Política y deuda pública

Zapata 21

I

Todo mundo sabe que el problema principal de Acapulco es su deuda pública. La totalidad de la deuda municipal fue contratada por el gobierno actual, al año de asumir el poder. Manuel Añorve comenzó el endeudamiento a una velocidad sorprendente; el cabildo le autorizó tres líneas de crédito sin ningún problema y el congreso del estado avaló dichas solicitudes con lo cual los bancos completaron los requisitos formales para otorgar los créditos. No está por demás decir que el endeudamiento acapulqueño coincide con la desaforada carrera de Añorve a la gubernatura; intento que naufragó estrepitosamente el 30 de enero del año pasado.

La deuda acapulqueña es legal, fue necesario contratarla y es imprescindible ocuparse del asunto desde una perspectiva positiva, no prejuiciada por la visión política, sino procurando la solución de un problema acuciante que, si no se atiende, puede causar un retraso considerable del desarrollo del puerto. Este ensayo pretende cuando menos plantear la perspectiva del asunto y apuntar el método para enfrentarlo en el mediano plazo, mientras se encuentran soluciones de fondo.

II

La deuda tiene características muy peculiares. Aunque la aprobación de los créditos fue pública, en estos momentos nadie sabe a ciencia cierta su monto; el de la pluma llevó la cuenta hasta los 730 millones de pesos, aproximadamente, los candidatos a la presidencia municipal debatieron el tema hablando de una deuda de mil millones. No es asunto de cifras; sea cierta una cifra u otra, el problema es grave y el primer requisito para atenderlo es la claridad.

Como puede verse, la deuda municipal no tuvo seguimiento. Muy monos, los regidores aprobaron los créditos y después se mantuvieron al margen de su aplicación y el cumplimiento de los pagos. Por lo tanto, lo primero que tiene que hacerse es clarificar el monto del endeudamiento, sus tasas de interés y su calendario de pagos.

El monto de la deuda debe ser del orden de los 730 millones de pesos. Para ser mayor (de mil millones, como han dicho los candidato) debió haber ocurrido una de dos cosas: que se haya conseguido el crédito por 300 millones que solicitó Añorve después de su derrota electoral; lo cual sería muy grave porque implicaría que los diputados pudieron haber dado la autorización en una reunión clandestina o que algún banco haya autorizado el crédito sin el aval del congreso. Lo primero es muy improbable porque los diputados no pueden reunirse para esos efectos fuera de su recinto legislativo. Lo segundo sí es bastante probable; en este caso los bancos habrían incurrido en un grave error que ronda los límites de la legalidad: otorgaron créditos sin que el municipio tuviera calificaciones y sin que fueran aprobados previamente por el órgano legislativo. De confirmarse esta probabilidad sería una buena noticia para los acapulqueños, porque el municipio no está obligado a pagar una deuda contraída de manera ilegal. Esa parte de la deuda será la más soberana, pero al mismo tiempo la más ilegítima.

La otra cosa que pudo haber ocurrido es que ahora la deuda es de mil millones no por nuevos créditos, sino porque el municipio dejó de cumplir sus compromisos financieros; es decir, Acapulco está en suspensión de pagos, por lo cual la presidenta no ha tenido problemas para pagar la nómina. Hace seis meses me dijo un funcionario de alto nivel que estaban a días de declarar la moratoria. Puede ser que no estén pagando y que tanto el municipio como los bancos guarden celosamente el secreto por las graves implicaciones que traería un anuncio de esa naturaleza.

III

Otra característica que hace atípica a la deuda acapulqueña es que fue contratada cuando la administración municipal había perdido las calificaciones crediticias. El 17 de diciembre de 2009 la Fitch Raitings emitió un comunicado que anunciaba la baja de la calificación del municipio de Acapulco, que de A+(Mex) descendió a A(Mex). Aunque se conservó el estatus de “alta calidad crediticia” (entre otras cosas POR SUS BAJOS NIVELES HISTÓRICOS DE DEUDA DIRECTA CON RESPECTO A SUS INGRESOS), la nota de Fitch era una llamada de alerta; se daba a conocer al público el 17 de diciembre, pero tres meses antes ya se tenían los datos, donde resaltaba un incremento de casi 26 por ciento en el gasto corriente, debido a “gastos personales”, seguido de los servicios de difusión e información en el rubro de Servicios Generales.

Siguiendo escrupulosamente su código de ética, la calificadora no dio a conocer los datos inmediatamente, sino meses después de que se los mostró a las autoridades. Con las cifras iban las recomendaciones: disminuir el gasto corriente (sobre todo servicios personales y publicidad). Por supuesto que un político como Manuel Añorve no iba a hacerle caso a las recomendaciones, a pesar de la advertencia nítida de la calificadora, que decía: “si en el futuro continúa la tendencia creciente del gasto operativo o se contratan altos montos de endeudamiento, la calificación pudiera modificarse nuevamente” (obviamente, a la baja, ON).

