Oníver, la leyenda

ZAPATA 21

Octavio Augusto Navarrete Gorjón

 

                                    I

Pensaba poner en el título sólo su nombre, raro y sonoro como pocos; pero aunque mucho dice a las generaciones mayores, los jóvenes tal vez no recordarán a un personaje clave para entender el Coyuca de este tiempo. Una golondrina no hace verano, Oníver Guinto Palacios pertenece a una de las generaciones más progresista del municipio; es uno e indivisible en su recia personalidad, es muchos por lo que representa: un personaje de leyenda desde cualquier punto de vista.

Para empezar su familia, fue hijo de doña Beatriz Palacios y don Néstor Guinto Balanzar, que le dieron al municipio los primeros profesionistas que venían de tradiciones campesinas. En Coyuca de Benítez fueron muy visibles las tendencias de la educación profesional en los años 40’ y 50’ del siglo pasado. Mientras el capitán primero de infantería Justino Pano Godoy enviaba a sus hijos a estudiar a la UNAM, la única posibilidad que tenían los hijos de campesinos de hacerse profesionistas era ingresando a las instituciones educativas fundadas por el cardenismo: las normales rurales y la institución que coronaba el ambicioso proyecto educativo de la izquierda de ese tiempo: el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Allí realizaron sus estudios profesionales todos los hermanos varones de Oníver (Jeovel, Enrique y Ronaldo), así como su primo Pedro Guinto Hernández.  La otra joya de la familia Guinto Palacios, la profesora Graciela, estudió en un liceo para señoritas. El IPN tenía internado, dormitorios y becas alimenticias que hacían posible la estancia en el Distrito Federal de los talentosos hijos de campesinos guerrerenses.

En Coyuca eran zacateros y lo siguieron siendo en las vacaciones; el zacate era al transporte de aquel tiempo lo que la gasolina al actual. Los hijos de don Néstor cortaban zacate desde la madrugada, cuando el sereno impide que se esparza sobre el que lo poda las púas del ahuate que cubre su follaje. Los rollos se los llevaban a su padre, que los vendía a la multitud de arrieros que de todas partes llegaban con burros, caballos, mulas y carretas de jaladas por yuntas de bueyes como medio de transporte.

II

En 1934, había llegado al municipio el profesor Trinidad Hernández Bello, primer promotor del deporte en Coyuca de Benítez. El profesor cargaba siempre una pelota de volibol o de basquetbol invitando a los niños y jóvenes a practicar algún deporte. Bajo su dirección el joven Pedro Organes, de La Barra, le dio a Coyuca el primero de sus campeonatos nacionales en la modalidad de lanzamiento de jabalina, imponiendo un nuevo record nacional.  Otro de sus pupilos, Julio Díaz, de Las Lomas, obtuvo el campeonato nacional en la carrera de los 100 metros planos, en los Juegos Conmemorativos de la Revolución Mexicana.

El deporte y sus practicantes no tenían en ese tiempo el prestigio que tienen ahora. Los padres de familia censuraban las prácticas deportivas calificándolas como actividades de gente ociosa; por eso al profesor Hernández Bello le endilgaron un apodo despectivo que lo acompañó toda su vida: Trini Pelotita.  Cuando los niños o jóvenes pedían permiso para hacer deporte sus padres respondían con una reprimenda que casi siempre terminaba con una frase que se hizo famosa: ‘Bonito oficio vas a tener, quieres pasar la vida perdiendo el tiempo como Trini Pelotita’.

El profesor quiso mucho al municipio; era del estado de Hidalgo y lloró cuando después de veinte años de servicio le fue cambiada su plaza al Estado de México. Pidió entonces a sus familiares que cuando muriera fuera sepultado en Coyuca de Benítez. Su esposa, la también profesora Isabel Guinto Gómez, era coyuquense; hija de doña Sixta Gómez y don Mauro Guinto. Su deseo fue cumplido y desde 1965 los restos de Trini Pelotita descansan en el panteón municipal.

