposa del gringo, doña Margarita Aguirre murió asesinada en lo que es ahora el andador que sube al barrio de los Serna desde la cancha municipal.  Antes habían asesinado a su hija en una obra de teatro en plena fiesta de San Miguel Arcángel; allí la Cuma Chayo (Rosario Aguirre, sobrina de doña Margarita) recibió un tiro en el codo que le dejó una mano tiesa para el resto de sus días).

Como podemos ver, las aportaciones de la gente son muy valiosas, facilitan y enriquecen el trabajo. Otra conclusión obvia, que mucho alegra al cronista, es la siguiente: están leyendo nuestros materiales. Lo mejor es que esa lectura se hace con espíritu crítico y por eso se están animando a darnos información y a investigar por su cuenta. Cuando comenzamos este trabajo andábamos solos y nos negaban información; en los días que corren hay cuando menos unas quince personas o grupos de personas que están investigando temas que seguramente enriquecerán el trabajo o los estudios que después se realicen. Destaco desde ahora el exhaustivo trabajo del profesor Agripino Fajardo, de San Nicolás, que está por completar el árbol genealógico de la familia de doña Faustina Benítez y de don Juan Álvarez.

El devenir de los relatos ha hecho que mucha gente se interese por sus propias historias familiares.  Puede decirse sin falsa modestia que se ha creado un ambiente cultural que seguramente será benéfico para la comunidad y que en los años que vienen nos dará muchos cronistas (hombres y mujeres) que investigarán mejor que el de la pluma y redactarán con más elocuencia las historias grandes o pequeñas con las que se encuentren. Construir su propia historiografía es algo que propicia el avance civilizatorio de cualquier sociedad.

Es tiempo de aclarar que en el curso de las investigaciones el cronista no tuvo ningún tipo de presión de carácter ideológico, religioso o político. Tanto el actual presidente Javier Escobar Parra, como el anterior, Ramiro Ávila Morales entendieron perfectamente que el trabajo académico e intelectual requiere de la más absoluta libertad.  Sólo en ese ambiente de libertades puede realizarse plenamente una investigación de carácter histórico que involucra a una comunidad muy plural en todos los sentidos.

IV

 

El trabajo ya no puede prolongarse; el cronista ha llegado al límite de su productividad: cuando comencé a redactar, en una sola sentada de cinco horas producía hasta nueve cuartillas; hoy puedo estar ocho horas frente a la máquina de escribir y sólo produzco uno o dos párrafos. Es tiempo de hacer el corte y dejar las historias, que seguiremos encontrando, a otros que tengan el tiempo, la vocación y el oficio para penetrar en los apasionantes caminos de la historiografía.

Las últimas semanas han sido pródigas en acontecimientos que llaman la atención del cronista; ocuparme de esos temas contemporáneos me distrae del trabajo principal y a veces pierdo el hilo de las narraciones. Sólo tengo una opción para terminar la monografía: no escribir sobre otros temas que le restan tiempo a la investigación histórica. Es por ello que les comunico a mis dos o tres lectores que suspenderé la publicación de mis ensayos en los medios que me ofrecen espacio; los continuaré hasta que le ponga el punto final a la monografía. Lo que siga después ya no será responsabilidad del cronista; el trabajo será revisado por un Consejo de la Crónica que deberá convocarse para que tenga su primera materia de trabajo en la revisión de la monografía.  Después de incorporar sus observaciones tal vez se mande a imprimir.

 

 

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