Fue debut y despedida, el municipio decidió prescindir de los servicios de las agencias calificadoras. En diciembre de 2009, cuando se daban a conocer los datos de septiembre, el ahorro interno estaba en 12 por ciento en el papel (Félix Salgado lo había dejado en 35 por ciento de los Ingresos Fiscales Ordinarios), en la realidad, ya no había un solo peso de ahorro interno.

Las calificaciones crediticias se solicitan para conseguir créditos; son el equivalente a los certificados de libertad de gravamen en el caso de los créditos hipotecarios privados. Se califica el “riesgo crediticio”, de tal forma que una buena calificación facilita la obtención de préstamos y los bancos la premian con tasas de interés preferenciales; una mala calificación es castigada con intereses altos porque los bancos piensan que son créditos riesgosos. Por ello sostengo que resulta más caro no tener calificaciones que pagar por ellas.

En Acapulco fue al revés: el gobierno de Añorve primero perdió las altas calificaciones obtenidas por Zeferino Torreblanca y mantenidas (e incluso superadas) por los dos gobiernos perredistas que le siguieron. La de Acapulco cae en el rango de “deuda soberana”; es decir, conseguida sin certificaciones y por consiguiente, castigada con altas tasas de interés. Como dijimos arriba, es posible que una parte de esa deuda sea incluso ilegal (si no fue autorizada por el congreso).

IV

Frente al problema del déficit público nuestros políticos están reaccionando con reflejos muy lentos y con una visión muy rudimentaria. El gobernador Aguirre está pidiendo la cancelación de la deuda pública guerrerense; Luís Walton, que dentro de cien horas será presidente electo de Acapulco, afirma que la deuda acapulqueña es impagable y que solicitará su condonación. Usando otras palabras lo hizo público en el mitin de cierre de campaña de López Obrador.

Ambas visiones comparten una esmerada justificación moral e histórica, que nos habla de la deuda con los estados del sur, de las contribuciones que hemos hecho los guerrerenses para construir y defender el país que tenemos y muchos otros argumentos válidos desde el punto de vista de la historia y de nuestra idea de nación.

Pero ambas visiones son inviables en el corto plazo. En primer lugar, las fórmulas y ecuaciones con las que se calculan las partidas federales ya tienen integradas las llamadas deudas sociales (que correctamente, en el sur llamamos históricas); incluyen los déficit de desarrollo humano como la pobreza, la marginación, el producto per cápita y varios datos más que hacen que los estados del sur (Oaxaca, Chiapas, Guerrero) salgan siempre beneficiados en el reparto del pastel federal.

El caso de la deuda pública guerrerense es distinto al endeudamiento acapulqueño. El déficit guerrerense sí puede condonarse; de hecho así ha ocurrido sin que se vocee el hecho porque despertaría suspicacias de otros gobiernos estatales. Zeferino Torreblanca no pagó un solo peso de deuda pública en todo su sexenio; ésta le era condonada cuando se revisaban los esfuerzos para abatir el déficit en la SEG (que consiste básicamente en que el estado tiene que cubrir por cuenta propia 45 días adicionales de aguinaldo que la Federación no reconoce). Sólo lo apunto de pasada, ese no es el tema; aunque no está por demás decir que el problema de la deuda pública guerrerense es dinámico y no estático: se condona hoy y dentro de quince días vuelven a aparecer las plazas que no se reconocen y la parte proporcional del aguinaldo que se pagará en diciembre. Si fuera estático el asunto sólo se requeriría una condonación y no tantas vueltas de noria que significan las tediosas negociaciones cada vez que no hay recursos suficientes para cubrir plazas y días adicionales de aguinaldo.

V

La deuda pública debe atenderse con una visión patriótica y de largo aliento. Ese no es un tema para espíritus mediocres (la frase no es mía, la pido prestada a mi médico José Luís Serna). Se trata esencialmente de restablecer la confianza de los ciudadanos, de los bancos y de los otros dos órdenes de gobierno. De ganar la presidencia de la república, cosa altamente probable, López Obrador podrá ayudar en el rescate de las finanzas acapulqueñas; pero será hasta dentro de un año, un poco después de que tome posesión. Antes, se requiere que el nuevo gobierno, los ciudadanos y los bancos hagan lo que se tiene que hacer para serenar el asunto y darle una perspectiva de solución que nunca será en el corto o mediano plazo. El mismo López Obrador dijo en el zócalo que la nueva administración necesita aplicar un plan lacónico de austeridad republicana; ya sabía de la petición del gobernador para condonar la deuda pública guerrerense, por eso dijo: “te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro”.