A mediados de los años 50’ Trini Pelotita ya no estaba en Coyuca, pero los estudiantes que regresaban de vacaciones querían seguir practicando algún deporte. Sus padres todavía se resistían a admitir las prácticas atléticas; si algún muchacho llegaba en la mañana de vacaciones inmediatamente lo mandaban al campo a trabajar (cortar leña o zacate, chaponar la parcela, ordeñar las vacas). Si argumentaban estar cansados por el prolongado viaje los padres tenían una respuesta contundente: ‘¿De qué vienes cansado? En el autobús venías sentado o tal vez dormido, no venías chaponando ni ordeñando’. El único cansancio que admitían como legítimo nuestros mayores era el que tenía que ver con las labores del campo; lo demás era simplemente ocio, que desde entonces era catalogado como el padre de todos los vicios.  Cuando los niños insistían mucho en jugar los jefes de familia se daban por vencidos y concedían que se distrajeran un poco: tomaban un litro de maíz y otro de frijol de las abundantes trojes, los mezclaban y les decían a los niños que se divirtieran separando las dos semillas y regresándolas a cada troje.  ¡Ay de aquel chamaco que dejara pasar un grano en la troje equivocada!

 

III

Así llegaron las vacaciones de fin de año de 1956, a propuesta de Oníver Guinto Palacios los estudiantes se reunieron en la ciudad de México y acordaron celebrar en Coyuca los primeros juegos deportivos municipales. La justa deportiva comenzó con un vistoso desfile encabezado por la banda de guerra de la escuela Hermenegildo Galeana y concluyó quince días después con una cena baile de premiación de los ganadores y coronación de la primera reina de los juegos municipales, Perla Garay H. Luz, hija de don José Garay, nieta del peninsular Nicolás Garay. Perla terminaría casándose con el ingeniero Oníver Guinto Palacios, presidente de la Asociación de Estudiantes Coyuquenses.

El municipio no tenía instalaciones deportivas y los estudiantes construyeron la primera cancha de basquetbol, justo donde ahora está la cancha central de la cabecera municipal. Las competencias de lanzamiento de bala, salto de altura y jabalina se hicieron en el playón del río, la carrera de 100 metros planos en la huerta de don Teódulo Murga. El primer campeonato de basquetbol lo ganó el equipo de La Barra, mientras que el estudiante de ingeniería Pedro Chavelas Cortés ganó los 100 metros planos; el segundo lugar fue para Diego Cegueda, del Espinalillo, que corrió descalzo. El estudiante de leyes de la UNAM, Rigoberto Pano Arciniega, hijo del capitán, Justino Pano Godoy, y que después sería procurador, ganó el concurso de oratoria.

Así comenzó la bella y sana tradición de los juegos deportivos municipales, que desde entonces se realizan en diciembre de cada año. Hasta 1975 la sede siempre fue la cabecera municipal; a partir de ese año hay una rotación de sedes, con el objetivo de beneficiar con obras de infraestructura deportiva a las comunidades que organizan la competencia.

Aquel campeonato fue la señal para ubicar al deporte como parte esencial del desarrollo humano. La práctica deportiva adquirió legitimidad nacional doce años después, con la celebración en México de los XIX Juegos Olímpicos, que terminaron de instalar un estatuto de respeto hacia el deporte y los deportistas.  Como el Cid, Trini Pelotita ganó una batalla después de muerto; la temprana promoción que hizo del deporte fueron las primeras luces que terminaron abriendo amplias ventanas a la oscuridad. Mucho tuvo que ver en ello la actitud resuelta de los jóvenes audaces, vigorosos y progresistas que encabezó Oníver Guinto Palacios.

Ya la Olimpiada mexicana de 1968 estaba cerca y en el municipio algunos deportistas recibían sólo muestras de incomprensión. Como cuando a falta de instalaciones deportivas el joven Joel García corría por las calles de la ciudad para entrenarse. Nuestros mayores lo veían y acompañaban su entrenamiento con frases muy tristes, de conmiseración hacia sus padres:

– Pobres sus padres, el hijo les salió trastornado, se la pasa corriendo por las calles.

