Autodefensas, una ruta crítica

Verso: “¿Qué mensaje la vida nos quiere dar

               que cada 14 de febrero

               nos cita en el mismo lugar?”                                                  

                                         I

   Los llamados movimientos ciudadanos de autodefensa están aflorando como hongos después de la lluvia. Hasta ahora sus motivaciones son esencialmente las mismas: la voceada defensa de su patrimonio, de sus hogares y de la seguridad colectiva de las comunidades que se organizan, se arman y hacen explícitos sus hartazgos. No estamos ante un movimiento homogéneo, con una dirección única, de ahí el plural, estamos ante un conjunto de movimientos dispersos pero que podrían alcanzar pronto un protagonismo que los obligue a tener primero una coordinación interna y luego un protagonismo unitario que tenga a su vez un discurso y un método compartido por todos sus integrantes.

Mientras ello no ocurra, el asunto debe seguirse atendiendo con la diligencia y hasta premura que obliga la provisionalidad, pero sin perder de vista las derivaciones que puede tener un movimiento de esta naturaleza, que es al mismo tiempo una amenaza a la estabilidad y una esperanza para lograr una gobernabilidad democrática de largo aliento, que incluya la paz y la armonía como ingredientes permanentes de las relaciones sociales.

II

Aparentemente el cuestionamiento principal de la Autodefensa es al crimen organizado. ‘No queremos que vengas a contaminar nuestras comunidades y nuestros hogares con sus prácticas de adicciones, extorsión y violencia’, parecen decirle directamente, encarándolas, a las bandas de delincuentes. Pero no es tan simple, la cuestión de fondo es la crítica abierta al pacto cada vez más evidente que mantiene desde hace cuatro sexenios el Estado mexicano con el crimen organizado. Lo que nos están diciendo los grupos y comunidades que se han levantado es que no están dispuestos a verse en el espejo de Acapulco, de Ciudad Juárez o de tantas regiones que han entrado a una dinámica de muerte y violencia que no tiene para cuando acabar.

Los levantamientos cuestionan el pacto primordial de funcionamiento del Estado mexicano actual. Aunque no de manera explícita, nos están diciendo además que ese pacto ya no funciona y que dejó de ser atractivo para la inmensa mayoría de la sociedad. Los políticos se aliaron con los criminales por inmorales, por corruptos y por miedo. El argumento de mayor peso de esa alianza malévola es el siguiente: ‘prefiero aliarme con ellos con tal de que en mi región no haya violencia ni muertes, que lavando dinero traigan las inversiones y los empleos que tanto necesitamos’.   Pues bien, ese silogismo descarado ya no se sostiene; las actividades criminales no han generado las empresas y los empleos que de ellos se esperaba; a mayor abundamiento, son mucho más graves los problemas que ocasionan que los que probablemente ayudarían a resolver.

También hay que decirlo, la magnitud que esos problemas alcanzaron no son culpa exclusivamente del crimen organizado. Las bandas criminales se han limitado a expandir sus negocios; muy por debajo de sus pactos con el gobierno, han proliferado y crecido fenómenos indeseables para ellos mismos. La existencia de una franja muy amplia de adictos que no tienen para pagar su consumo de drogas se refleja en robo de autopartes, asaltos a casas y pequeños negocios, secuestros exprés y cobros de piso de los que no tienen conocimientos los grandes capos, ¿O usted piensa que el Chapo Guzmán está sin desayunar porque no le ha llegado la cuota de vendedores ambulantes de alguna calle acapulqueña?. La expansión del tráfico y consumo trajo como consecuencia una gran variedad de problemas que aparecen como independientes unos de otros, pero que están vinculados y tienen un mismo origen. Ratificar el pacto con los criminales implicaría una dimensión mayor del acuerdo. Como son graves, generalizadas y profundas las consecuencias del tráfico de drogas, los capos tendrían que dar una cuota inmensamente mayor para que el Estado nacional pudiera atender todas las derivaciones de este cáncer social: ayuda a adictos que no producen y se quieren curar, indemnizaciones a viudas y huérfanos dejados por la actividad criminal, devolución a empresarios y comerciantes de las cuotas que pagan a los criminales, creación masiva de empleos para los criminales que quisieran regresar a la vida pacífica. Son tan graves las consecuencias de la actividad criminal que no habría cuota que alcanzara para cubrir todos los estragos; por lo tanto, ya no es negocio para los capos ese acuerdo. Tampoco lo es para el gobierno, que tiene la necesidad indeclinable, constitucional, de atender todos estos problemas. Por lo tanto, más que replantear este pacto, habría que cancelarlo, porque ya nadie saca provecho de él; ni siquiera el crimen organizado, que tiene que pagar nóminas muy altas, y gastar mucho de sus ganancias en cuidarse de otras bandas y abatir a las que le compiten.