La austeridad no alcanza, es simbólica, apenas una muestra de buena voluntad del gobierno con su sufrida ciudadanía. Se necesitan medidas integrales; la deuda debe renegociarse y desagregarse escrupulosamente. Si hay deuda ilegal (sin aprobación del congreso) es obvio que esa será la última en pagarse y con tasas negativas de interés (es decir, por debajo de la inflación).

Ya dijimos que toda la deuda acapulqueña es soberana, fue contratada por una administración que carecía de certificaciones crediticias. Ahora podemos completar la frase: aparte de soberana, toda la deuda acapulqueña es deuda chatarra; al contratar esos créditos, los bancos incurrieron en graves errores financieros y en violación de sus códigos de ética; es incluso probable que hayan violado protocolos internacionales para este tipo de endeudamiento. Si otorgaron créditos a un gobierno sin calificaciones (pongamos la frase exacta: a un gobierno descalificado), asumieron un riesgo por cuenta propia y deben asumir sus costos. No es casualidad que los bancos guarden silencio frente a la probable moratoria acapulqueña; se están tomando su tiempo y esperan claridad política para realizar sus lances. Qué casualidad que nada digan mientras ciudadanos y candidatos discuten el tema con pasión sarracena. ¿Por qué no toman alguna iniciativa? ¿Por qué tienen tanta mesura? En fin ¿Por qué no se ponen picudos?. Está claro que los bancos juegan el fascinante ajedrez de la política y que su silencio es una forma discreta de hacerse una autocrítica, de reconocer que cometieron un error al prestarle a quien no debían y que violaron sus propias reglas cuando entregaron créditos sin certificaciones.

Una vez desagregada, la deuda acapulqueña debe bursatilizarse (¡uf, qué verbo); es decir, la deuda debe seguir jugando el juego financiero en que la metieron los bancos (no el gobierno acapulqueño). Aquí es donde entra la política fina. Si hoy se pusiera en la Bolsa de Valores la deuda acapulqueña, los papeles se pudrirían sin que nadie les hiciera caso. Se necesita una firma que envíe señales claras a los mercados, de alguien que sepa del tema y que tenga prestigio como negociador de deudas y como administrador. El de la pluma conoce a dos personas que reúnen esas cualidades; uno es un político fuera de circulación, pero el otro goza de cabal salud. Cuando en los títulos de la deuda acapulqueña esté la firma del contador Carlos Álvarez Reyes, los bancos e inversionistas se pelearán por ellos.

Carlos Álvarez encabezó la renegociación de la deuda guerrerense hace seis años y al estampar su firma en esos papeles le ahorró al estado de Guerrero 420 millones de pesos. Todavía el gobernador Torreblanca tuvo reparos ¿Y si suben las tasas? – le dijo a su secretario de Finanzas – . – No subirán – le dijo Álvarez Reyes, pero se dio a la tarea de buscar un seguro (y lo encontró) que cubriera esa eventualidad. Las tasas de interés nunca se han acercado al límite que haga posible una intervención externa y el pago de los intereses excedentes.

Carlos Álvarez es frío y didáctico en sus negociaciones, también es duro, como la piedra del Tlalcoyunque. Ya me lo imagino negociando con los banqueros: a ver joven, ¿Por qué concedió créditos a quien no tenía calificaciones? ¿Qué no fue a la escuela? ¿No se enteró de los comunicados que se publicaron por internet? Ese es el tipo de interlocución que respetan los bancos, alguien que hable su propio idioma y a quien conozcan como un administrador inflexible (es el único secretario de finanzas que intervino la caja de un hotel para cobrar el predial). A los banqueros no los va a convencer un Evencio Romero o cualquiera de los políticos chicharroneros y matraqueros que abundan en la fauna guerrerense. (A propósito de Evencio Romero, fue incluido por el partido Movimiento Ciudadano en la lista segura de diputados plurinominales. Ese es un argumento de peso que debemos usar los que apoyamos la construcción de la presa La Parota; siempre hemos dicho que es una obra que traerá muchos empleos; por lo pronto ya le conseguimos uno a este sinvergüenza)

Finalmente, una buena renegociación de la deuda debe incluir el abatimiento de los compromisos onerosos de corto plazo, que deben ser cambiados con deuda blanda de largo plazo. Desgraciadamente el municipio seguirá necesitando recursos frescos y mientras se arreglan las finanzas no hay otro camino que recurrir a los bancos.