Joel García le dio a Coyuca de Benítez varios premios estatales de atletismo y muchos escalafones entre los diez primeros corredores de la nación.  Entrenaba intuitivamente; nunca tuvo instructor y sólo imaginaba las distancias contando las casas de las principales calles de la cabecera municipal. Trabajó al lado del profesor Arturo Cervantes Delgado cuando éste era comisionado del deporte estatal y después en un puesto muy menor al lado del gobernador José Francisco Ruíz Massieu. La disciplina deportiva le sirvió para superar un grave problema con su forma de tomar. Hoy trabaja de taxista en Acapulco y el único líquido que bebe es agua.

IV

Oníver y sus hermanos no sólo fueron grandes deportistas (Jeovel fue cinco veces consecutivas campeón nacional de waterpolo y fundó muchos centros educativos en el Estado de México, donde realizó una gran carrera al servicio de la educación y el deporte), fue también un destacado profesionista en la rama de la ingeniería civil; sirvió a la patria en diversos cargos públicos en Tabasco y en el estado de Guerrero. En 1974 era director de la Junta Local de Caminos (hoy SAOPEP) y un huracán amenazaba con barrer la ciudad. El ingeniero organizó una caravana de tractocamiones que día y noche arrojaban tepetate y enormes piedras sobre la orilla del río, evitando el desastre y construyendo el primer borde de contención que tuvo el río Coyuca. La corriente del río lo desbordó 37 años después, el 16 de septiembre del año 2013, cuando Manuel (Enormes Daños, la tormenta) descargó junto con Ingrid el volumen de agua más grande de la época contemporánea.

En ese tiempo también construyó la carretera Cahuatitán-Carrizal y el desarrollo turístico ejidal de Playa Azul. Todos los edificios de las comisarías de esa ruta son iguales; también los construyó Oníver Guinto Palacios.

Como profesionista Oníver sirvió a su región en diferentes cargos públicos.  Cuando incursionó en política lo hizo bajo las siglas del PAN, que lo postuló en 1993 a la presidencia municipal. El de la pluma pensó que por la gran cantidad de beneficios que derramó en aquella zona, el ingeniero barrería en el corredor Cahuatitán-Playa Azul. No fue así, apenas obtuvo una docena de votos en toda la ruta; la gente olvida pronto a sus grandes personalidades.

Era un hombre profundamente humanista. Lo recuerdo la mañana del 28 de junio de 1995 organizando la velada de los campesinos abatidos en el vado de Aguas Blancas. Él fue a comprar el pan y le pidió a Carlos Serna que dejara la olla de café que llevaba al mercado para que lo vendiera su esposa Rafaela.  Todavía nadie sabía de qué se trataba, pero esos dos hombres fueron los primeros en dar muestras de apoyo a los compañeros y familiares de los caídos aquella infausta mañana.

Oníver se fue para siempre el sábado 20 de agosto. Hace ocho años un derrame cerebral le causó daño severo y nunca pudo recuperar algunas funciones, como el habla, aunque en los últimos días de su vida tarareaba canciones y como que se animaba a ejercitar su memoria. Radicaba en Morelia, Michoacán. Ojalá sus restos sean traídos a esta tierra donde vio la luz, la que tanto le debe. Su hoja de vida merece un homenaje desde hace mucho tiempo.

 

   CORREO CHUAN

 

El correo chuan trae noticias tristes: se fue un hombre que marcó en el municipio las mejores tradiciones del siglo pasado. A Oníver Guinto Palacios y al profesor Trinidad Hernández Bello les debemos cuando menos una calle.

Mientras los nombres de calles y de instalaciones deportivas los sigan poniendo los políticos tendremos casos como el de la unidad deportiva municipal, que lleva el nombre de un político que es la antítesis de los valores positivos de la juventud: Manuel Añorve Baños.

Dice también el chuan que Carmen Aristegui volvió a cimbrar al mundo del periodismo y la política al dar a conocer que el presidente Peña Nieto plagió gran parte de su tesis profesional. El poder insistía en perseguirla y les responde con un reportaje demoledor. Carmen es periodista de combate; de ellos dijo don Manuel Buendía en un autorretrato: ‘yo cuando muerdo no suelto, hasta que arranco el pedazo’. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

 

E-mail: correochuanhotmail.com