III

El gobierno de Guerrero no debe tener prisa en formar comisiones de armonía; hay que esperar, el problema apenas está en su primera etapa, se va a escalar y se va a generalizar en otras regiones del país. Sólo después de esta generalización será posible plantearse una salida institucional y NACIONAL al problema de las autodefensas. El baile apenas comienza; por lo pronto son 70 poblaciones de 13 estados donde algunas comunidades o municipios completos están explorando la vía de la autodefensa.

Lo que sí se puede hacer es instaurar una política de CONTENCIÓN y estar atento al desarrollo de un problema que sin duda va a tener un gran dinamismo. Tiene razón el general Genaro Lozano Espinoza, comandante de la IX Región Militar, pueden no ser movimientos espontáneos y puede también haber una mano que mece la cuna. Pero en el caso bastante probable de que haya segundas intenciones o agendas ocultas en las autodefensas, sólo pueden descubrirse atendiendo las peticiones y tareas atendibles por la autoridad, no estableciendo prejuicios que pueden dificultar la comunicación con esos movimientos. En estos casos, las agendas compartidas son útiles a la negociación, porque mientras se atienden las demandas explícitas, legítimas y legales, los movimientos no pueden establecer ningún punto que no esté en la agenda legal; hacerlo debilita al movimiento y lo expone a que el gobierno cancele la interlocución. Cuando hablamos a establecer una política de contención lo hacemos en los dos sentidos del término: una política que contenga al movimiento, que lo detenga en su ámbito regional y que lo circunscriba en sus aspectos legales y también que haya contención en el otro sentido, que incluya la voz y las posiciones del movimiento; es decir, que impida que se salga de los canales legales.

El llamado hecho ayer por el general Oscar Naranjo, asesor de Enrique Peña Nieto, para no tolerar las autodefensas, es la opinión de un mercenario que no sabe en qué país está trabajando. México no es Colombia y las autodefensas, si quisieran tener buenas armas no estarían denunciado al narco, sino aliándose con él. Las autodefensas de Colombia, a las que alude, fueron creadas como fuerzas paramilitares de derecha para contener a la guerrilla. En México las autodefensas son movimientos comunitarios que surgen contra el crimen organizado.

                                                       IV

El oportunismo de Manlio Fabio Beltrones, que declaró que si un gobernante no puede con la seguridad pública de su estado debe renunciar, constituye una provocación y evidencia el desconocimiento que tiene el diputado priísta de los nuevos tiempos. Lo dijo bien el gobernador: ‘Manlio Fabio está anclado en el pasado y hay que ver de dónde viene para contextualizar sus dichos; viene de las catacumbas y la represión, lo traiciona su vocación represora’.

En ese mismo talante está la iniciativa que tuvo el presidente municipal de Coyuca de Benítez, Ramiro Ávila Morales, de armar apresuradamente su propia policía supuestamente comunitaria, con la intención de establecer un contrapeso militar a la petición de apoyo de un grupo de ciudadanos para crear las verdaderas policías comunitarias. La medida constituye un escalamiento y no una solución del problema. Los apresuramientos del presidente Ávila pueden derivar en una grave provocación para la paz social en Coyuca de Benítez, municipio que desde hace diez días está catalogado en el octavo lugar entre los más violentos del país. Triste y escaso mérito para los coyuquenses.

                                                      V  

El gobierno de Ángel Aguirre ha atendido el problema de las autodefensas sin montar ninguna provocación y con la paciencia que requiere el asunto. Hasta el momento de escribir estas líneas el ambiente se ha distendido. Cuenta para ello con la comprensión y el apoyo de los mandos del ejército que en voz del comandante de la Novena Región Militar, afirma que es tiempo de los políticos y la política. ‘La gente no puede andar armada en la calle’, ha dicho el general Lozano Espinoza, pero también ha afirmado que el ejército no está dispuesto a suplir las responsabilidades de la autoridad civil; es decir, de los políticos.

Tarea de estrategas más que de operadores, la atención de las autodefensas requiere todo el conocimiento, la experiencia y la voluntad política del gobierno estatal. Por eso la frase para terminar este ensayo ya está escrita desde hace una década; la dijo un clásico de la lengua guerrerense cuando los problemas eran otros pero también se querían salir de control: ‘Guerrero no es Disneylandia’. Con esa frase que le pedimos prestada a René Juárez, hemos llegado al

CORREO CHUAN

El correo chuan regresa después de un breve descanso. Ahora trae noticias a tiempo y su valija viene llena de recuerdos; dice que el gobierno estatal necesita hilar fino mientras ocurre lo que tenga que ocurrir y que lidiar con las autodefensas requiere de mucha política, de mucha mano izquierda (que Ángel Aguirre la tiene, de sobra). Dice también el chuan que es históricamente agradable encontrar generales como Lozano Espinoza, que aun cuando saben cuáles son sus obligaciones constitucionales, le dejan espacio a los políticos y a la política para resolver los problemas. Aunque aparezca en marzo, este artículo se escribe a finales de febrero; ya casi es primavera y el destino acerca a lo que debe acercar. Habrá que hacerle caso. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

E-mail: correochuan@hotmail.com