Candidatura común en Guerrero, hecho histórico

APUNTES DE UN VIEJO LÉPERO

Jeremías Marquines

El proceso de designación del candidato a gobernador del PRI en Guerrero está hecho bolas. La oferta de nombres que presenta está igual de cuestionada y pobre que los aspirantes del PRD. Dicen que buscan nombres limpios, expedientes sin tacha, algunos como Mario Moreno, el mediocre alcalde de Chilpancingo, dice que ese puede ser él, otro es Manuel Añorve, dejó en bancarrota el ayuntamiento de Acapulco, ambos señalados de tener un pie en el lado oscuro y otro en la política, el tercero es Héctor Astudillo, no tiene tan feos señalamientos como los otros pero eso no le quita que no sea participe de todo lo malo que le ocurre a esta entidad, diputado omiso ha sido, el cuarto es una caricatura, se llama Cuauhtémoc Salgado Romero, presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, su “inteligencia” sólo le alcanza para creer que con una campaña misógina, basada en mostrar sus bigotes, la gente encontrará respuesta a los problemas de violencia, atraso y pobreza. Pura burla pues.

El PRI, al igual que el PRD, no tiene candidato que cumpla con las expectativas de las y los ciudadanos. Burrada flaca presentan ambos. Ninguno con autoridad moral y política que pueda respetarse. Ninguno cumple la exigencia de expediente limpio. Tampoco perfil tienen de ciudadano. Imposible que puedan convencer. Representan lo mismo que tiene jodido a este estado, más simulación, más engaño, más impunidad y atraco al dinero público. La misma forma de hacer política de todos. ¿Cuál es la oferta del PRI para el futuro?: ¿Manuel Añorve, un ex alcalde sinvergüenza que debería estar preso? ¿Quién lo protege? Todos ellos. ¿Añorve que entregó a Acapulco en manos del crimen, y desde entonces el zócalo de Acapulco está infectado de grupos protegidos por la delincuencia? ¿Añorve, que recibió cajas de dinero de un lugar ubicado por el sur de la ciudad de México? ¿Ese es la oferta para el futuro de Guerrero que propone el PRI? Están locos.

En el PRI creen que en Guerrero no pasa nada. Piensan que no hay indignación ciudadana. Se creen ajenos a las causas que originaron el conflicto de Ayotzinapa. Para nada. Esa clase política son parte de la misma trama criminal, su omisión, su pacto entre ladrones, su cerrar los ojos o mirar para otro lado, mientras las y los ciudadanos sufren. Lo mismo son. Ninguno hizo nada desde sus respectivos cargos para evitarlo, todos protegieron delincuentes, todos cuidando sus intereses, no los intereses de los ciudadanos. Ahora quieren presentarse como ajenos. Ninguno es ajeno. No tienen nada bueno qué ofrecer a los guerrerenses.

Otro es Mario Moreno, deja la alcaldía de Chilpancingo en la ruina. La ciudad sumida en la delincuencia y la violencia. Señalado que fue múltiples veces de estar en relación con gente peligrosa. Alcalde corrupto, le han dicho. Embustero el hombre. No tiene expediente limpio. La ciudadanía del municipio que mal gobernó lo dice. Busca ser candidato de su partido a gobernador, ¿con qué va a enfrentar los grandes problemas de este estado? Huevo podrido ha sido y lo seguirá siendo. El PRI no tiene memoria, los ciudadanos sí.

Los demás para qué gastar tiempo, ya están dibujados. Se salva un poco Héctor Astudillo, lástima, siempre ha sido perdedor. Este no es su momento. Guerrero no está para más de lo mismo. La sombra infame de Peña Nieto, sus reformas corruptoras, su mala salida al problema de los normalistas, el castigo presupuestal al que somete al estado de Guerrero, su omisión y su proclividad a la impunidad, los condena.

Ninguno de los partidos que buscan competir por la gubernatura está preocupado por Guerrero. Ninguno de los que aspiran a gobernador. Les preocupa su propio futuro. No hay propuestas serias, creíbles de ninguna parte. Nadie dice de qué manera van a sacar adelante al estado. Repiten los mismos gastados formulismos, el mismo gastado discurso. Rollo y simulación, vaciedad de ideas, figuras gastadas por el uso. ¿Cómo entonces pretender mover el voto ciudadano? Un par de bigotes no garantizan seguridad y un alto a la violencia.

