Mis motivos esenciales

“Hubiera dado cualquier cosa por estar con ellos cuando derrotaron a Febronio de Brito – susurró, como si dijera palabras de amor – . Me he pasado la vida luchando y sólo he visto traiciones, divisiones y derrotas en nuestro campo. Me hubiera gustado ver una victoria, aunque fuera una vez. Saber qué se siente, cómo es, cómo huele una victoria nuestra” (Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo, pág. 174)

 

                                               I

   Las elecciones federales y locales del 1 de julio constituyen una oportunidad para escoger no sólo quién nos gobernará los próximos seis años; no es exagerado afirmar que por las opciones que disputan la presidencia de la república, la decisión que tomemos los mexicanos compromete como nunca el futuro de la nación.

   A estas alturas del proceso las cosas se han decantado y la decisión final escogerá entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Creo incluso que estas dos opciones no tienen sólo que ver con el nombre o el partido en la boleta electoral; la irrupción masiva de un poderoso y creativo movimiento estudiantil y juvenil ha hecho que los mexicanos podamos ver que la disputa va más allá de las candidaturas. Los jóvenes irrumpieron con la estridencia propia de sus movilizaciones porque creen, con razón, que los medios masivos de comunicación querían imponernos un candidato como si se tratara de un concurso de belleza. Hace tres meses todos daban por descontado el resultado de la elección; hoy, el candidato del glamour y la frivolidad trata de mantenerse a flote en aguas turbulentas. Los mexicanos, sobre todo los jóvenes universitarios que con su alegría y creatividad inyectan aire fresco a esta coyuntura, tenemos ya un triunfo indiscutible: no permitimos que la sucesión presidencial se convirtiera en un juego frívolo. En pocas palabras: no dejamos que Televisa y el PRI nos hicieran pendejos con un muñeco de peluche.

                                                     II

   Mi voto a la presidencia de la República será por Andrés Manuel López Obrador. El tema del día es si sus propuestas son económicamente viables; en un sentido u otro opina todo mundo, unos dicen que son viables, otros que no, yo que quién sabe. Ese es otro indicador de la correlación de fuerzas; López Obrador impuso la agenda y hoy todos los que opinan lo hacen en torno a sus propuestas. Soy ajedrecista y me apasiona también el estudio del arte de la guerra; por esos dos ingredientes de mi formación personal, sé que en el ajedrez, como en la política (recordemos que la guerra es la continuación de la política por otros medios, según Clausewitz) gana quien impone las condiciones de la batalla, quien obtiene la iniciativa y fuerza al contrario a hacer jugadas previsibles. López Obrador impuso la agenda, encabeza la discusión, sus propuestas son las que se discuten y sería muy extraño que con ese enorme avance posicional fuera abajo en las encuestas.

   Creo que las fuerzas de izquierda vamos a ganar la elección presidencial. Ya era hora, el neoliberalismo está en retirada en toda América Latina y las naciones hermanas caminan por senderos de paz y desarrollo. Basta volver la mirada a Brasil, Chile y Argentina para ver todo lo bueno que puede resultar que la izquierda se haga cargo de los destinos nacionales.

   Sin embargo, no hay que descartar la posibilidad de una derrota (me refiero a una derrota legal, no a un fraude). En este caso, estaré sereno porque habré perdido con un excelente candidato, incuestionable en su honestidad y que tiene una visión muy nacionalista y muy cristiana del mundo. López Obrador es el único que utiliza algunas palabras y frases que habían caído en desuso; como la palabra “patria”, como la frase “amor al prójimo”. Tampoco usa eufemismos; a los pobres les llama pobres, no “sectores menos favorecidos por el desarrollo”. Es de resaltar ese estilo; cuando decimos “sectores menos favorecidos por el desarrollo” pensamos que ha habido desarrollo y que si hay algunas familias que no les alcance para comer es por un olvido involuntario de los que gobiernan o porque son indolentes o perezosos; en cambio, cuando decimos “pobres” pensamos inmediatamente en la variante más brutal de la injusticia; cuando empleamos esta palabra tan fea, inmediatamente pensamos que a muchos no les alcanza el gasto aunque trabajen todos los días, mientras otros siguen siendo ricos aunque todo el día se la pasen en la hamaca rascándose las talegas.

   Si a pesar de tener la mejor propuesta y la visión de país más humanitaria, López Obrador fuera derrotado en las urnas, aceptaré con tranquilidad la decisión de mis compatriotas y pensaré que esta batalla la perdemos junto a hombres y mujeres de la talla de Juan Ramón de la Fuente, Elena Poniatowska, Cuauhtémoc Cárdenas, René Drúcker, Jorge Eduardo Navarrete y tantos mexicanos de prestigio y honestidad a toda prueba que acompañan al tabasqueño en su lucha política. En todo caso, seguiremos luchando.

                                                     III

   En la boleta para senador de la República votaré por el PT; es decir, por los candidatos postulados desde la izquierda; por Armando Ríos Píter y Sofío Ramírez Hernández. Votaré por ellos por dos razones: para que el presidente López Obrador tenga mayoría para impulsar sus propuestas en el Senado, y también porque es una forma de apoyar el nuevo consenso guerrerense que encabeza Ángel Aguirre Rivero.

