Charlie Hebdo

BAJO FUEGO

José Antonio Rivera Rosales

Más de cuatro millones de personas marcharon en París contra el terrorismo que segó de 17 personas durante y después del ataque del fundamentalismo islámico contra la revista satírica Charlie Hebdo.
Tras la marcha, a la que asistieron numerosos liderazgos políticos y sociales de Europa, la capital francesa fue declarada como “capital de la libertad”, una suerte de desagravio por el bestial ataque lanzado por una célula terrorista ligada a Al Qaeda.
El ataque contra la revista francesa, en el que cayeron varios de los moneros más famosos de ese país, parece configurar una tendencia en el mundo que ha elegido como blanco a la prensa de todo el mundo, especialmente a los periodistas críticos.
Es verdad que Charlie Hebdo es una publicación de suyo irreverente y satírica hasta el extremo -un ejemplo es la edición 1099, en el que el título “El Corán es una mierda” fungía como soporte linguístico de una caricatura en el que un musulmán moría acribillado por balas que traspasaban el libro sagrado del Islam-.
Sin embargo, el humor corrosivo de la revista se expresaba también contra los poderosos de Francia y figuras prominentes de otras religiones y era naturalmente aceptado por la comunidad gala.
Tras el ataque, la estructura antiterrorista de Francia entró en acción y al final del mismo día del atentado ya habían localizado a los agresores, quienes se atrincheraron para resistir hasta morir, rehenes incluidos, lo que ocurrió unas horas más tarde.
Recalco: el mismo día en que sucedió el atentado, la unidad antiterrorista de los franceses localizó y neutralizó a los agresores que, fieles a la radical doctrina que profesan -el terrorismo, no el Islam, que jamás predica la violencia en el nombre de Dios-, murieron en el cumplimiento de lo que creen es su deber. Ya muertos, tanto el Estado Islámico como Al Qaeda les dieron trato de héroes y santos “por haber vengado al profeta Mahoma”.
De manera colateral, el atentado generó una cauda de agresiones de la derecha radical en contra de mezquitas y otros templos religiosos, lo que demostró a ciencia cierta cuán peligroso es el fundamentalismo sea de la religión que fuere.
Por desgracia desde los primeros días del año las cosas pintaron mal para el ejercicio de la libertad de expresión, dado que en Veracruz, México -otra vez Veracruz- el periodista Moisés Sánchez Cerezo fue secuestrado por desconocidos sin que a la fecha nadie ofrezca datos sobre su paradero.
El principal sospechoso del atentado es el alcalde panista de Medellín de Bravo, Omar Cruz Reyes, quien días antes había amenazado al periodista. Pero hasta el momento, nada se sabe del estado de las investigaciones para dar con el paradero del reportero…si es que de verdad hay investigaciones.
Aunque al munícipe lo protege el fuero, lo cierto es que las autoridades federales debieran actuar con mayor energía para encontrar a Sánchez Cerezo, quien viene a recordarnos -con un cubetazo de agua fría después de las fiestas decembrinas- cuan cerca estamos del riesgo de muerte más que de las bondades de la vida quienes ejercemos la profesión de informar a la comunidad.
Para darle más penas al alma, el paisaje se ensombreció más con el fallecimiento de don Julio Scherer García, nuestro quijote mexicano. Cuanta falta nos hace don Julio, siempre omnipresente a pesar de las ausencias.
Con estos episodios que dieron pinceladas trágicas a la libertad de expresión en México y el mundo, es que arrancó este 2015 que promete ser un preludio de un año negro para los mexicanos, tanto por los ataques contra la libertad de expresión como por la protesta social en crecimiento que, con razón o sin ella, cada vez escala otros niveles que han generado un creciente rechazo entre la población.
En Francia, decíamos, las autoridades galas localizaron y neutralizaron a los terroristas en un día y medio.
En México llevamos más de tres meses, con casi un centenar de detenidos por la autoridad federal, sin que hasta la fecha se conozca con certeza dónde están los muchachos perdidos de Ayotzinapa. Justicia a la mexicana, pues.
Eso sí, el gobierno de Enrique Peña Nieto está listo para entregar nuestras riquezas a las transnacionales al precio que tenga que pagarse, aún si corre mucha sangre mexicana por tamaña conducta.
Ni hablar, estamos en México, no en Francia.