Guerrero sólo tiene una salida, pero ni los partidos, ni los políticos profesionales son la respuesta. Pueden ser el medio, los articuladores pero no les alcanza para poner a nadie de los suyos. Se requiere de espíritus capaces de ver más allá del lodazal que hay en el estado. Se requiere de mujeres y hombres que demuestren su vocación de servicio y su estatura moral y política sirviendo a Guerrero. No chupaceros que sólo buscan la ambición de un cargo como meta. Ángel Aguirre fue de esos. Todo el poder para nada.

En Guerrero puede suceder un hecho insólito en la política. La sociedad, la gente, las condiciones demandan de un gran pacto de todos con todos. Hoy ya no cuentan aspiraciones personales, la aspiración es colectiva. Las aspiraciones personales ofenden, son egoístas, son banales. El estado no está para tolerar proyectos personales, se requiere un proyecto que sea de todos y de todas, que a todos incluya y a todos atienda. Guerrero puede ser escuela nacional de la política si todos los partidos construyen una candidatura común, el único partido sería Guerrero. Una candidatura de reconciliación, de paz, una candidatura que esté a la altura de lo que demandan los nuevos tiempos, estos tiempos de dolor y pena, la ciudadanía se volcaría. Los políticos que sean capaces de mirar más allá de sus propias ambiciones ganarán, tendrán la oportunidad de la reivindicación, los que construyan este histórico acuerdo jamás serán olvidados, los que no quieran, los que se opongan, serán partícula infame. Arrastrarán para siempre su pequeñez, su estupidez de miras, su raquítica ambición insatisfecha.

Una candidatura común es la mejor salida hoy para Guerrero, a ningún partido le alcanza, ninguno tiene la autoridad moral suficiente para convencer a los guerrerenses, ninguna coalición, ningún pacto entre los mismos puede garantizar un mejor futuro para el estado y sus ciudadanos. No tienen credibilidad. Entre todos pueden construir esa credibilidad. La construcción de una candidatura en común es la prueba de oro de la política, en caso de que la política sirva para construir acuerdos. Si fracasa, si no se puede, también será un fracaso de la política como herramienta de cambio, y darán la razón a los que exigen la cancelación de las elecciones porque todos son los mismos, porque todos están coludidos con intereses sucios, porque todos son parte de esa criminalidad que agobia a las y los ciudadanos.

Si el estado de Guerrero vive una situación extraordinaria, la respuesta política tiene que ser igual de extraordinaria. Si en este estado, los partidos de todos los colores logran ponerse de acuerdo para crear una candidatura común, será, quizá, el hecho político más insólito que marque este siglo. Así de trascendente es. Las condiciones son propicias, la propuesta existe, faltan los verdaderos hombres y mujeres con altura de miras. Se requieren verdaderos políticos, no politiquillos mezquinos que pelean las sobras de lo ordinario.

LA CONTRA

Luis Walton, alcalde con licencia de Acapulco, no acaba de comprender que no le alcanza para encabezar la candidatura de los partidos de progresistas. Logró la de su partido porque es el dueño de la franquicia. No es un gran hombre, es un politiquín, un hombrecillo de la politiquería. Antepone la mezquindad privada al acuerdo común que vaya más allá de lo inmediato. Nada tiene que ofrecer a las y los ciudadanos más que fracaso. Fracasó como alcalde. Acapulco no pudo levantarse, no pudo poner orden. Ni policía dejó. Nunca pudo arreglar ni los semáforos. Hace campaña diciendo que hizo más de dos mil obras. No se ven por ningún lado. Las calles están destruidas, Acapulco está sucio. Hizo obras para beneficiar a los hermanos de Ricardo Monreal, senador zacatecano de Morena. Tienen una constructora. Su hermano es secretario de Desarrollo Social del municipio, usa vehículos y personal para su servicio privado. Acapulco para los zacatecanos, para los Monreal. El colmo, otro zacatecano es diputado federal por Guerrero, Ricardo Mejía Berdeja, del Partido Movimiento Ciudadano, ese es el legado de Walton. Para eso quiere que vuelvan a creer en él. Señor fracaso se debe llamar.