BAJO FUEGO

Chilapa

José Antonio Rivera Rosales

 

   Los dolorosos acontecimientos registrados hace pocos días en Chilapa sólo nos vienen a confirmar lo que anticipamos en la última entrega: que estamos ante una recomposición de las organizaciones criminales, lo que generaría una nueva oleada violenta particularmente en la región centro del estado.

Aunque en los últimos 20 años la hermosa y apacible ciudad, custodia de algunos de nuestros valores culturales tangibles e intangibles de arte popular, se había mantenido en relativa calma, su ubicación geográfica la convierte en un valioso enclave para los traficantes de droga.

Debido a la peculiar geografía guerrerense, en cuyas alturas se cultiva amapola, de la que se deriva la goma de opio y, como producto terminado, la heroína -una de las drogas duras más caras del mercado, particularmente el de Estados Unidos-, resulta lógico prever que algunas ciudades se conviertan en centros de acopio de la droga en su tránsito hacia la Unión Americana.

Es el caso de Ciudad Altamirano, que en la economía subterránea de la droga funciona como lugar de negociación, almacenaje y procesamiento para su posterior envío al mercado nacional e internacional. A Ciudad Altamirano bajan los productos en bruto (marihuana y goma de amapola) de la parte alta de la Sierra Madre del Sur, por el lado de la Tierra Caliente.

Una función semejante tiene la ciudad de Tecpan de Galeana, por la vertiente costera, donde bajan los subproductos de la zona conocida como Filo Mayor, para ser embalados y trasladados a otros destinos por la llamada Ruta del Pacífico.

En la Costa Chica, aunque en menor medida, ocurre lo mismo con las ciudades de Ayutla, San Luis Acatlán y Ometepec.

En la Zona Norte la ciudad que cumple la función de ser una suerte de centro de comercio es nada menos que Iguala.

En La Montaña, son dos ciudades que asumen ese papel estratégico del submundo del trasiego de drogas: Tlapa y Chilapa.

Pero el caso que Tlapa, aunque es el corazón económico de La Montaña (como Iguala en la Zona Norte), es también una ruta accidentada que implica realizar un enorme rodeo por el estado limítrofe de Puebla para finalmente transportar los productos por rutas comerciales muy vigiladas por todas las corporaciones (la ruta Puebla-Distrito Federal), algo que se vislumbra más complicado para las organizaciones criminales.

Es, pues, la ciudad de Chilapa el centro de acopio mejor ubicado para trasladar estupefacientes desde lo alto de La Montaña, de municipios tan diversos como Quechultenango,  Acatepec, Malinaltepec, Iliatenco, Tlacoapa, Atlamajalcingo del Monte, Metlatónoc e inclusive el vecino Coicoyán de las Flores, que pertenece al estado de Oaxaca.

¿Cuánto dinero se trajina con la goma y la marihuana que procede de La Montaña? Nadie lo sabe con precisión, pero seguramente son algunos cientos de millones de dólares que se generan, paradójicamente, en la región más pobre de América Latina.

Desde Chilapa los subproductos de la droga pueden ser trasladados a través de vías alternas a la Acapulco-México hasta el norte del país, con pérdidas relativamente menores y mayores rangos de seguridad debido a los contactos que los transportadores tienen con algunas autoridades.

Así las cosas, era cuestión de tiempo para que los grupos criminales en conflicto trataran de tomar control de esa estratégica ciudad.

Habrá que recordar que en esa zona se refugiaban los sicarios que, en octubre de 2011 cometieron el homicidio del diputado federal Moisés Villanueva de la Luz, de quienes trascendió públicamente que trabajan a las órdenes del cártel de los Beltrán Leyva. Es decir, era una ciudad que estaba bajo control de ese grupo delictivo.

La actual recomposición, como lo anticipamos, estaría integrada por la formación criminal conocida como La Familia -que ha dado muestras de contar con unos 400 hombres armados que, además, actúan con tácticas de guerrilla-, a la que se unieron el grupo conocido como Guerreros Unidos (Zona Norte) y los llamados Ardillos (Centro del estado), sociedad que ahora se ha dado en llamar Cárteles Unidos.

Esta alianza de grupos es la que ahora combate a Los Rojos y amenaza con avanzar hacia el puerto de Acapulco.

La ferocidad con la que han actuado estos criminales los convierte necesariamente en el blanco principal de las fuerzas de seguridad, que deberán mostrar el músculo ante grupos criminales tan disímbolos que han diversificado sus actividades ilegales y que, por ello, se han convertido en un gran problema de seguridad nacional.

En la Costa Grande, esta recomposición se muestra claramente en la conducta de un grupo de sicarios que tomaron distancia de Los Templarios, para quienes trabajaban, y que ahora actúan por su cuenta con el alias de Los Guerreros, encabezados por un sujeto de nombre Adrián Reyes Cadena, El Tigre.

Ese grupo fue el que secuestró al viajero norteamericano Harry Devert, al confundirlo con un agente de la DEA, la agencia antidrogas norteamericana. Este lamentable episodio, que con seguridad generará una reacción airada del gobierno estadunidense, mostrará su arista oscura en el curso de los días por venir, dado que la División Científica de la Policía Federal (PF) apenas trabaja en la identificación del perfil genético de los restos del joven turista estadunidense.

Otro aspecto del feroz control que ejercen estos Cárteles Unidos es el secuestro y desaparición, el pasado día 2 de julio, de tres militantes perredistas que fueron interceptados en Iguala en momentos en que buscaban trabajo. Esos militantes son Alberto Zaragoza Ocampo, Miguel Antonino Navarrete y Raúl Vázquez Zamora.

Trascendidos confiables apuntan a que esos tres trabajadores habrían sido privados de su libertad por el mismo grupo delictivo que, a sangre y fuego, busca apropiarse de la pacífica ciudad de Chilapa.

Lo que aquí tratamos de decir, a partir de ejemplos aparentemente inconexos, es que esa nueva organización criminal causará en los próximos días un recrudecimiento de la violencia en el estado. El gobierno está obligado a responder ante esta escalada criminal.

 

El secretario general de Gobierno, Jesús Martínez Garnelo, inauguró el XLII Congreso y Asamblea Nacional de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados AC, en el puerto de Acapulco, con la participación de licenciados en derecho, la mayoría de diversos. Colegios y Barras de Abogados del estado y de diversas entidades del país.

El secretario general de Gobierno, Jesús Martínez Garnelo, inauguró el XLII Congreso y Asamblea Nacional de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados AC, en el puerto de Acapulco, con la participación de licenciados en derecho, la mayoría de diversos. Colegios y Barras de Abogados del estado y de diversas entidades del país.