Inviable su proyecto a la gubernatura por la corrupción: Ríos Piter REDACCIÓN

Va a generar una movilización colectiva contra la impunidad, dice

Ríos Piter con su esposa, Alexandra Zenzes durante la conferencia de prensa.

Ríos Piter con su esposa, Alexandra Zenzes durante la conferencia de prensa.

 

REDACCIÓN
Al declinar sus aspiraciones a ser postulado candidato a gobernador por el PRD, el senador Armando Ríos Piter consideró que su proyecto es inviable por la corrupción, que a través de redes de complicidad, asegura el mantenimiento de la perversión política en Guerrero, y afirmó estar convencido de que a los 43 normalistas de Ayotzinapa los desapareció la corrupción y la impunidad imperante.
“Hoy, en Guerrero y el país, corrupción significa desapariciones forzadas, violación a los derechos humanos y “el luto humano”, del que habla José Revueltas. Miles de familias han perdido patrimonio, negocio, empleo y tranquilidad por la corrupción”, resaltó Ríos Piter en la rueda de prensa para anunciar su retiro de la contienda por la gubernatura.
A ello agregó: “Corrupción es sinónimo de empobrecimiento de millones en beneficio de unos cuantos, compra de voluntades y manejo clientelar de las políticas públicas. Así, la corrupción en Guerrero se ha convertido en la peor forma de violencia”. Por ello, dio a conocer su decisión de dedicar sus esfuerzos a una movilización amplia y colectiva contra la corrupción y la impunidad.
A continuación se reproduce el mensaje el senador Armando Ríos Piter:
Agradezco la asistencia de ustedes, representantes de los medios de comunicación, a esta reunión, con el propósito de informarles que he tomado la decisión de no participar en el proceso electoral como posible candidato a gobernador del estado de Guerrero.
A lo largo de este proyecto político he contado con la solidaridad y apoyo de miles de mujeres y hombres que creen en la alternativa de un gobierno de izquierda que verdaderamente lo sea, que se ocupe de políticas sociales de fondo, actúe con transparencia y rendición de cuentas y gobierne con la sociedad. Hoy, este proyecto es inviable por la corrupción que, a través de redes de complicidad, asegura el mantenimiento de la perversión política en Guerrero.
Estoy convencido que a los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa los desapareció la CORRUPCIÓN y LA IMPUNIDAD imperante: CORRUPCIÓN, pues fueron policías amafiados con criminales quienes los atacaron; IMPUNIDAD, por el silencio cómplice que aún se mantiene en todos los órdenes de gobierno.
Hoy, en Guerrero y el país, corrupción significa desapariciones forzadas, violación a los derechos humanos y “el luto humano”, del que habla José Revueltas. Miles de familias han perdido patrimonio, negocio, empleo y tranquilidad por la corrupción.
Corrupción es sinónimo de empobrecimiento de millones en beneficio de unos cuantos, compra de voluntades y manejo clientelar de las políticas públicas. Así, la corrupción en Guerrero se ha convertido en la peor forma de violencia. Es la traición de la autoridad a la confianza del gobernado, que mantiene en vilo la vida de los ciudadanos, se apropia de sus bienes, agrede su tranquilidad personal y los somete a la ley del más fuerte.
Guerrero es un lugar de contradicciones y de encuentros. De propuestas y participación en la transformación nacional. De marginación lastimosa y riquezas maravillosas, de cacicazgos sangrientos y luchas esperanzadoras. Las raíces históricas de mi estado y sus más significativas luchas sociales, están vinculadas con ideas de reivindicación y propuestas populares. La historia de la izquierda en el país no podría entenderse sin Guerrero.
Desde la guerrilla campesina de Lucio Cabañas en las zonas más intrincadas de la sierra en la Costa Grande, hasta Othón Salazar en la Montaña con las demandas del magisterio democrático. Desde las luchas por los derechos humanos en casos como el de Rosendo Radilla, hasta la organización indígena para impartir seguridad y justicia comunitaria. Hoy nuestro país atraviesa por una crisis económica y de legalidad, pero sobre todo de moralidad. Actuar para resolver esta crisis es responsabilidad de la izquierda.
