CETEG-normalistas, la agenda de la violencia

APUNTES DE UN VIEJO LÉPERO

Jeremías Marquines

El sacrificio de los 43 jóvenes normalistas enviados a Iguala por el fantasmal Comité Estudiantil de la Normal Rural de Ayotzinapa a provocar a los líderes de la banda criminal de los Guerrero Unidos, tiene ramificaciones más allá de la sólo exigencia social de justicia. Una exigencia con la que nadie puede estar en desacuerdo y que mucha gente bienintencionada ha respaldado.
Pero también, este es un hecho que, acéptese o no, está siendo perversamente deformado por grupos y organizaciones parásitas que han visto allí la oportunidad que esperaban para escalar posiciones de acuerdo al guión que marca su agenda de violencia. Allí están, al frente de los grupos vandálicos y la generación de caos social, los líderes de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación (CETEG), una expresión magisterial socialmente orillada por sus métodos anárquicos, y por su vinculación con la narco guerrilla guerrerense.
En la CETEG militan casi todos, por no decir todos, los que egresan de la Normal Rural de Ayotzinapa, es su instrumento corporativo público en el que se escudan para llevar a cabo su agenda política. Por eso es que hasta la fecha, ni normalistas ni la CETEG se han deslindado de los hechos vandálicos que constituyen delitos del fuero común porque son parte de un mismo proyecto político.
En esta agenda violenta no hay cabida para el diálogo y el acuerdo. No quieren nada de eso, dicen que quieren justicia, pero la justicia ya se ha estado procesando. Están en la cárcel los autores intelectuales y materiales del cruento crimen de los normalistas, hay una investigación inédita en la historia de este país, que sólo los que no quieren ver pueden negar. No hay en la historia de este país una acción tendiente a impartir justicia de forma expedita como lo ha habido en este caso. Un ejemplo son los crímenes de Aguas Blancas y El Charco, a la fecha, no hay nadie en la cárcel por estos atroces hechos, como sí los hay ahora. Es cierto que falta cerrar la investigación, pero tampoco nos hagamos los ingenuos, el caso prácticamente está cerrado, los normalistas están muertos, es cierto que falta por capturar a cuatro o cinco individuos más, pero el grueso de la exigencia de justicia está prácticamente cubierto. Hay responsables y están presos: asesinos confesos, mente criminal, y un gobernador pidió licencia, ¿qué otra cosas más quieren? ¿Qué los jóvenes aparezcan vivos? Es imposible ¿Desmantelar un gobierno federal que, aunque no nos guste, fue elegido por más de veinte millones de personas que lo hicieron por voluntad propia, sería atentar con la democracia misma, de la que más allá no tenemos nada.
Muchos, sin detenerse a pensar siquiera cuál es la ruta, se lanzan por instinto a seguir el juego de la generación del caos y la violencia propuesto por un grupo que ni siquiera tiene una idea clara de a dónde quiere llegar con todo esto. Desde sus oficinas con aire acondicionado, como alguien ha dicho en las redes, gente que cobra en el mismo gobierno, azuzan a otros y hacen apología de la violencia. Creen que si la violencia se masifica no les tocará a ellos, creen, porque la mayoría nunca ha vivido en carne propia un conflicto de esta naturaleza, que eso es buena onda, que desde el anonimato de las redes se puede hacer la revolución, y pues no van a tener repercusiones, pues se equivocan.
En Guerrero el único empleador es el gobierno, casi todos los que ahora están de activistas de la violencia en la redes sociales cobran en el gobierno o en instituciones vinculadas económicamente con éste. Ahí están trabajadores universitarios, burócratas, que además utilizan redes y computadores del mismo gobierno para hacerse harakiri. Tan sólo el ayuntamiento de Acapulco tiene siete mil empleados todos con familia. En la universidad hay otros cinco mil profesores, estos hasta con dos o tres familias, profesores de primaria y secundaria hay un chingueretal más, y así por el estilo. ¿Acaso creen que si el gobierno deja de funcionar van a seguir cobrando sus salarios? ¿Creen los maestros cetegistas que tienen derecho al aguinaldo cuando han pasado meses sin trabajar? ¿Acaso no es absurdo y estúpido que le exijan pagos de salarios a un gobierno que en los hechos han desconocido? Creo que hay motivos de sobra para que los entusiastas gratuitos del caos reflexionen sobre estos temas.
Pienso que hay que mostrar solidaridad sí, pero esta solidaridad debe llegar hasta donde comienza la generación de la violencia y el caos social. Solidaridad e indignación, sí, pero no a costa de la libertad y el derecho de los otros. Yo no sé si a alguien, medianamente cuerdo, le interesa que al estado de Guerrero le vaya mal. De por sí, este es un estado que ya trae un rezago ancestral, si aparte de esto se le suma la violencia generada por cetegistas, el rezago se hace más grande, después de que concluya esta jornada violenta, porque va a concluir, Guerrero habrá retrocedido otros diez años, y los que pagarán las consecuencias, como siempre lo hacen, serán los que menos tienen porque ellos no cobran en el gobierno.
