En un puerto que continúa reconstruyendo sus cimientos tras los embates climáticos, la cultura se erige como una herramienta de sanación y encuentro comunitario. La residencia artística e intercambio cultural entre el espacio potosino Casa Canera y el centro cultural acapulqueño Demina concluyó sus actividades, dejando una huella de colaboración y resistencia a través de las artes visuales.
El proyecto, impulsado a través de la iniciativa Colocao, permitió que jóvenes creadores de San Luis Potosí presentaran propuestas individuales y colectivas en tierras guerrerenses.
Bajo la tutoría de docentes como Melissa Salazar, conocida artísticamente como «La Niña del Volcán», de 26 años, la formación brindó becas integrales a estudiantes desde los 14 años que habitualmente enfrentan barreras de acceso a la educación artística formal.

Las propuestas exhibidas abordaron temáticas complejas de la juventud contemporánea, abarcando desde la salud mental, dinámicas familiares y procesos de introspección, hasta la exploración del deseo y la diversidad de cuerpos en la comunidad LGBT.
Una de las piezas integradas en la muestra, desarrollada por el artista Orlando «Break» Acosta, de 25 años, utilizó la fotografía instantánea bajo el título No toques, solo mira y disfruta, explorando la vida nocturna y el autoconocimiento en entornos urbanos.
Más allá del montaje expositivo y los talleres comunitarios impartidos durante las dos primeras semanas de agosto, el núcleo de esta iniciativa radicó en la creación de redes de apoyo mutuo entre ambas regiones.