El principal problema nacional es que la ética ha quedado supeditada al pragmatismo político. La búsqueda del poder por el poder también ha trastornado los ideales originales de izquierda. Empezamos criticando al poder y acabamos replicando sus vicios. Fuimos como partido la conciencia del país en el pasado reciente, pero rápidamente nos hemos convertido en parte del problema, en lugar de ser la solución. Hoy tenemos que hacer un alto en el camino, hacer un profundo ejercicio de autocrítica y rectificar la ruta.
Hay quienes piensan que para alcanzar el poder hay que construir un acuerdo pragmático a costa de lo que sea, con el fin de alzarse con el triunfo electoral. No comparto esta visión.
Promover ese acuerdo, es olvidar que no hay política sin principios, y que al margen de ellos, no hay izquierda posible. Un partido de izquierda es para la transformación social, y ésta no se pacta con la corrupción y la impunidad. No puedo borrar de mi mente el comentario de una mujer que nos dijo en Guerrero: “La policía ya no cuida a los ciudadanos, sino cuida a los delincuentes porque les pagan mejor”.
Los hechos del 26 de septiembre en Iguala desnudaron, frente a la sociedad mexicana y frente al mundo entero, una terrible realidad. Hay políticos que se amafian con los criminales para llegar al poder, y después cumplir compromisos por los apoyos recibidos.
Tres meses después, la sociedad no tiene respuestas claras ni certeza de que se haya castigado a los criminales de aquella noche imperdonable. No se han tomado decisiones contundentes contra la colusión entre crimen y política. Pareciera que el gobierno federal apuesta al olvido. Lo que millones de mexicanos perciben a partir de lo ocurrido en los últimos meses, es que la simulación, la insensibilidad social, la inmoralidad pública asoman el rostro desde la propia autoridad.
Hoy más que nunca, la sociedad exige ética en la política; servicio verdadero y no simples promesas. Hombres y mujeres transparentes en las listas; ejercicio autocrítico de los errores de gobierno para garantizar que no volverán a ocurrir; complicidad CERO. Señoras y Señores, Amigos de los medios de comunicación
Para garantizar esta visión, es necesario un acuerdo entre todas las fuerzas de izquierda, las partidistas y las no partidistas. Me refiero a una izquierda que hoy en diferentes partidos como el PRD sin distingo de corrientes, Movimiento Ciudadano, Partido del Trabajo, Morena, con los liderazgos morales y cientos de organizaciones, tiene una responsabilidad histórica que cumplir.
¿Cómo vamos a vencer el autoritarismo, la corrupción y la impunidad si estamos desunidos, sin contundencia que le de energía y respaldo popular a nuestra propuesta ética? ¿Cómo vamos a enfrentar con éxito la pobreza y el desempleo si no cerramos filas para combatir la compra de votos y el manejo clientelar de la política social del que son presa los que menos tienen, por la necesidad y marginación en que viven?
¿Cómo vamos a darle seguridad y justicia a los ciudadanos si estamos fragmentados, somos presas de criminales que si actúan en conjunto y someten en lo individual? Las fuerzas políticas de izquierda, unidas, deben ponerse del lado del movimiento social, dialogar con sus integrantes y organizaciones. Tender puentes que permitan pasar de la crisis a la construcción conjunta de soluciones. La problemática es tan compleja y el reto tan trascendente, que todos debemos despojarnos de intereses personales o de grupo.
El proyecto en el que pienso para transformar Guerrero no es cuestión de una sola persona. Es un proyecto colectivo: se necesita articular una base social contra la corrupción. Para resolver los problemas de la gente, para recuperar la confianza perdida, para salir a las calles a presentar una propuesta que involucre y que movilice las conciencias, se requiere construir un esquema que no requiera de pactos oscuros.
Por estas razones he decidido dedicar mis esfuerzos a una movilización amplia y colectiva contra la corrupción y la impunidad. Reitero mi reconocimiento y gratitud a las muchas voluntades que han apoyado el proyecto de gobernar Guerrero y que me han sostenido por encima de todos los aspirantes de todos los partidos. Al Movimiento Jaguar y los jóvenes que lo nutren con su entusiasmo. No hay desánimo y debemos seguir en la importante tarea de combatir la corrupción. Que hoy cancela futuro y ata a la violencia, dejando sin oportunidad a las nuevas generaciones. Que no se olvide: Guerrero es un territorio con esperanza, y de Guerrero depende la esperanza del país. Muchas gracias