Espero que quienes azuzan y le siguen el juego a los violentos tengan la inteligencia y la habilidad para ayudar a la reconstrucción. El camino de la violencia jamás ha pavimentado la ruta de la prosperidad. El caos y la violencia es sólo otro callejón sin salido donde ahora están atrapados quienes la promueven.
No digo aquí, que se debe estar en contra de la exigencia de justicia, para nada, luego no falta el listillo que sale a decir lo contrario. Lo que digo es que la justicia se ha estado impartiendo, incluso, tampoco hay justificación para que “los normalistas” se cubran el rostro, no hay ninguna razón porque se ha insistido que nadie está criminalizando la lucha social, no existe persecución alguna y eso ha quedado sobradamente claro, pues han incendiado, desvalijado, robado, y hasta el momento no hay una sólo averiguación previa abierta por esos hechos pandilleriles. El recurso de cubrirse el rostro, es sólo otra parte de la propaganda de la misma agenda de la violencia. Las camisetas en la cara, ocultan el verdadero rostro de los que han secuestrado una exigencia justa y la han convertido en parte de su agenda política con fines distintos a la justicia.
En el caso de los jóvenes de Ayotzinapa, se han repartido culpas a diestra siniestra. Los principales responsables ya están presos. Pero faltan aún algunos más. Faltan los que obligaron a los normalistas de primer año a ir a Iguala a provocar a los líderes de un grupo criminal. ¿Qué razón había para que estos jóvenes trataran de boicotear el evento de la mujer del ex alcalde Abarca? Han dicho dos versiones y las dos son mentira. La primera que fueron a buscar camiones para irse a la manifestación del 2 de octubre, pero del 26 de noviembre al 2, hay mucha distancia. La otra es que fueron a buscar camiones para ir hacer prácticas a Costa Chica, también es mentira, los alumnos eran de primer año, estaban ingresando, ¿qué prácticas van hacer? ¿Quién puede ser tan estúpido, sabiendo, conociendo, que en ese lugar había bestias criminales, para enviar a unos jóvenes novatos directo al matadero? ¿Acaso, los entusiastas de la violencia, se han preguntado si esa acción pudo haber sido premeditada?
Los integrantes del Comité Estudiantil de la Normal, sabían quién era Abarca, lo saben porque varios de los padres de estos normalistas viven en la sierra y conocen, por alguna razón, cómo están integradas las bandas criminales, como en Guerrero lo sabe todo mundo; aquí no hay ingenuos, pero además, lo saben por su propio sistema de información. Nadie ha cuestionado, por ejemplo, que estando la Normal en la zona de influencia del grupo criminal contrario a los Guerreros Unidos nunca hayan sido molestados por éstos. Esta es sólo otra línea de reflexión. Como también lo es, el que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se haya mostrado muy cauto a la hora de expresar su apoyo a los normalistas. Diez días después de ocurridos los hechos, emitió un comunicado, cuestión que fue criticada incluso por sus seguidores en días previos a través de redes sociales.
Aparte de los que desde la sombra enviaron a este grupo de jóvenes al sacrificio para tener la motivación perfecta para su agenda. También están los otros, los que desde los partidos se asociaron con los criminales. Así, mientras en el proceso de aplicar justicia hay detenidos, y renuncias de políticos, en la corriente perredistas Nueva Izquierda no hay uno sólo que haya sido sancionado, ni siquiera amonestado por el encubrimiento que hicieron del ex alcalde Abarca. Allí sigue tan campante como siempre el diputado federal Sebastián de la Rosa Peláez.
Dos días después de la desaparición de los normalista, de la Rosa Peláez afirmó, según nota de un diario local, “que el alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, tiene todo el “respaldo político” de su corriente. Hizo un llamado a todos los actores políticos para que no “vayamos a iniciar acusaciones sin fundamento”.
De la Rosa, al igual que Zambrano, Naranjo y otros líderes chuchos encubrieron a Abarca, incluso después de haberse escapado, pero ninguno de ellos, nadie ha sido ni siquiera amonestado, incluso andan muy activos pensando en las votaciones del próximo año en Guerrero. No entiendo cómo le harán para el próximo año pararse frente a la sociedad y pedirle su voto. Creo que ignoran que si no hay gobierno estatal fuerte y estabilizado no habrá elecciones qué celebrar.
Y ya por último, otro al que simplemente le vale gaver lo que sucede en Guerrero y en Acapulco es al alcalde Luis Walton. Por ningún lado se le ve defendiendo al puerto y al turismo. Él simplemente se ha hecho a un lado dejando que el gobernador Rogelio Ortega le arregle el problema de Acapulco. Es tal su indolencia y mediocridad que incluso hasta un préstamo de 30 millones de pesos está exigiendo para pagar la nómina. La mediocridad y mezquindad de Walton no tiene precio, ¿o sí? Walton está nadando de muertito durante esta crisis. Piensa que al final puede usar el recurso del zopilote: salir a comer la carroña de lo que quede.