Zeferino

BAJO FUEGO

José Antonio Rivera Rosales

A querer o no, la probable irrupción de Zeferino Torreblanca Galindo en el proceso electoral en ciernes modificará sustancialmente el escenario político que parecía estar ya digerido por la cúpula de los partidos políticos.
Versiones confiables apuntan a que el ex gobernador de Guerrero se prepara para insertarse en el proceso de selección de candidatos que contenderán por la alcaldía de Acapulco en el proceso comicial de 2015.
Sea cual fuere el partido que lo postule, la cuestión es que la participación de Torreblanca cambiará de un plumazo el escenario político que las dirigencias formales de la clase política comenzaban a planchar, con el fin de presentar candidatos más o menos consensados por las tribus y los grupos políticos.
En fecha reciente, los oportunistas dirigentes del Partido Acción Nacional -léase Andrés Bahena Montero- habían considerado “un honor” que Torreblanca los eligiera para contender por la alcaldía porteña. (Ya vimos la efectividad de este sujeto cuando de la nada construyó la candidatura de Elizabeth Gutiérrez Paz a la alcaldía de Tierra Colorada, pasando por encima de Nelly Pastrana, quien contaba con todas las preferencias dentro y fuera de ese partido para ser la candidata).
Lo más insólito, empero, es que el ex alcalde de Acapulco sería postulado nada menos que por el Partido Revolucionario Institucional, lo que daría un vuelco fenomenal a las aspiraciones de otros pretensos que se consideran a sí mismos con las prendas suficientes para aspirar a la presidencia municipal porteña, la joya de la corona en cuanto a cargos de elección popular en Guerrero se refiere.
Algunas fuentes bien informadas diseminaron en la víspera la versión de que Zeferino estaría en tratos con la cúpula priista para ser postulado como candidato a la presidencia municipal de Acapulco, la que disputará a sangre y fuego contra los aspirantes que hasta ahora se han visto como punteros de otros institutos políticos, particularmente del PRD.
De caminar formalmente este tipo de acuerdo, con bastante probabilidad estaría patrocinado por la dupla Manuel Añorve Baños-Manlio Fabio Beltrones, para aguarle la fiesta al gobernador Ángel Aguirre Rivero.
Por si quedara alguna duda, ¿han observado, amigos lectores, cómo de súbito la diputada Julieta Fernández de Añorve guardó silencio sobre el tema electoral? Inclusive, se guardó lo de una conferencia de prensa -comentada en corto a algunos cercanos- donde denunciaría supuestos abusos de la familia Aguirre.
Por el PRI, el joven diputado Rubén Figueroa Smutny se presenta como el aspirante a la alcaldía más combativo, más crítico, que ha asestado duros golpes mediáticos al actual alcalde Luis Walton Aburto, a quien no baja de ladrón y falsario. La artillería de Figueroa Smutny parece tener un triple objetivo: golpear al único aspirante a la gubernatura que podría unificar a la izquierda (¿izquierda?, ja, ja), preservar así a quien resulte ser el candidato de su partido y, al mismo tiempo, posicionarse en el ánimo del mercado electoral.
Pero con el arribo de Zeferino al escenario, el joven diputado tendrá que redirigir sus baterías de fuego graneado hacia el interior de su propio partido, porque entonces habrá caído en cuenta que el enemigo está adentro.
La eventual postulación de Torreblanca Galindo haría pedazos al candidato que surja de las filas del Partido de la Revolución Democrática, sea quien sea. No se diga a candidatos de otros partidos políticos (¿?), que por dignidad debieran abandonar la contienda para no resultar avergonzados.
De manera más específica, esa postulación con seguridad está dirigida a combatir la postulación del imberbe diputado Ángel Aguirre Herrera, a quien la clase política en el poder prepara para postular como candidato perredista a la alcaldía del puerto de Acapulco.
Como ya se dijo, con las tablas que tiene, Zeferino golpeará de forma despiadada a Aguirre Herrera, quien en modo alguno podrá competir contra un adversario de tal naturaleza.
Con todo, Zeferino no las tiene todas consigo: desde los tiempos de José Francisco Ruiz Massieu, durante su faceta de líder empresarial Zeferino se apoyó en los medios para construirse una imagen a modo. Cuando arribó a la alcaldía, hizo un papel decoroso que le permitió ampliar sus horizontes. Pero cuando finalmente llegó a la gubernatura mostró su rostro verdadero -intolerancia, rencor, soberbia-, lo que lo llevó a convertirse en un mandatario déspota, con la diferencia de que siempre fue analfabeta funcional. Esto es, jamás fue un déspota ilustrado, calificativo que en su momento endilgó a JFRM.
Durante su mandato, Torreblanca Galindo se enemistó con los medios de los que se valió para acceder al poder, así como de la izquierda social que en todo tiempo lo respaldó. Su administración se caracterizó por el reordenamiento administrativo, pero no avanzó más allá de la fase gerencial. Es decir, administró pero nunca gobernó.
El resultado -por cierto, con algunos cuestionamientos formales por desvíos de recursos durante su gestión-, fue un fiasco para los guerrerenses. La región de La Montaña, por citar un caso, se empobreció aún más durante los seis años de gobierno de ZTG.
Su fracasado intento por construir un nuevo partido político parece no ser suficiente para convencerlo de que los guerrerenses ya no lo quieren aquí. Les falló a pesar de que prometió lo contrario.
Sin embargo, su experiencia política -especialmente su habilidad para confrontar, emanada de su soberbia- lo impulsan a esta nueva aventura política en la que dará al traste con los planes del gobernador Aguirre Rivero y la clase política que lo acompaña.
Desde luego, con su irrupción otros suspirantes podrían verse beneficiados, como algunos agazapados que medran en el gobierno estatal y el del municipio de Acapulco.
Como expresaba hace algunos días un experimentado analista: “Pobre Guerrero, pobre Acapulco”.