Un resultado favorable apoyará al gobernador, dejándolo bien posicionado para resolver los graves problemas del desarrollo guerrerense. Pero en caso de derrota nacional, si pasamos a los dos senadores postulados por la izquierda, opondremos un fuerte valladar a cualquier intentona restauradora en Guerrero. La votación para senadores de la República es la que marca el consenso guerrerense; será el mejor indicador para prorrogarle la confianza a Ángel Aguirre o, si somos derrotados, será la luz de bengala que anuncie a los restauradores que pueden intentar cambiar el rumbo de nuestra historia.

   Por eso el voto cruzado era una estupidez. Pretender menguar el triunfo de Ríos Píter aunque Sofío Ramírez no pasara (ya habría tiempo de que entrara por Humberto Salgado, esa era la ecuación) significaba aflojar todas las trincheras de la izquierda. En toda la propaganda nueva de Ramírez Hernández están los colores del PRI, su viejo partido. Da la impresión de que ya no quería ganar la elección y que prefería plegarse a las absurdas conspiraciones palaciegas que tanto les gustan a nuestro polítiquillos. Parece ser que se han corregido las intenciones de cruzar votos traicionando a López Obrador; los políticos olieron a tiempo el triunfo del tabasqueño. De todos modos, en la izquierda vemos mucho más lejos que los mezquinos intereses de algunos candidatos; a Sofío Ramírez hay que hacerlo senador; hay que hacerlo ganar, aunque no quiera.

                                                     IV

   Unos más que otros, todos los aspirantes a la presidencia municipal de Coyuca de Benítez son mis amigos; de todos ellos he recibido atenciones y mucho respeto. El dato dificulta un poco la toma de decisiones electorales; en mi caso juega la ideología, el programa, la historia personal de cada candidato, su formación, su carácter y su modo de actuar.

   El candidato del Movimiento Ciudadano, Efraín Ramos Ramírez es el hermano que no tuve. La frase no es de ahora, la publiqué por primera vez hace cinco años, con motivo de su elección como presidente estatal del partido Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano). Nacimos y crecimos en el mismo vecindario: entre la iglesia y la orilla del río. Es hijo de don Zaragoza Ramos y doña Facunda Ramírez; ella ama de casa, comerciante y campesina; él campesino y secretario del ayuntamiento. Siempre he dicho que Zaragoza Ramos ha sido uno de los funcionarios más honestos que ha tenido el municipio de Coyuca de Benítez; llevó siempre una vida austera, dedicada al trabajo y a ayudar a sus vecinos; jamás le conocimos un acto de dispendio o frivolidad.

   Efraín trabajó desde niño recogiendo cartones que juntábamos en los basureros para vendérselos a don Chico Bernáldez; después fuimos boleros y ya en la adolescencia, él llevaba canastos de pan de Coyuca a Carrera Larga. Esos días de infancia marcaron para siempre el carácter de Efraín, que es un hombre demasiado serio para ser costeño.

   Estudió la secundaria en la Morelos, que fue la primera escuela de ese nivel en Coyuca y que fundó y dirigió nuestro entrañable maestro José María Alcaraz López. Allí demostró vocación temprana por la política y fue presidente de la Sociedad de Alumnos. Después estudió la preparatoria en Chilpancingo; en 1972 promovió la creación de un comité para la construcción de una escuela preparatoria en Coyuca de Benítez . En esos afanes, organizó un grupo de estudiantes preparatorianos que estudiábamos en diferentes partes del estado y el país, logrando la donación de la primera biblioteca al municipio, cuyo acervo fue la biblioteca básica del Fondo de Cultura Económica (FCE). Dos años después nacería la preparatoria 16 de la UAG.

   Efraín Ramos es licenciado en Derecho, egresado de la Universidad Autónoma de Guerrero. Desempeñó sus actividades profesionales en la costa chica, donde ejerció la abogacía y tuvo varios puestos en el poder judicial.   Es diputado local por la legislatura que está en funciones; en ese talante ha gestionado importantes obras para el municipio, como la reconstrucción del canal Carrera Larga-San Nicolás y un nuevo plantel de ocho aulas para la preparatoria 16, además de su cancha techada. En todas las comunidades hay cuando menos una obra gestionada por nuestro diputado. En Coyuca hemos tenido varios diputados y nadie recuerda un trabajo tan trascendente en materia de gestoría.

Efraín tiene un proyecto de desarrollo muy claro para el municipio y es un político serio; se dedica a trabajar, no a hacer relajo. Eso es una garantía frente a tanto charlatán que anda suelto. Votaré por él con mucha convicción; por sus prendas propias y, al mismo tiempo, por la memoria imborrable de su padre, don Zaragoza Ramos, que nos dejó a su familia y a sus vecinos una profunda huella de honradez, disciplina y solidaridad.

                                                 V

 

   Es una elección personal, a nadie pido que vote razonando como yo lo hago; tampoco pido cruce de votos al revés de cómo lo voy a hacer. Tanto los diputados federales como los locales postulados por la coalición de izquierda van a ganar la elección. Mi voto es un voto solitario y no les hará falta. Espero que ya como diputados tengan una conducta decorosa y se comprometan con la lucha de los partidos que los postulan. La política también puede servir para superarse y lograr una visión del mundo más progresista. Estoy seguro que dentro de diez días la derecha estará en retirada en todo el país y los mexicanos tenemos la obligación de construir un nuevo consenso para encaminarnos a una patria más justa para todos.