En el ataque frontal a la deuda acapulqueña debemos contar con los mejores hombres y mujeres para esta empresa. Tal vez no sepamos todavía a ciencia cierta quien será el próximo (o próxima) presidente municipal, lo que muchos sabemos es que sea quien sea, Carlos Álvarez Reyes debe ser el secretario de Finanzas. Sobra decir que el propuesto no es hombre de reyertas; no buscará culpables, sino soluciones. Completo la propuesta: el problema es acuciante y no puede esperar los tiempos políticos; las nuevas autoridades asumirán el cargo el 1 de septiembre, el secretario de finanzas debe nombrarse antes. Si el presidente fuera un hombre no ampliaría la propuesta; pero es una dama y de las mujeres hay que esperar nobleza y generosidad (no por nada son las únicas que saben parir). Doña Verónica Escobar se alzaría por encima de la grisura a la que la someten los intereses políticos que postergaron una presidencia que le tocaba desde hace un año si en un gesto de generosidad y responsabilidad republicana, la mañana del lunes 2 de julio se pone en contacto con quien resulte ganador de la contienda electoral del día anterior para pedirle adelantar el nombramiento de titular de finanzas. Esa sería la primera buena señal para los mercados; con ese sólo acto de congruencia política y responsabilidad Verónica Escobar tendría ya un lugar en nuestra historia. De esa forma, el nuevo presidente tendría tiempo para diseñar una estrategia que permita anunciar pronto la prórroga de pagos, el adelgazamiento de las obligaciones, la bursatilización y todo lo que se tenga que hacer para solucionar el problema del endeudamiento.

VI

Dijimos “los mejores hombres y mujeres de Acapulco”. Si Luís Walton hubiera ganado la presidencia en cualquiera de sus intentos anteriores hubiera encontrado un municipio sin deudas. Hoy, que está punto de culminar su tenaz persecución resulta que tendrá muchos más problemas de los que han tenido todos los anteriores presidentes municipales juntos. No fue mala suerte, es obra de la Divina Providencia; si hay un personaje cuya biografía reúna las características que se requieren para una empresa del tamaño de la que enfrentará el próximo presidente, ese es Luís Walton Aburto.

Cuando con grandes sacrificios la familia Walton terminaba tres recámaras para que sus hijos, que dormían en hamacas colgadas de almendros, durmieran con mayor decoro, el camión que manejaba el jefe de familia se quedó sin frenos y causó destrozos y una matazón en Las Cruces. El padre de Luís manejaba un camión a pesar de que tenía una pierna inservible, producto de la lesión que sufrió en una noche de aventuras (esa es la razón por la que Walton, aún antes de ser político, regalaba muchas sillas de ruedas y bastones). Después del accidente, la madre de Luís alquiló las recámaras nuevas a los turistas y los hijos siguieron durmiendo en las hamacas que colgaban en el patio de su casa.

Luís Walton supo alzarse frente a la adversidad, retar a la vida y salir airoso en una proeza que vieron todos los acapulqueños. Conozco a varios que todavía lo recuerdan cargando su tina de pescados y entrar a ofrecerla a los comerciantes y restauranteros. Su trabajo y un poquito de suerte lo hicieron que topara con personas que confiaron en él y le cambiaron la vida. Es dueño de una de las fortunas más respetables de Acapulco; respetable en todos los sentidos: por su tamaño y porque fue hecha sin trucos, a la vista de todos.

Su hoja de vida es justo lo que necesita este momento acapulqueño. Sólo requiere que se le explique bien el problema y rodearlo de toda la solidaridad que se pueda para que enfrente el desafío sin achicarse. El estadista no se hace en la comodidad, la frivolidad o el glamour; el estadista se hace en la adversidad cuando pone la mirada en un punto muy alto y logra superar lo que otros no harían. El pueblo acapulqueño conoce el tamaño de los problemas que enfrentará el próximo presidente; estará dispuesto a cualquier sacrificio y seguirá a su líder si ve que este actúa en congruencia con lo que dice. Sólo cuando alguien tiene el tamaño de un estadista es que puede iniciar un mandato constitucional parafraseando a alguien que dijo lo mismo hace setenta años, en parecidas circunstancias, en otro país. Es una frase cuyos ecos todavía se escuchan y que resumen la templanza, la disposición de ánimo, el espíritu de lucha y el enfrentamiento con una adversidad que debe ser derrotada: “a los acapulqueños sólo les ofrezco sangre, sudor y lágrimas”.

CORREO CHUAN

El correo chuan trae noticias financieras y de política, dice que la deuda acapulqueña es chatarra bursátil y que los bancos no deben intentar pasarse de vértebras. También pregunta el chuan muy respetuosamente al señor rector Villegas Arrizón cuándo la Universidad Autónoma de Guerrero entregará el doctorado Honoris Causa al Contador Público Carlos Álvarez Reyes, que no tuvo que ir a Harvard u otra universidad prestigiada para ser el mejor fiscalista guerrerense, orgullosamente egresado de la Universidad Autónoma de Guerrero. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.